domingo, 27 de junio de 2010

La inseguridad en la red

Hace días lo comunicaba al exterior por primera vez: miedo me da poner en el blog un escrito mío y que tiempo después alguien me demande por plagio. A la vuelta de correo me mandaron un ¡jajaj cómo eres!. Y me reí muchísimo al leerlo porque me tomaron a risa, que es la única forma de tomarme para no indigestarse conmigo.
Pero sigo sin fiarme demasiado de este soporte que aún está en el aire y que llega tan lejos como quiera. Tengo muchas dudas y es raro el día en que no me pregunte qué estoy haciendo. Qué consecuencias tendrá en un futuro y si no sería mejor dedicarme seriamente a la corrección para enviar algo a concurso. Conclusión, todo me parece igual de no útil. Igual de sobrado. Igual de ajeno a lo que planeé para mi futuro, porque escribir es algo que no me planteé jamás, surgió así y llevo luchando contra esta parte no planeada desde que me asaltó pistola en mano y me despojó de mis joyas y mi ropa, y me arrojó a un rincón hasta que escribiendo me despojé de mí misma y ahora soy otra cosa: Un papel que rueda con el viento de ida y vuelta, un eterno ir y volver desde el mundo de mis sueños, esos que son sólo míos y por eso mismo me hacen sentirme tan egoísta mientras escribo y escribo, mientras mi vida y quienes viven conmigo me esperan.
Ya me esperan con la seguridad de que sólo este galope desbocado me cura y me renueva, me devuelve a mí y me hace aceptar vivir conmigo hasta el mismo final, ahora soy liviana, en otros momentos en que no escribía era la carga más pesada. Por eso me dejan escribir, porque cuando escribo no doy la lata.
Pero sigo sin fiarme de la red. Visito otros blog y veo 1730 seguidores, que vértigo más absoluto porque luego se leen seis o siete comentarios. Es lo que le aportan los lectores, como si tuviesen avaricia de sí mismos. Y me digo que yo no soportaría algo así. Y no soy la única. Me encontré blog preciosos abandonados a su suerte con una despedida universal: Que os den a todos. A todos los que estuvisteis leyendo y no os dignasteis a contestar.
Es dramático que después de tanta belleza algo te haga renunciar, darte cuenta de que no era ese camino. Me pregunto cual será en el presente, y casi podría asegurar que un hondo silencio, y me pregunto de nuevo quien da más.
Andaba yo diciendo que mi sueño era publicar en papel y no en la red, y también me equivocaba, mi sueño es demostrar que escribir sirve para algo. Que es un trabajo. Que por escribir se puede cobrar. Muchos escritores dicen algo precioso al recoger sus premios: con este dinero podré seguir escribiendo con tranquilidad durante muchos años. Cuando lo leo sé que se trata de eso, de mirar a los míos por encima del teclado y poder decirles: estoy escribiendo algo muy importante en este momento, dejadme dos horas más. Que se vayan sin protestar y me dejen terminar lo que entreveía. Para hacerlo y deshacerlo diez veces más hasta conseguir lo que pretendía y aún no sabía. Se trata de eso.
Pero para eso hay que demostrar que eres alguien que aún sabiendo que eres nunca alcanzarás, y vivirlo con la misma intensidad de quien sentado en un barco del puerto se siente Capitán de un crucero de lujo.

1 comentario:

  1. Hay que soltár amarras y navegár, aún a riesgo de embarrancár o naufragár. La gorra de capitán, dentro del puerto no deja de sér un mero adorno. La categoria de derrotado solo se alcanza después de haber peleado.

    Saludos

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