viernes, 24 de enero de 2014

Atravesar el mar en busca de su otra orilla




Asomarse a la superficie del mar y respirar
con cierta intranquilidad ante el desafío
constante de dejar una vida entera atrás
sin perder de vista todo el mañana

creer en el futuro incluso sin verlo
saber que lo que aguarda será mejor
que todo aquello que se deja porque
todo lo que se deja se desmorona,

por la ineptitud de quienes aferrados
a sus despachos de terciopelo
son ajenos al frío de las aceras
de quienes duermen sobre un cartón

expuestos a clamor de la calle en que
unos ofrecen de buen ánimo su limosna
y otros insultan, se mofan, incluso patean
a quienes no tienen fuerza ni para defenderse.

A veces bien mirado es lo que dejas atrás
un país al borde de su desconche
y descascarado donde no es posible clavar un clavo
sin que todo se venga abajo roído por la termita

Miras al horizonte que dejas atrás y ves también
tus amigos, tu familia, esos a los que no verás a diario
y esa herida duele al borde del quebranto,
saltan las lágrimas que engrosarán el mar

pero tienes que mirar hacia adelante a esos brazos
dispuestos a abrazarte hasta recomponerte
al encontrarte en ese para siempre conocido
que tanto necesitabas para ser de nuevo tú.

Ser tú de nuevo ante las inclemencias que toquen
en esta lotería que es vivir, y ahora más aún
en que mirando el horizonte por atravesar, da miedo,
un miedo que solo quita el recuerdo de esa mirada

que espera para seguir ya a tu lado el resto de la vida.
Bien pensado no está mal, es todo lo que precisas
y la vida se andará, paso a paso se pisará el camino,
los tuyos estarán siempre cerca, envueltos en tus latidos

como todo lo que lejos o cerca permanece por ser verdad
esa única e intransferible que se sostiene por su propio pie
que pertenece a su misma naturaleza, que es una con la vida,
y que irás leyendo sobre las olas del mar mientras esperas la orilla.

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