viernes, 25 de agosto de 2017

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

Es un libro gratificante que contiene dentro toda la fuerza necesaria para adentrarse en la tarea de escribir un libro. Y también una idea: la libertad de crear lo que quieras. Son 296 páginas que hablan de su experiencia como escritor y de sus métodos a la hora de abordar la escritura, avisa no obstante de que no a todos los escritores les servirán, porque cada persona tiene su manera de hacer las cosas y que se sentirá feliz si lo que cuenta le sirve a una sola persona para seguir en su empeño de parir una historia propia.

Me sirve y no solo eso, mi manera de intuir la escritura es la misma que la suya desde el minuto cero en que comencé a escribir. Mi experiencia es nula, no confundamos. Digo que coincidimos en la idea de que cada escritor tiene su propia manera de ver la vida, de abordar su tarea, de tratar de encajar en su propia realidad este otro mundo que necesita anotar de forma continua y de volver sobre sí, para mejorar el libro, a veces de forma obsesiva que solo empeora.

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami resume su vida, su obra, sus ideas, explica su mecánica a la hora de escribir y cuenta las opiniones de sus lectores en las dos ocasiones en que abrió un lugar virtual para el hacerse encontradizo con quienes quisieran dirigirse a él para comentarle algo de forma personal. En este punto cuenta que aunque le supuso un esfuerzo grande, contestó a cada uno de sus lectores, sin embargo la mayoría creyó que había contratado a otro para responder. En este punto se sorprendió por la cantidad de gente desconfiada que existe. El libro cuesta 20 euros, pero me lo regalé sin pensarlo en un momento en que contaba apuntarme a algún curso de escritura creativa este invierno. Y resulta que es un libro que apuesta fuerte por tu propio modo de hacer las cosas y de escribir a tu manera, sacarte la historia de adentro apostando por tu intuición, y después no dejar de buscar quien te publique. Hasta la más pequeña publicación puede darte una carrera si estas de suerte, a él le sucedió, ganó el premio al mejor escritor novel de una revista literaria y justo ahí comenzó su carrera como escritor, una carrera de fondo en la que lleva 35 años. Te asegura que la suerte de poder vivir de ello o no, ser reconocido o no, de tener éxito o no tenerlo es secundario, lo importante es que quien quiera escribir, escriba. Porque escribir historias es un modo de superarse que solo entienden quienes sueñan con escribir. Es una semilla que siembras y que nunca puedes saber el resultado, solo tienes que ponerla en el mundo y no dejar de regar. El resto ya no depende de ti, pero debes mostrarla donde creas que se la puede admirar, porque nunca se sabe dónde se puede encender la chispa.

 De que hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami será para mi una grata compañía, después de leído y subrayado en partes -para mi vitales- voy a forrarlo para que me acompañe a lo largo de los años. Lo siento, es un libro que no pienso prestar, no sea que no me lo devuelvan.

A lo largo y ancho de Internet encontraréis reseñas mucho mejores que ésta si queréis reunir información, yo os insto a comprarlo, a leerlo, a disfrutarlo. No porque hable de escritura sino porque habla de una forma de vivir inteligente y respetuosa. En mi caso comienzo por su última obra, lo cual está  bien, porque me encantan las biografías personales y profesionales que hablan de recorridos y capacidad de superarse. Para historias huecas y gente hueca que ha partido de la  nada y vive sumida en la nada más espeluznante ya tenemos machacantes programas de televisión que ante nuestra indignación lejos de desaparecer, aumentan. Es incomprensible. Majadero. Y además una estrategia para embobar a la población de la que solo se espera que aguante lo que aguanta a fuerza de acostumbrarse a ver a ineptos caraduras por doquier.



viernes, 18 de agosto de 2017

El odio y la sinrazón

El lenguaje universal es la paz. Todo lo que no sea paz y armonía está desubicado de su principio.

Dicho esto diré que nada duele como la injusticia de un atentado en el que se escoge al azar quien ha de sufrirlo. Cualquier forma de violencia es un retroceso. Cualquier forma de violencia. Vayan por delante mis condolencias a todos los afectados. Esto nos afecta a todos, sin duda.

Ahora bien, unos minutos después del atentado en Barcelona desde un ayuntamiento un alto cargo municipal hablaba en catalán para comentar váyase a saber qué.

Ante la pantalla me sucedió lo que tantas veces, si estamos en España somos un pueblo español con una lengua propia, la lengua que Cervantes o Antonio Machado nos enseñaron a amar a través de sus escritos. En Asturias también tenemos el bable, pero hablamos castellano, no tenemos la menor intención de hablar un idioma que solo comprendamos nosotros. Hablamos para todos los que vienen a nuestra región -y quienes defienden el bable retroceden en mi opinión, puesto que somos una región evolucionada- a mi me interesa la lengua oficial de mi país, esa que nos une a todos: el español o castellano; una sola lengua que nos hace iguales.

De modo que ante este señor que hablaba catalán no me enteré de nada, solo sentí una indignación que me dejó hablando sola ante el televisor. Puse la cadena regional de mi comunidad, la TPA para informarme y resulta que las mismas imágenes de ese catalán hablando en catalán me volvieron a abofetear. Mis condolencias a las víctimas porque somos todos. Vienen a atentarnos y ni siquiera podemos explicar en cristiano lo que nos está pasando. Dios nos aguarde y nos conserve la paz en nuestras tierras y con nuestras gentes. Amén.





lunes, 7 de agosto de 2017

Letras y demonios conjugados

Escribir es un acto que recupera la compostura. Es un canto a la ilusión perdida. Es una razón que no sabe de razones. Es una apuesta a prueba de errores. Es un sueño que no necesita ser realizado. Es una necesidad que brota como un sarpullido y solo se cura con la palabra escrita. Escribir es recuperar la fe perdida. Es crear un espacio donde ser tú. Es tener un mundo entero por delante donde poner todo lo que quieras. Un sitio donde las pesadillas y los mejores sueños se interponen y suceden sin descanso.

Escribir es una razón suficiente para mantenerse vivo dentro de un mundo en el que una parte sería adoptado con alegría y otra parte desterrado de un manotazo si tuvieses el poder de rehacerlo, pero no lo tienes. Por eso lo escribes y lo reescribes en pantalla, papel o dentro de tu cabeza. O en tu corazón.

En el fondo nunca dejarás de escribir porque el solo hecho de escribir te hace intentarlo. Intentar que el mundo sea un hogar feliz hecho de todos para todos sobre una esfera de igualdad.Un sueño humano.