miércoles, 22 de mayo de 2013

Volver a la vida, renacer

La vi y la encontré feliz y sonriente, quince kilos más delgada, mejor vestida, aunque sólo esa sonrisa la hubiese vestido de pies a cabeza como a una reina, pero su ropa era más alegre, tal vez porque reflejaba su momento vital. Más por formular una pregunta hecha que por indagar le pregunté qué tal estaba y me respondió que bien, pero no fue por intentar aparentar algo que en el fondo no sentía, como otras veces, sino por constatar la realidad. Le dije que estaba estupenda y que había adelgazado mucho, ella me respondió que era por tanto amor.

Algo me habían contado algunas cotillas, escandalizadas hasta la médula; sin embargo yo sólo me alegré. Aún no le había perdonado a su marido que la pegara cuando intentó que recapacitara antes de dejar su vida por correr tras otra mujer, y nunca le perdonaré, porque a una mujer no se la pega por causa alguna sobre la faz de la tierra; y menos a una mujer tan buena, buena, buenísima como ella. Me alegré de que al fin dejase de besar el retrato de su marido todas las noches para pedirle que volviera y lo imaginé por fin boca abajo al fondo de cualquier cajón. Quizá sustituido por un nuevo retrato o por un pensamiento feliz al fondo de su cabeza.

Yo sabía que una mujer como Sole volvería a la vida tras aquel abandono tan majadero, y más en la forma en que se dio. Pero no hubiera podido hacerlo sin sus amigas, sin su familia, sin todo ese entorno que la empujó a vivir de nuevo; o sin el apoyo constante de sus hijas. Ese entorno que le exigía a diario quererse más y mejor, salir al mundo sin miedo y mostrarse tal cual era. Ahora es una mujer nueva, nada que ver, lejos quedan sus enormes ojeras y su apariencia de estar muriéndose en vida, incluso al sonreír se advierte la sombra de esa niña plena de ilusiones que vuelve a ser. 


2 comentarios:

  1. Pues nada, me alegro por Sole.

    Final feliz. Besos.

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  2. Amapola, es curioso que cuando dio por hecho que el mundo se le desmoronaba encima y ya no podría soportarlo más, de pronto una nueva vida se abrió ante ella y le devolvió toda la frescura de la juventud.
    La miras y rejuveneció veinte años de felicidad.

    Moraleja: cuando la vida parece darte la espalda te mira de frente y te besa.

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