jueves, 10 de enero de 2013

A tu lado, el hambre

Hace tan solo diez días comenzaba el año nuevo y en el círculo cotidiano en que te mueves, las primeras manifestaciones de hambre pura. No es algo alentador, solo cabe la desesperación de esperar que esto mejore, sin confianza alguna. Se les llama recortes, pero bien pudieran llamarse el saqueo a la nevera familiar, la encrucijada de si pagar la vivienda o llenar el estómago, de si ser un buen ciudadano y pagar a tiempo la factura del agua y la luz, o darles la cena a los hijos. No es un cuento de ordenador o una novela que no se termina de corregir, porque así en frío no se le ve utilidad; es la vida real la que sale a al paso, y ante ella no cabe borrar, cambiar la frase o dejar la resolución aún en suspenso. Son los datos de un presente que va mordiendo, pero con dientes de verdad.

Hace meses cerca de la tuya se ponía una casa en venta, hasta entonces allí dentro vivía una familia perfecta, todo era abundancia y distinción, después supiste que el dueño, empresario, pasaba un mal momento, meses después te enteraste de que su casa se embargó ante la imposibilidad de venderla; hace días te enteraste de que el empresario falleció en un extraño accidente. ¿De verdad fue un accidente?, te sigues preguntando cuando pasas por delante de su casa, qué raro, ahora en las noches tiene luz dentro, ¿ cuándo se vendió su casa? En verdad no es eso lo que te importa, unos van y otros vienen, la vida es lo que sucede mientras todo parece detenerse, incluso. En tu cabeza sigue rondando si el accidente del empresario no fue un suicidio disimulado, y aunque otros tengan la respuesta, para ti nunca estará, será otra duda que habitará entre los mares de dudas que ya posees.

Ayer, alguien a quien casi no conoces, apenas si le has visto alguna vez, le contaba a tu marido, aprovechando tu camino a la farmacia, que se había pasado el día pescando, porque la situación está tan mala que en su casa ya no tienen ni qué comer. Dijo que su mujer trabaja en una agencia como abogada y como ahora sale tan caro reclamar, nadie reclama, y el trabajo de ella también está fatal y él ni digamos, lleva meses sin encontrar trabajo por ninguna parte. La cosa va de mal en peor, parece que dijo en un momento dado: si esto sigue así no sé si me quitaré del medio, la verdad. Después contó que a última hora de la tarde, pescó un pez diminuto y que lo cenarían con arroz, que al menos tenía algo para darles a las niñas, de cuatro y seis años de edad. Eso hoy, recalcó, mañana a saber como será. A veces contar las penas las hace más llevaderas.

A solo unos metros de allí, frente a un pequeño comercio, una mujer octogenaria revolvía entre la basura, rescató una lechuga y algunos envases más, los guardó en su bolsa y se introdujo en el portal de su casa; quizá feliz también de haber encontrado algo que cenar.

Tu villa marinera de siempre aguanta las tempestades con esa fuerza de siglos. Las gentes que pisan sus calles llevan en sí la desesperanza de ver como todo cambia y nada augura mejorar. Recortes, llaman recortes lo que viene siendo hambre pura, se maquillan los conceptos, se niega la realidad.

3 comentarios:

  1. Sobrecogedoras palabras, sentimientos que desgarran.

    A ratos no dejo de murmurar...¿CUÁNDO ACABARÁ ESTO?

    Siempre es a los mismos a los que les cuesta caminar...Sin ánimo para decir más.

    Un abrazo Begoña.

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  2. Rebeka, esto se terminará cuando se vuelva a conseguir crear empleo y un salario justo. Parece que desde afuera se vuelve a creer en nuestro país a la hora de invertir. Cierto que para algunos ya será tarde, pero no eso ya no lo podemos cambiar.

    Quiero que busques en los días la alegría que te llene por dentro, que te invite a luchar; pero sin detenerte, que busques aquello que crees que puede ayudar a los demás.

    Un beso

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  3. Os recomiendo leer este texto, de Juan José Millás. Acabo de leerlo:

    http://www.farodevigo.es/opinion/2013/01/09/falta-sea/737652.html

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