jueves, 16 de septiembre de 2010

Un sueño de tantos

Cuando comencé a la escuela en serio, recuerdo que dibujaba casitas, flores, nubes, montañas, soles y lunas en los cuatro márgenes de las hojas de todas mis tareas. El profesor -que una vez me rescató in estremis de ser atropellada por un autobús cargado de escombro, evitando que mi vida finalizase a los siete años por jugar con mis amigos al pilla- pilla-, al principio se quedaba a mirar lo que había dibujado con cierto desconcierto, pero con el tiempo, tal vez porque la variedad de dibujos eran más bien repetitivos llegó a irritarse y a prohibirme esa manía que jamás había observado en alumno alguno. A partir de ahí me reservaba la página final para la ilustración, pero ya no tenía la misma gracia porque los consideraba parte de ese aprendizaje de números tan ajeno a mí, nunca me ha gustado la frialdad de los números en comparación a la inmensa calidez de los abecedarios repetidos hasta el infinito.

Como mala estudiante me arrepiento de todo aquello que no hice en su momento, porque hay una edad para aprender, para encauzar el futuro, para utilizar las energías innatas y para completar el proyecto vital. Ahora lo veo así, y aunque jamás volvería atrás los relojes para recuperar el tiempo pasado, sé, con la conciencia que otorgan los años que si ahora tuviese de nuevo siete intrépidos años me buscaría lugar en una clase de pintura para aprender a dibujar. ¿Porqué?, pues por todo lo que viene de un lugar que no se acierta a concretar, porque sí. Porque a día de hoy me gustaría haber aprendido más y haber retenido en la memoria todo aquello que olvidé porque jamás llegué a entender del todo a falta de motivación.

La vida me ha dado la posibilidad de traer al mundo a alguien con verdadero talento dibujante que jamás quiso desarrollar esa aptitud, pero que me ha dejado enmarcar muchos de sus trabajos de clase de dibujo. Ese es el premio con que me quedo, en espera que dentro de algunos años por un deseo interior decida dedicarle tiempo a su talento.

Sabiendo que la vida ofrece todo tipo de posibilidades para sustituir el "pudiera ser" por el "es ahora mismo" no voy a quejarme, porque quejarse solo aporta debilidad y el objeto de la vida es realizarse. A lo largo del tiempo he aprendido una sola cosa, todo está, solo hace falta buscarlo con fe y se encontrará. A veces cuando menos te lo esperas.

Si yo supiera dibujar tal vez jamás hubiese dibujado algo tan bonito como lo que aparece de principio a fin de este blog, pero me gustaría soñarlo. A fin de cuentas soñar es gratis, y la mayor riqueza que se puede atesorar. ¿O acaso no?


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