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miércoles, 29 de febrero de 2012

Los niños de hoy en día

Tal y como los niños de ayer, observan todo el tiempo. Nada tan observador como un niño. Además son como esponjas y tienden a repetir lo que viven a diario. La pregunta es la siguiente ¿qué es lo que se encuentran a diario? En esto tendríamos mucho que reflexionar los mayores, y es algo que no hacemos lo suficiente.

Por lo general la vida ha subido mucho, desde lo más imprescindible, como la cesta de la compra. Desde muy pequeños observan que todo, diría que absolutamente todo, se compra con dinero. Ya no digamos nada si sus padres son el prototipo bien de familia americana: todo por aparentar. Entonces apaga y vámonos, porque nada tendrán tan claro como que ningún dinero será jamás suficiente para abastecer los continuos caprichos que crecen como las setas a la sombra de los árboles. Esto es así, y quienes queremos educar a nuestros hijos en valores más que en necesidades superfluas, nos encontramos a menudo con el ceño de  otras madres que exigen que nuestros hijos ocupen el tiempo en las mismas actividades que los suyos. Dichas actividades se reducen a pasar las tardes en un centro comercial, donde todo, absolutamente, conlleva una tarifa.Y todo sucede bajo luz artificial, esto es con diferencia lo peor de todo, porque un niño, precisamente un niño nada necesita tanto como la luz solar, y la naturaleza.

En esas ocasiones con mi cabezonería a prueba de cañones yo me preguntaba porqué no podían ir a la playa a darse un baño, corretear por la arena y hacer castillos que se sustentarían cinco minutos sobre sus cimientos y después se chafarían. Lo cual les daría por probar otro modelo y convertirse en arquitectos de playa, sin límite de inventiva. Eso me parecía mucho mejor que encerrarles en un lugar artificial a prueba de monedero. Y por respuesta silenciosa esas mujeres me miraban como si yo no tuviese clase. Y claro que no tengo clase, al menos esa clase de clase no. Es por eso que no me extraña para nada que en un espectáculo de magos, a los niños de hoy en día solo les guste el truco de hacer dinero de la nada: todo cuanto es divertido para ellos se consigue con ese papel que pagan papá y mamá. Que son quienes les han transmitido la idea de que ser felices no es nunca gratis.

Esta entrada creo que no puede entenderse en su totalidad, sin leer este enlace...dije creo...


http://tallerdeconstelacionesfamiliares.blogspot.com/2012/02/el-modelado-de-los-ninos.html

5 comentarios:

  1. El otro día me decía una persona que cambió su domicilio de la ciudad por otro en una urbanización apartada, que el primer comentario que le hicieron sus nuevas vecinas, que también tienen hijos pequeños, es que como allí no había muchas tiendas,sólo hay una panadería y frutos secos, una librería, una sucursal bancaria y una peluquería) y para las demás compras, tenían que acercarse a un pueblo o bajar a la ciudad,los niños daban menos valor al dinero o, quizá no tenían la necesidad de tenerlo para comprarse algo en una tienda que está de camino al colegio, porque, simplemente, esa tienda no existe.
    Quizá deberíamos mirar a cómo era antes la vida en los pueblos.
    Un abrazo.

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  2. ¡Arquitectos de playa!
    La playa es enteramente moldeable, lo único firme es la mano del niño-arquitecto. En cambio, en el centro comercial, todo el rígido: lo único moldeable es el niño.

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  3. Pilar, intentamos darles a nuestros hijos todas las posibilidades, sin darnos cuenta de que la mejor posibilidad de todas es hacerles entender que ser feliz no depende tanto del billetero.
    Creo que apreciar todo cuanto nos brinda la naturaleza es la primera lección de ser feliz. Y además gratuita.
    Abrazos

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  4. Miguel, asusta ver lo fácilmente moldeables que son los niños en función de con quién están.
    Cuando están con nosotros debemos sembrar muchas semillas para que en su futuro adornen su presente.
    Y siempre les quedará tiempo para esconderse bajo la luz artificial, trabajando en una oficina por ejemplo.
    Saludos

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  5. Bien, he de decir, que releyendo muchos de mis comentarios tal parezca que siempre quisiera tener la razón. Y no es eso.

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