miércoles, 23 de enero de 2013

Entre montones de líneas



 Me llevó tiempo entenderlo, soy lenta como la estación nevada que tarda en deshelarse y llenar el río. Sé lo que quiero pero no sé si vale la pena intentarlo y aun así sé que lo haré, aunque tema saber el resultado, aunque tema a los virus y a la gente de malas intenciones conectada a la red. Es por eso que en todos estos meses, algo me chocaba dentro al intentar corregir viejos escritos, fue ayer cuando al fin lo entendí, sigo creyendo en ellos porque son tan ciertos como pueda serlo yo misma, pero ellos se han estancado en sus sueños livianos y yo no. Es esa al fin la diferencia que no sabía ubicar.

Es lo malo de envejecer, que de pronto aquellas convicciones que tenías ya no están. El mundo desde el cual escribías se desvaneció, algunos pilares fundamentales de tu escritura se derrumbaron bajo su propio halo de ingenuidad. Eso hace que hagas y rehagas escritos una y otra vez, y que sea un error, aquella que escribía ya no está.

Ya no crees en la justicia de la forma en que antes creías. Ya no crees en la gente que desde su atril intenta convencerte de que está en lo cierto y la equivocada eres tú. Ya no crees que los años de estudio hagan a la gente más eficaz. Ya no crees que tu país sea el mejor de los posibles del mundo mundial. Ya no crees que el amor verdadero sortee como por arte de magia todas las dificultades. Ya no crees que cada joven pueda forjarse su vida tal y como quiera, sino tal como le dejan en un país que parece empeñado en cerrarle las puertas y dejarle como única posibilidad de hallar trabajo, emigrar. Tu mundo se ha dado la vuelta no sabes cuándo, y ahora vuelve a ser tiempo de comenzar. Pasar la página de tus archivos hasta que alcances la serenidad de solo corregirlos en ese espacio en que fueron paridos, puesto que pertenecen a una gestación pasada que por lo tanto no está. Ahora eres otra que no puede escribir como escribía, ni soñar como soñaba, ni creer como creía. Eres alguien que ya no está entre ese montón de líneas.

3 comentarios:

  1. Extrañamente me ha parecido una entrada hermosa. La nostalgia sin duda acude a nuestros corazones, pero la belleza del escrito no se pierde por ello.

    ResponderEliminar
  2. No somos los mismos cuando el tiempo avanza, crecremos cada día, cambiamos cada día, pero no te ciegues Begoña.
    Una parte de ti siempre quedará en esos escritos.
    Lo que fuimos antaño nunca muere, aunque a veces pensemos que si.
    En esos escritos antiguos siempre habrá una parte de ti. Son tuyos. Los escribió tu corazón al susurrar palabras.
    Nunca es tarde para volver a ser lo que éramos antes, con la sabiduría del ahora.

    Un abrazo muy grande!!

    ResponderEliminar
  3. Creo que el problema es que me aburro al releerme porque me sé de memoria y a veces no me veo futuro en la escritura.

    Pero durante este año prometo finalizar algo y presentarlo a quienes queráis leerlo. Es hora de reordenar escritos.

    Gracias por vuestras palabras

    ResponderEliminar

Tu lees desde la invisibilidad y puedes aportar algo a este lugar, para ello existe