martes, 27 de agosto de 2013

La pequeña Dorrit

Hace tiempo que leí este libro de Charles Dickens, un autor que hace como veinte años que no leía, me hago mayor, lo sé, pero no pienso disculparme por sumar días. Mientras leía encontraba reminiscencias de su autor, ciertos detalles que habitan su obra y no pude evitar pensar que fue una obra que se fue escribiendo en el periódico local; que la gente la esperaba con ansiedad y que en esos términos tomaba el pulso de una época en que habitaba la precariedad. El propio autor la padeció durante la mayor parte de su vida, eso se cuenta en las páginas que preceden al libro, en las que se resumen las condiciones en las que Charles Dickens vivió.

El libro en este momento no lo tengo aquí, está en una caja de libros que presté y cuya devolución aún tardará. La historia relata el mismo Londres que se describe en sus libros y para mí tuvo cierta similitud con Oliver Twist. La pequeña Dorrit vive en la cárcel junto a su padre, que está allí cumpliendo condena por una deuda, su hermano vive con ellos también.

El libro dibuja muchas personalidades diversas, relata todo tipo de situaciones que lo hacen un lugar visible mientras se lee, creíble y palpable, pero en su parte final se estira hacia una felicidad bastante poco probable. Una conjunción de suerte bastante forzada, hace que el milagro se logre, pero resta credibilidad al libro, al menos en mi opinión.

Quién iba a decir que yo pusiera remilgos al tipo de finales que antes buscaba en los libros. Entiendo que el autor además de por sus convicciones personales, estaría motivado por dar a sus lectores esa historia que esperaban para amenizar su dura jornada, que quizá fuera ese el combustible que ponía en movimiento sus obras, pero como lectora de este momento y este lugar, y también de esta edad, lo cerré sabiendo que de un cien por cien en credibilidad, a ese mismo final le daría un diez por ciento. 

Aunque en su época y su momento, publicado por entregas en un periódico local, debió suponer un sueño al alcance de todos, digno de admirar. Quién pudiese sobrevolar aquel Londres convertido en fantasma, para ver todas las reacciones que en su momento tuvo a bien desatar. Hay novelas que semejan sueños de autores, besos de buenas noches que llegan para gritar alto, que todo puede cambiar. En eso iba pensando mientras leía...

2 comentarios:

  1. Me alegro Begoña , gusta verte sonreír.

    un abrazo.
    :)

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  2. Gracias Amapola, pero el sufrimiento también nos sirve para saber valorar la alegría. La vida es un suceder continuo entre uno y otra.
    Otro abrazo para ti

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