miércoles, 14 de marzo de 2012

Sobre el despido fácil

Qué fácil es hablar del despido desde una tribuna. Con una cuenta de ahorro bien saneada. Con unas propiedades a salvo de cualquier imprevisto. Con un trabajo que de por vida te aporte una mensualidad digna de reyes. Con un estatus que por más paladas de tierra que le echen encima,sobre expedientes abiertos, se mantenga brillante como la misma superficie del mar en pleno verano. Qué fácil.

Una facilidad que algunos no verán ni de lejos en su rutina diaria, pues solo verán la sombra. Esa sombra que se cernirá sobre ellos un día cualquiera, cuando con el despido fácil, sus peores pesadillas les lleguen de golpe.

Ayer mismo, Julián terminó su horario laboral y entró en la nave para dejar las herramientas. Entonces el jefe salió de la oficina y le pidió las llaves de la furgoneta con un gesto grave. La familiaridad que hubo entre ellos en esos seis años le llevó a Julián a preguntar a su jefe porqué le pedía las llaves, pues si era por llevar la furgo al taller podía llevarla él, y esperar a que la arreglasen. Fue entonces cuando le saltó encima la frase "Lo siento mucho, pero estás despedido". Después todo surgió en una nube, que con él eran cinco empleados los que se iban a casa. Que las cosas marchaban muy mal, y que bla, bla, bla. Y que era muy buen trabajador y que algo encontraría, y que en cuanto mejorase la cosa lo llamaría, y bla, bla, bla.

Julián pensó en sus 26 años, en su hipoteca recién firmada a 30 años, porque le costaba lo mismo pagarse su propio piso que pagarse un alquiler. En su coche estrenado hace dos años, y en todo lo que aún quedaba por pagar. Pensó también en aquellos comienzos en los que cobraba el doble que en la actualidad, y en su boda programada para dentro de unos meses. Del sueldo de Anabel sacarían lo justo para pagar las letras y las facturas. Él cobraría unos meses de paro ...¡¿y después qué?!. Ni sus padres ni sus suegros estaban muy bollantes, de modo que podrían ayudarles algo, pero si se tratase de mucho tiempo seguido ya no.

Ante esta situación el entorno de Julián volvió a decir lo de siempre: es que la juventud de ahora lo quiere todo. No, esta juventud pide lo mismo que pedíamos antes y no tiene esa posibilidad. Antes un alquiler era casi irrisorio, y hoy está a precio de compra; por eso compran. Podía conformarse con un coche viejo, pero resulta que cuando lo compró, pensó en un coche que le aguantara muchos años sin dar averías. Y cuando amuebló el piso, pensó dejarlo listo para el resto de su vida: el resto de la vida de un joven de 23 años; que ya había encontrado a la chica perfecta para envejecer junto a él.

5 comentarios:

  1. Qué bueno que Julián piense como joven y no como un viejo temeroso de todo; ahora sólo le queda con todas las fuerzas que le brinda la juventud y el tiempo larguísimo que tiene de vida.

    Un abrazo

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  2. Si lográramos, como tú haces, conocer la historia desde el lado de las víctimas (Julián) y nos olvidáramos del discurso de las cifras (su jefe), tendríamos más elementos para entender la gravedad de la injusticia que está atornillándose con la tuerca de la crisis y el tornillo de las reformas.

    Tenemos que contar estas historias. Todas las que conozcamos. Como tú has hecho.

    Saludos,

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  3. ah, la juventud, la desoída, la ninguneada, la despojada, mas cuando sobre el promiscuo discurso político se lanzan loas sobre 'ese es el futuro' 'los hombres del mañana' 'el capital más valioso'
    todas patrañas
    pero la juventud no está atornillada ni paralizada, se mueve en todos los continentes, se moviliza, se indigna, cambia las cosas
    saludos

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  4. Tienes toda la razón Begoña, a los de arriba estas historias no les interesan porque saben que nunca las van a sufrir. Y así no vamos a ningún sitio.

    Deberían de sufrirlas en sus carnes. Solo así tomarían medidas justas.

    Lo lamentable es que historias como la de Julian hay millones, y parece que nadie se preocupa por ellos. Excepto los que están en situacioens similares, o aquellos que aunque estamos bien sabemos que en cualquier momento podemos estar así.

    El resto de personas ni se lo plaantea. Prefieren no escucharlo.

    La juventud a la que tanto critican, y que al final es y será la más sacrificada. Es muy bonito decir que somos el futuro, cuando ellos mismos nos niegan ese futuro.

    Gracias por tu texto, por mostrarnos siempre la realidad!!

    Muchos besos.

    Rebeca.

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  5. Gracias por asomaros y sumar vuestras palabras. A veces toda realidad supera la ficción, solo decir que el jefe de Julián atraviesa tan malos momentos como él mismo y que lo siente de veras.

    Es un caso real, por desgracia, y asistiré a su boda como invitada feliz de verlo tan feliz. Espero que para entonces tenga trabajo, porque como cada joven que aspira a comenzar su vida se merece trabajar.

    Que los grandes de arriba vayan tomando nota, pues son muchos los jóvenes que se merecen trabajar para poder comenzar su vida. Ya lo tienen todo, solo necesitan un trabajo que les ayude a mantenerlo; tampoco es tanto pedir.

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