viernes, 21 de julio de 2017

Despertarse viendo informativos...

La corrupción parece un pozo sin fondo, la desigualdad también. Cada vez más gente se ve obligada a trabajar de un modo precario por culpa de la mala gestión de otros. El hartazgo es cada vez mayor, el cansancio va llegando hasta limites insospechados. Cada vez nos cuesta más trabajo soñar porque los sueños cada vez nos los los envían más lejos. 

No todos somos iguales ante la ley, ni tenemos los mismos derechos, ni tendremos las mismas oportunidades, ni las mismas facilidades, algunos sencillamente estamos para pagar los desfalcos de otros, los caprichos de otros, la estupidez de otros, los intereses de otros por más huecos que estén o por más impresentables que sean. 

Son tantos los abusos a los que se ve sometida la gente de un entorno normal que a mi se encrespa la sangre de la forma en que a veces se agita el mar. Se me ocurren tantos relatos cortos de la vida cotidiana que no quiero escribir, tantos ejemplos de gente de bien que se ve asfixiada y sin derechos que no dejo de repetirme que en algún momento los pondré por escrito y los dejaré mezclarse entre esos libros de los que se dice que nadie querría leer. Esos que tampoco sería sencillo escribir porque para escribirlos es preciso ir desgarrándose jirones de piel. Tengo muchos libros rumiados que sin embargo no escribo, pero hierven en la cabeza como un cocido a fuego lento y a su manera aunque no se materialicen, son.

Está claro que unos cuantos viven a cuerpo de rey a costa del trabajo de otros. Un trabajo cada vez más precario y humillante, menos remunerado, más infame, ruinoso y chupasangres. Y que las cosas no mejoran por mucho que se lo curren los informativos escritos, de la televisión, de la radio o del boca a boca. Aquí las soluciones en el caso de los corruptos ya no es que lleguen tarde, es que llegan cuando están prescritas y no por gracia divina si no por decisión de otros corruptos cortados por patrón.

Nadie me diga que hay justicia cuando la injusticia es nuestro pan de cada día . Que nadie me cuente que es tan difícil terminar con la corrupción. Para finiquitarla habría que empezar a cortarla desde arriba. 

Eso es lo complicado de la cuestión, nunca tendremos escaleras para trepar tan alto.


jueves, 13 de julio de 2017

Terminar lo que comienzo

Tengo anotado en la agenda de los días del calendario: terminar lo que comienzo y es una tarea tediosa que me está llevando demasiado tiempo. De modo que creo haber dado con la solución, que es salir de mi entorno personal para llevar a cabo dicha tarea, es decir, para tomarme en serio. Creo que tal vez es debido a lo complicado que es hacerse entender por quienes no comparten nuestras aficiones, o no las comprenden. Y ya estoy cansada de explicarlo una y otra vez. No voy a volver a explicarme o justificarme, quiero hacer, de modo que en ese intento debo cambiar el escenario por uno que no me ofrezca distracción, necesito un horario para sentarme en mi silla de pensar y comenzar terminando los principios. Lo importante es terminar aquello que comencé, desatascar lo que permanece atascado y desde ahí proseguir con las nuevas herramientas bajo el brazo.

Ningún manual del escritor me sirvió, o tal vez me hayan servido todos a la vez, pero lo cierto es que la necesidad de buscar un lugar desde el que compartir con el lector algo parecido a una carrera profesional sigue estando ahí y sigue tirando de mí, de modo que he aquí el lugar y he ahí el lector. El comienzo está en marcha. Algunos con menos consiguieron más, de modo que no caben los lamentos, solo queda ponerse a trabajar, desinflar las exigencias para lograr un finiquito entre el comienzo y el final.

¿Como se acallan las voces del perfeccionismo enfermizo que no permite avanzar? Eso aún  no lo se, porque sigo en pleno atasco, corrijo y me cuestiono todo el tiempo, me exaspero, pero a finales de septiembre recomenzaré  todas las veces necesarias imponiéndome un horario fijo en la zona de estudio de la biblioteca. Haré y desharé tantas veces como sea necesario hasta cumplir el compromiso: poner punto y final a todo lo comenzado. Que no es poco.

Por algún sitio ha de comenzarse y Días de lluvia está bien, sigue siendo el mismo lugar especial que un día inauguré para ponerme en contacto con ese mundo a medio camino entre el sueño y el desvelo. Entre este me entiendo y no me entiendo. Me alegro de conocerme o cuánto lo siento.

...Supongo que me ocurre lo que a todos, va por tiempos.