viernes, 23 de abril de 2010

Habitar un infierno


Raras veces iba a la ciudad, raras veces pero al posarme siempre iba hasta la última para parada del bus, que es la que lleva al centro, en ella hay un parque con árboles centenarios y jardines bien cuidados que dan flores variadas durante todo el año, hay también una marquesina redonda antiquísima y preciosa que es donde solían dar conciertos antiguamente. El lugar es hermoso, pero se me ha quedado adherido en el recuerdo por aquellos enfermos de las drogas que se reunían allí a dormir y a comer, a vivir sin paredes ni techo lo mismo bajo el ardiente sol que bajo las blancas nieves del invierno. Desde que tengo conciencia los miré y me dije que si había alguien digno de compasión en el mundo de mi niñez eran ellos. Parecían habitar dentro de una guerra perpetua, dentro un laberinto donde fuese imposible hallar el final, parecían incluso vivir muy lejos de sí mismos; y a mí me daban lástima sus brazos llenos de sangre y moratones, su ropa sucia hasta el hartazgo, sus ojos vacíos de toda vida habitada y por habitar. Siempre me dije que no quería ser uno de ellos, ni que mis seres queridos fuesen uno de ellos, que parecían habitar un infierno final donde no existía el perdón de la salvación ni tampoco se intuía. Verlos lavar sus jeringuillas en la fuente, pedir para ese autobús que jamás tomarían o verlos ser la sombra de aquello que nunca pensaron ser me partía el alma. Ya no están allí. Ya no se donde están, los han escondido porque dan un mal aspecto a la ciudad me imagino con sus cartones por cama, con sus cartones de vino por comida, con su caminar desvencijado como fantasmas de sí mismos. Ya no están pero no se cuanto les debo por tener la libertad de nunca haber escogido sus caminos, por conformarme con pisar sobre la tierra sin explorar más mundos paralelos que los de mi propia imaginación, que a veces incluso es demasiado infinita incluso para mí. No se si el hecho de que los hayan borrado de mi mapa y de no poder llevar a mis hijos hasta donde están para ver por sí mismos como es el mundo de la droga cuando ha ganado la batalla final les hará menos libres a la hora de alejarse de todo lo que representa. Porque está claro que una imagen vale más que mil palabras, más claro que el agua. Y que espero que todos ellos se hayan recuperado al fin y que puedan contar en pasado todo aquello, en esta mañana encapotada por la niebla nada me gustaría más.

1 comentario:

  1. 3 comentarios:
    rodericus2009 dijo...
    Son los nuevos leprosos de la edád moderna, nadie los quiere en sú vecindád.
    Aquí ha habido una oposición frontál por parte de algunos movimientos vecinales a la apertura de narcosalas en algúnos barrios de Barcelona. Son lugares donde se les facilita materiál sanitario desechable para inyectarse ó metadona de substitución, con la voluntád de que al menos tengan unas condiciones higiénicas minimas.
    Pués bién, somos muy generosos con las ONG que trabajan con la miseria lejana, pero somos incapaces de paliár la que tenemos bajo nuestra propia ventana, y de tenér un minimo de caridád cristiana con los perdedores de una guerra silenciosa e invisible
    23 de abril de 2010 03:40
    Begoña dijo...
    Cierto, como nos cuesta ayudar al vecino a veces y que sencillo con quienes no conocemos de nada.
    Por cierto no me gusta tomar decisiones que no me corresponden, pero si quieres anotar aquí tu blog para quienes quieran verlo adelante. Saludos
    23 de abril de 2010 04:01
    rodericus2009 dijo...
    Gracias Begoña, la dirección es :
    http://laverguenzafamiliár.blogspot.com

    Te envio desde aquí una rosa roja virtuál para tí.
    Hoy es el dia en que las calles de esta ciudád cobran vida propia con puestos de rosas, y los libreros sacan su mercancia a las calles. La belleza inunda los sentidos, y quién mas o menos, relaja su actividád normál y pasea hojeando libros y comprando una flór para sús mujeres amadas. Y hoy he descubierto que los dragones son el animál-totem de Barcelona, es curioso, toda la vida viviendo aquí y hoy me he dado cuenta.
    Un beso.
    23 de abril de 2010 10:59

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