lunes, 31 de enero de 2011

Elegir las lecciones de vida

Es algo que se hace por voluntad propia, algo que se intuye, que se cuela por dentro y permanece para siempre. Puedes ser alguien hecho y derecho cuando tus hijos llegan al mundo, pero por mucho que tú sepas, ellos siempre te enseñarán y te sorprenderán, porque todo cuanto te señalen forma parte de ti como una nota forma parte de la música.

Es raro que a una niña pudiese gustarle Rocky, es raro que a mi edad accediese a ver por primera vez una película que se ha denostado de diversas maneras a lo largo de los años. Pero me convenció y vimos juntas algunas, y me sorprendí por la lección de vida que encierran, algo que jamás esperé. Tampoco imaginaba que Silverter Stallone había escrito, dirigido y protagonizado cada una de ellas. Rocky II me pareció tan espectacular como poética. Me gusta el coraje que transmite y lo que insta a luchar por aquello que uno quiere.

Entre risas he visto centenares de veces cómo una niña absorbe todo este diálogo entre Rocky y su hijo, como lo copia palabra por palabra y finalmente lo escribe en un folio de su puño y letra, y lo pega en una pared de su habitación para leerlo y releerlo una y otra vez. Mientras hago la limpieza leo el texto, que por muchas veces que lo lea me suena tan a nuevo y tan poético como la primera vez. Y tan cierto. Sobre todo tan cierto:

"Voy a decirte algo que tú ya sabes, el mundo no es todo de color rosa y arcoiris. El mundo es un lugar terrible, y por muy duro que seas, es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometido permanentemente si tú no se lo impides. Ni tú, ni yo ni nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte. Y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se gana. Si tú sabes lo que vales ve y consigue lo que mereces, pero tendrás que soportar los golpes. Y no podrás estar diciendo que no estas donde querías llegar por culpa de él, de ella ni de nadie, eso lo hacen los cobardes y tú no lo eres. ¡Tú eres mejor que eso!."

Lo lee y mira el vídeo una y otra vez. Y se me ocurre que uno es siempre lo que quiere ser.



viernes, 28 de enero de 2011

Pregunta:

¿Cumplir un sueño no será lo más semejante a volver a nacer?

Uno más uno dos

En palabras de Sonia Belloto, escritora y editora brasileña, la alegría es la misma al escribir un libro que al tener un hijo. Dice que quien haya tenido uno y haya publicado un libro sabe que la sensación es idéntica. Se trata de una mezcla de plenitud y éxtasis. Y que para los hombres escribir un libro es lo más cercano a la sensación de dar a luz.

Continúa diciendo El tiempo que se tarda en escribir un libro resulta semejante al periodo de gestación. Hasta las sensaciones son las mismas. El momento de la publicación, cuando el libro llega de la imprenta, constituye el nacimiento. La diferencia radica en que después de publicados los libros no suponen más gastos, hacen llegar todos los años un cheque por derechos de autor. Además no necesitas preocuparte por dónde está. De hecho cuanto más lejos vaya, mejor. Si tu libro viaja por todo el mundo, te hará todavía más feliz.

Lo he transcrito como las prisas me han dejado, eso por no variar, de su libro Cómo escribir un libro...y conseguir publicarlo. Que es una de esas joyas que me he comprado y que leo y releo feliz como cada libro que en verdad entiendo ( o que creo entender:)

No voy a extenderme más, solo a felicitar a un doble papá. O a un papá de mellizos...En esta como en tantas ocasiones no sabría concretar.



jueves, 27 de enero de 2011

Disco rallado

Una tarde de verano estábamos reunidos un montón de gente en una terraza. En el grupo había un niño de cuatro años, que es una de esas ricuras que más que niños parecen viejos prematuros, de ojos despiertos, tan vivaces como incorregibles, y tan nobles como pueda serlo lo más noble que habite el mundo. Estaba subido a una de esas motos en las que los niños no llevan pedales, y van impulsados por el empuje de sus pies, a lo Pedro Picapiedra. En una de estas sus padres se despistaron y fue a dar a la carretera, que estaba en línea recta muchos metros más allá, corrí hacia él dándome perfecta cuenta de que nadie más se temía lo mismo que yo me temí desde un principio; que la calle en cuesta abajo fuese más atrayente en un momento dado para él que quedarse quieto y parado alrededor de la fuente de agua, de la que se había llevado ya una leve pátina de agua que estancada en su frente y sus mejillas te hacía sonreír como un tonto frente a él.

_ Déjame en paz_ fue todo cuanto me dijo tan categórico como es, ofendido de que le hubiese agarrado del jersey, que es cuanto pude aferrar tan de repente. En ese instante pasó un coche delante mismo de nosotros.
_ La carretera es solo para los coches_ le dije del modo más tranquilo en que me pude manifestar_. Tú no puedes salir de este patio, y mira que hay sitio ¿eh?
_ ¿Qué dices?_ por su amorosa incredulidad dirías que no te había entendido. Por su inteligencia ni se te pasaba por la imaginación.
_ Que no puedes entrar en la carretera, es solo para los coches.
_ ¿Qué?
_ Que la carretera es para los coches y te pueden atropellar.
_ ¿Qué?
_ Que si un coche te atropella te vas al hospital con la cabeza rota, retorciéndote de dolores por todo el cuerpo y chorreando sangre. Después te dejan allí ingresado todo lleno de vendajes y papá y mamá llorarán, y el abuelo y la abuela, y el tío y la tía_ por respuesta la misma amorosa incredulidad.
_ ¿Qué?

Después de un rato en las mismas, y tratando de explicarle una y otra vez lo peligroso de adentrarse en la carretera, me encontré con su madre de frente, embelesada en nuestra conversación. Es una chica joven y despierta siempre más contundente en sus silencios, que en lo que habla.
_ ¡Qué cara tiene! Te entendió perfectamente a la primera. ¡Borja, como vuelvas a hacer lo mismo te castigo una semana sin salir de casa! ¿Me oyes bien?
_ ¿Qué?

Fue una escena simpatiquísima que jamás esperé encontrarme porque después llegaron su padre y sus tíos para darle los motivos por los que no debía repetir aquello, y por respuesta un simple ¿Qué? repetido una y otra vez primorosamente. Días más tarde hablando con una amiga común lo recordé de pronto y se lo conté muerta de la risa.

_ Qué bueno, te estaba haciendo la táctica del disco rallado_ me dijo sin mover una sola pestaña.
Me quedé a cuadros, porque jamás había escuchado tal cosa.
_ A nosotros nos piden que se lo hagamos a los clientes a los que no podemos darles una solución, ¿En serio que nunca te pasó?
_ ¿Pasarme qué?_ creí que se estaba quedando conmigo, la verdad.
_ Que cuando buscas solución para un problema, por ejemplo, en el centro comercial en que yo trabajo, y no se te puede dar solución alguna porque ese imprevisto no está estipulado, se te da una razón por la que no cabe reclamación alguna, tu objetas algo, yo repito las mismas palabras que ya te he dicho. Vuelves a dar otra razón, yo repito palabra por palabra lo mismo. Tu vuelves a explicarte, yo a repetir lo mismo, y así hasta que el cliente llega a sentirse tonto y se va. A veces hay que repetir lo mismo quince veces, pero no te queda solución que repetir lo mismo una y otra vez hasta cansarlo. Tenemos la norma de hacerlo así.
A veces se abre un espacio temporal en que parece que en vez de pisar tierra firme te deslizas en un tiempo árido que ni existe, esa sensación me embargó mientras intentaba asimilar que tal cosa pueda existir por normativa. Recordando recordando voy cayendo en la cuenta de que sí, que me ha pasado varias veces y me he terminado marchando con la sensación de que soy idiota, además obtusa profunda. Mi amiga que el fondo me ha tenido siempre por un ser bajado de otro planeta, y con razón, por lo muy ingenua que llego a ser, pese al genio que me gasto se ríe. Y no deja de repetir que no puede creerse que un niño de cuatro años sea más inteligente que yo, y se ríe y se ríe hasta cansarse, para dejar constancia de su incredulidad de que en pleno siglo dos mil siga existiendo gente como yo.

Pues bien, desde este blog siento que sin pretender tomar el pelo a nadie estoy haciendo el disco rallado desde que empecé. Que hay cuatro temas, creo que cinco a lo sumo, que acaparan toda mi atención, y que una y otra vez contado de distinta forma, si acaso, vuelvo a la carga. Observo no obstante que a más personas les viene sucediendo lo que a mí. Pero me frustra. Y al tiempo, una cuerda cuyo cabo no acierto a vislumbrar sigue tirando de mí con el objetivo de seguir avanzando porque justo en el avance se halla la solución. ¿O acaso el desastre?


Reflexión en voz alta

El precio de la fama no siempre es proporcional al talento, al esfuerzo, ni a la transmisión de valores positivos para una sociedad. En los pequeños detalles diarios podemos percibirlo, a veces desde un gesto tan nimio como encender el televisor.


miércoles, 26 de enero de 2011

El peso de la fama

Las veces que envié algún manuscrito a un agente literario me asaltó un vértigo absurdo, como casi todo lo que me sacude proveniente de mis miedos. Tengo miedos absurdos, del que está instalado ahora mismo en mi subconsciente mejor ni hablo, es demasiado catastrófico para ser verdad, pero vive anclado en algún lugar sin dar la lata, hasta que se entremezcla en mis pesadillas. Creo que hasta de mis pesadillas saco material para mis escritos, y que hasta en cierta medida me gustan, si quiero dar un aire macabro a una escena y los uso gano credibilidad. Ante mí misma, claro está, que al final es lo que cuenta en una afición tan solitaria como la de rellenar páginas en blanco, que después no dejas leer a nadie porque se dedican a meterte los dedos en los ojos durante años. Excepto Carlota en mi caso, que se emociona tanto con mis escritos que con su emoción desmedida me ha dejado kao, y me ha hecho darme cuenta de que alguien que se emociona con mis escritos aún más que yo me supera de un modo extraordinario. Lo que me suma idiotez y me paraliza. Desde que Carlota leyó mi historia de un niño triste estoy estancada, y me ha hecho plantearme si quiero dejar este tipo de emociones a mi posteridad. O si quiero que me recuerden como alguien especial cuando soy alguien tan del todo corriente. Lo apuntado, he ganado solamente en estupidez.

Al enviar un manuscrito a un agente literario, me ha entrado un vértigo horrible a que la cosa fuese bien, y a que de pronto mi vida se me fuese de las manos por haber cocinado en papel una de esas recetas milagrosas que de repente contienen un nuevo sabor, y que de pronto se deciden editar simultáneamente en varias lenguas, y que escapan de motu propio a todo control. He tenido un vértigo insoportable a cambiar la vida de quienes viven conmigo, a dejar de ser yo y convertirme en algo que no pueda manejar desde adentro. Han saltado todas las alarmas y me he dado cuenta de que me gusta demasiado la vida que llevo, y que mis sueños están proyectados a mi otra vida, porque en esta no creo necesario que se cumplan; esta me gusta tal y como está con todos sus defectos, esos mismos que a menudo me sacan de quicio y me hacen como soy. He aprendido finalmente a vivir amigablemente con quien soy, y no quiero ser de pronto otra cosa que me lleve mil años de nueva adaptación, otra vez no por favor, ha sido demasiado tortuoso.
:(Y aquí apunto que nunca se me debe de tomar muy en serio, porque al fin y al cabo esta entrada no es más que un ejercicio literario como todas las del blog, un ejercicio de cocina entre papeles:)

Entonces creía en eso del bombo y platillo de un escritor que de la nada salta a la fama y se hace multirrico, y yo siendo multirrica no sabría vivir. Entonces imaginé que crearía orfanatos y clínicas varias para dolores de todo tipo, me uniría a causas que mejorasen el mundo y todo eso que fantaseo. Y entonces desde mi lado más crítico surgió una voz, esa que me dice que todos esos cambios han de venir de los gobiernos, porque sino son tan solo parches a los parches de parches gigantes. La solución no es ser una multirrica que abarca un área mínima, la solución es crear gobiernos que se agrupen por un bien común. Tengo pesadillas horribles, eso ya lo he dicho, pero mis sueños no pueden salirme mejor; ni más imposibles tampoco.

El caso es que imaginando convertirme en una escritora prolífica, y no en una birria de soñadora aporreante de teclados, encontré una escritora de las de verdad. De esas que han publicado más de 40 libros y cuando pides uno en la biblioteca alguien te dice: ¿Care qué?, respondes Care Santos, y buscan desconfiados en el ordenador como si les hubieses formulado un nombre que acabas de sacarte de la manga. Después de un rato dan un salto de sorpresa relámpago y te dicen, sí, tenemos un libro suyo ¿lo quieres?, y tu respondes, no sé, depende de que libro se trate, quizá lo he leído. Te dicen el título y resulta que ya lo has leído, y vuelven a mirarte como si les estuvieses bacilando, que es que no. Entonces les dices que Care Santos tiene más de 40 libros publicados y se caen de espaldas, no esperas a que se levanten, atraviesas el arco multialarma y te vas, no sin antes señalarles que por favor se hagan con más libros suyos para la próxima vez. Suerte la tuya que encargas los libros que quieres en la librería, porque sabes como que hay sol, que a veces no te sirven los periodos renovables de quince en quince días, que te alteran los nervios y te suspenden varios días, como si no hubieses tenido ya suspensos bastantes en tu tiempo escolar. Si algo has aprendido a través de los años es que existen historias que te sirven para todo el tiempo, y que hay libros que prestas que luego habrás de reclamar, esos libros que tal pareciera que quisiera quedarse todo el mundo, esos libros que parecen llevar un imán pegado y que por ambas partes cuesta soltar.


martes, 25 de enero de 2011

Normas de comportamiento

Agradezco todos los libros que hablan de cómo educar a los hijos, si agradezco cualquier tipo de libro sería imposible no agradecerlos, pero después de leerlos me asalta una seguridad: no hay pautas que nos lleven a alejarlos de todos los males que no quisiéramos para ellos. Da vértigo pensarlo pero es así, y sigo teniendo dos convencimientos al respecto, lo importante es hablar mucho con ellos desde muy pequeños. A mi me ha resultado fácil porque uno de mis hijos balbuceaba un ga-ga apenas unos minutos después de nacer. Sólo lamento no haber grabado esos instantes, es una de esas joyas que solo puedes recordar, y revivirla de nuevo.
Hace unos días en plena exposición "de las cosas que necesito ya mismo" se me encendió la chispa y creo que supe lo que me intentaba decir.

_ ¿Recuerdas que te conté que después de nacer ya hablabas?_ leve asentimiento de cabeza mientras espera que cuele un gol en la portería del necesito en lugar de quiero_. Pues bien, tengo una versión muy fresca de aquella charla del ga- ga- gá, ¿quieres que te traduzca?
_ Preferiría que no_ es una negación que en verdad quiere decir me encantaría. Le encanta ese juego. Quizá es un modo de disfrutar del absurdo sin moverse del sitio, quién sabe.

_Acabo de nacer ahora mismo y no te das cuenta de que estás a punto de presentarme a todo el mundo con estos pelos ¡que horror! Y ni te has dado cuenta que me han puesto un pañal siete tallas más grande. Y que me han envuelto en una toalla de felpa lavada mil veces, ¿puede saberse que clase de madre eres?_ al ver la risa alegre en que se desató creo que esta gota de chispa era de las buenas_Imagino tu incredulidad al ver el tipo de padres que te tocamos en suerte, y además pobretones, eso es mala suerte y lo demás son cuentos... Y nosotros con esa cara de satisfacción al ver el resultado de nuestros mejores genes delante de nuestras narices, todo perfección.
Si algo me apasiona es novelar mi vida para darle un sentido a tantas horas entre los teclados, y hacerlo real, o para vencer el tedio de los días iguales, o desencajar a todo el mundo en un momento dado y que me miren como una loca escapada del manicomio o una payasa sin circo. Lo que quiera que sea me parece genial si me da la posibilidad de fotografiar miradas tal y como esa.

Me estoy yendo por las ramas. De vuelta a los tipos de libros de que hablaba, yo diría que lo importante de veras es hablar mucho con los hijos ya desde que nacen. Y que se rodeen de buenos amigos. Buenos de verdad. Y creo que ni aún así les mantendríamos a salvo de todos los peligros que hay en la vida, de las casualidades nefastas, del aquí y el ahora en que se puedan resbalar. Creo que son ellos quienes deben tenerlo muy claro y grabado muy hondo, allí donde nada ni nadie se lo pueda arrancar, el convencimiento firme de lo que lo que les hará felices en un futuro y lo que les hará desgraciados a sí a voz de pronto, y creo que observando fríamente el mundo lo pueden lograr, si antes les hemos preparado para ello.

En este libro se dan varias pautas cuasi infalibles, subrayo las dos en que se hace hincapié, recoger y cuidar sus juguetes, y saber valorar el dinero y lo que se hace con él.
*Cuidar sus cosas desde pequeños siendo ordenado les hará valorar su cuerpo y lo que hacen con él. Así el día de mañana se cuidarán de castigarlo de forma indebida consumiendo drogas.
*Cuidar su dinero siendo muy consciente el modo en que lo gastan. Evitará que el día de mañana puedan usarlo para comprar drogas y después consumirlas.

Conozco un caso en que los padres eran tan meticulosos en el cuidado de su hijo desde que nació que me causaban grima. Más que padres eran guardia y custodia 24 horas. En el momento que tuvo independencia salió a la vida más que desbocado e hizo justamente lo contrario de cuanto aprendió. Me gustan este tipo de libros porque nos orientan, pero el trabajo de criar a los hijos se hace minuto a minuto, segundo a segundo y día tras día. El modo mejor, es leerles cuentos cuando son pequeños, y hacer que sepan valorar la lectura hasta el punto de necesitarla como alimento. Esa es mi convicción. Y puedo envidiarles por leer 174 páginas de un libro en sólo tres días y a ratos sueltos. Eso es lo que más les envidio a día de hoy, en que más que las letras leo las estructuras, la forma, el modo de manejar los tiempos, los párrafos que sobran, la división de capítulos, y así no hay modo alguno de leer tal como leía ni disfrutar cuanto disfrutaba. No puedes cuando la lectura ya es una obsesión.

Creo que somos el resultado de las cosas que descartamos más que de las que escogemos. O a partes iguales. Del modo en que creo que se habla mucho del verbo educar y se deja campar por sus respetos a quienes venden fórmulas fáciles del verbo volar.

lunes, 24 de enero de 2011

Es hora de volver a casa

Y dedicarse a las prioridades. De volver a los escritos y finiquitarlos de una vez para siempre para que dejen de estar pendientes y reclamen su tiempo y su espacio. Es hora de afrontar los retos y no dejarse vencer ni por las perezas ni por excusas que valgan. Siento que en verdad aborrezco el tiempo que restan a todas mis obligaciones, los reajustes forzosos a los que me someten hasta la casi extenuación, siento que aparco prioridades para dedicarlas a este algo no se qué que me lleva a hilar historias que ni se desde donde vienen o con qué objetivo. Solo sé que ya están listas para ser conclusas y que no quiero seguir alargando todo este tiempo de espera.

Sé que mis mejores escritos están allí, lo sé del modo en que uno sabe que su mejor reflejo no es ese que le envía el espejo, es aquel que guarda para sí, aquel que no hay modo posible de proyectarlo fuera, pero que surge repentino cuando hay alguien a quien se quiere ayudar. Siento que de momento he ayudado como he podido a quienes me necesitaron desde este espacio, ahora solo quiero descansar. Aunar todas mis fuerzas para esos proyectos que aún me esperan para ser finalizados de una vez para siempre, y para crear esos otros que reclaman su lugar. Es una tarea de locos sin duda, pero solo quienes ya estamos locos sabemos cuánto nos da. No se cuando vuelva a aparecerme por este espacio, pero a buen seguro lo haré cuando quiera, y con la urgencia de siempre, hay cosas que nunca cambiarán.

viernes, 21 de enero de 2011

Con la boca cerrada

Esta es la frase que más me han repetido en mi infancia, y eso marca, pero hay ocasiones en que lanzar al aire un convencimiento es impagable, de modo que ahí va un descubrimiento reciente, que tal vez eso de que Con la boca cerrada estoy más guapa, sea verdad, pero en todo caso es una verdad que no me interesa. Supongo que es mi modo de desafiar al mundo de un modo pacífico. ¿Pacífico en realidad?, las respuestas siempre se me escapan.

Durante el año 2010 el mejor libro que leí fue: La muerte Blanca, escrito por Eugenia Rico. El mejor libro que he leído acerca de la pérdida de un ser querido.

Abandoné la lectura de muchísimos libros, de los que muchos merecen la pena ser leídos por lo muy buenos que son y a lo largo de mi vida intentaré leerlos. Llevo muchos meses intentando saber cual es la razón y apunto una: Documentación. ¿Raro verdad?

Soy más rara que un perro verde y estoy mejor calladita, eso lo sé, pero me resulta tan curioso este descubrimiento que lo lanzo al aire. Rigurosa documentación para todo lo referido a ese libro, que por supuesto es ficción. Y sucede que al plantarme fechas rigurosas de hechos rigurosos y yo saber que es ficción, se subraya esa mentira de querer por todos los medios que yo me crea que eso que me cuentan pasó en verdad. Y sucede que no me lo creo.

Si el mismo libro no se empeña en recordarme a cada paso que tal día de tal año tal que eso estaba sucediendo en esa parte del mundo, porque verdaderamente ocurrió - que hay libros que no hacen- ese representar una mentira que fue verdad no se produce y puedo leer. Nadie se podría creer que a veces estoy harta de mí misma, pero ahora mismo, al haber hecho este descubrimiento lo estoy (:s)

jueves, 20 de enero de 2011

Içami Tiba

Este es el nombre de un licenciado en psiquiatría y asesor tanto para adolescente como para familias. Y mi último gran hallazgo en la soledad de una biblioteca. Me gusta esa brújula imprecisa que nos lleva a escoger un solo libro entre tropecientos y abrirlo por la mitad, y me subyuga esa especie de relámpago que nos hace ver con claridad que nos esperan largas horas de intensa lectura. Si además después de leído por partes, ese mismo libro nos grita que nos lo tenemos que comprar para que nos acompañe a lo largo de nuestra vida, no se puede pedir más.

Hace mucho tiempo que no entro a una librería para encargar un libro. No quiero cargarme de libros para adornar, quiero libros para leer y releer una y mil veces, para aprenderlos párrafo a párrafo, para aplicarlos a mi vida diaria. Este es ese tipo de libro que quiero ya.

El título es muy explícito: "Adolescentes. Quien ama educa". En letras más pequeñas que el título se halla su autor Içami Tiba. En este detalle se sabe que es un autor al que no le hace sombra su nombre, y eso me gusta. Eso quiere decir que ha de esforzarse en que su texto sea bueno ;), y por lo tanto entendible y aplicable. Me sirve.

Este es uno de esos libros donde cada página es casi una enciclopedia porque resume muchos años de oficio, y condensa muchas horas de reflexión. Aborda puede decirse toda una vida a través de todos los personajes que pone en juego, y no hay ningún tema tabú en todo su recorrido, sí muchas pautas para atajar los problemas antes de que lleguen. Y muchas soluciones para tratar de erradicarlos cuando se establecen. Para muestra un botón, abro casi al azar y elijo un mínimo texto para intentar resumir este libro en palabras de su propio autor:

Son progresivas las personas que miran hacia delante, aquellas que avanzan en la vida. Una de las mejores características de la persona progresiva es la sabia humildad de querer aprender siempre.
Las personas retrógradas son las que caminan hacia atrás. Aunque no se muevan, son retrógradas porque el mundo avanza y ellas no. El peor retrógrado es quien cree que lo sabe todo y no necesita aprender ya nada.
Cuando los padres no educan a sus hijos, unos y otros son retrógrados. Los padres, porque son las primeras víctimas de sus hijos, y los hijos porque, cuando están mal educados, sufren y hacen sufrir a quienes los rodean.



Frase

Alguna vez calibré los pros y los contras de abrir un blog. Lo abrí conteniendo casi la respiración por miedo a meterme en problemas insospechados, ese miedo aunque minúsculo ya, persiste aún y persistirá envuelto en su propia cabezonería. A día de hoy imagino que tras tantas palabras alineadas alguna vez me equivoqué, es imposible que no siendo ya tantas. Y a buen seguro alguna vez acerté. En cualquier caso sé que fue un enorme acierto no quedarme quieta con lo mucho que me gusta galopar entre teclados, lo sé porque a veces miro atrás y sé que sin ponerme a ello hoy no tendría tanto texto como ha quedado escrito aquí, ni me habrían quedado tantas cosas claras. A veces es necesario ver desde fuera para mirar dentro. Sé que suena raro, pero es así.

miércoles, 19 de enero de 2011

Una casa que no está

Solía hablar mucho con Sofía, una mujer de ochenta años, alta y delgada, de pelo castaño muy corto y alborotado que había enviudado dos veces, la última de ellas de un trágico suicidio que la desestabilizó para siempre. Me gustaba pararme a charlar con ella porque siempre le daba mucho peso a mis palabras, y me las solía recordar meses después como si mediante ellas le hubiese aportado claridad, eso me gustaba. Al llamarme pronunciaba mi nombre desde un lugar entre la sorpresa y la alegría, como si desde mis veinte años y sus ochenta no hubiese distancia. Y es que no la había.

Una vez le conté que su casa y su jardín fueron para mí durante años el símbolo fehaciente de la felicidad, ella me miró y sus ojos pardos se llenaron de agua, para entonces yo sabía que pocas mujeres en la vida fueron tan desgraciadas. Y aún hoy, después de contemplar miles de casas, y pese a no existir, sigue siendo en mi memoria la mejor casa. Una casa de plaqueta verde y planta baja, rodeada de un jardín lleno a reventar de flores de todos los colores y estampas, y una huerta que repartía por ambos lados las hortalizas más verdes y más alineadas. Era todo colorido, todo salud, todo preciosura para el alma, y yo todo cursilería mientas la contemplaba de un vistazo al pasar, para saborear el día entero su abundancia.

Tardé mucho tiempo en saber que Sofía se había ido al asilo glamuroso, ese del que hablé en mi entrada anterior. Y fui testigo mudo de cómo sus plantas se fueron marchitando y muriendo, su casa se fue apagando, sus hortalizas desapareciendo. Meses más tarde me contaron que la habían visto muy elegante vestida y radiante de felicidad mientras efectuaba unas compras con un grupo de amigas. Me contaron que en ese asilo dejaban campar a su aire a quienes estaban bien de la cabeza, les dejaban ir y venir, llevar y traer, siempre que fuesen puntuales a las horas de las comidas. De modo que se iban a tomar el café, o a comprarse ropa, a buscarse antojos para comer, o a visitar familiares, cada quién hacía exactamente lo que quería cumpliendo las normas. No supe si creerlo, hasta que un día casualmente la encontré, y ella misma me lo contó. Iba tan bien vestida como una enamorada a su cita y me presentó una por una a sus amigas, me confesó que llevaban toda la mañana en el centro comercial gastando la asignación semanal, porque les daban una asignación semanal para sus caprichos. Me lo confesó como confesando un pecado y nos reímos juntas, ella de pura alegría y yo de pura sorpresa por lo rejuvenecida que estaba.

Años después volví a encontrarla junto a su casa. Estaba muy nerviosa y alterada, me contó que la habían sacado del asilo, y quería volver pero a nadie le importaba. No la dejaban volver en modo alguno, y no podía hacer nada. Me habló con detalle de una conspiración, que la verdad, en su estado de crispación y ancianidad creí que deliraba. Me advirtió punto por punto de futuribles y me pidió que no olvidara. Fue la última vez que hablamos a solas, pues desde entonces la custodiaban, a más vecinas les dijo lo que a mí y supongo que alguien extendió el rumor y que la encerraron en casa. Meses después echaron su casa abajo y construyeron una de dos plantas. La planta baja para ella y su soledad, la alta para su nieto, su esposa y sus cuatro hijos. Los padres trabajaban todo el día y los niños iban al cole o la guardería, Sofía quedaba al cuidado de una chica que venía dos horas a su casa por las mañanas, la sacaba a pasear y ejercía entre otras cosas de censora particular. Para ahorrarle reprimendas la saludabas de lejos y la dejabas.

Sofía se fue apagando día tras día como se apaga una planta que ya no recibe luz, que no se riega con agua. Y en pocos años murió. Su nieto tiene una casa. Sin embargo la casa que yo veo cuando miro es la anterior, y la Sofía que veo es la mujer que me llamaba, haciendo mi nombre nuevo cada vez que me nombraba.

lunes, 17 de enero de 2011

Un asilo glamuroso

Hacía casi un año que no veía a Manuela. Me la encontré en medio de un supermercado en hora punta y nos detuvimos a hablar, la gente nos esquivaba como podía hasta que nos trasladamos a un rincón donde había un palé con una torre de galletas envueltas en celofán. Ahí pudimos charlar un rato con tranquilidad. Las amas de casa tenemos siempre la misma conversación año tras año, con el tema de los hijos casi por novedad.
Supe que su hija Sandra terminó dejando los estudios, que trabajó durante años en una empresa de limpieza, y que actualmente está en paro. Me apenó saberlo, porque una niña que sacaba dieces todo el tiempo se merecía un futuro mejor que retorcer fregonas y bayetas todo el tiempo. Pero escuchándola hablar me asaltó la certeza de siempre: uno es responsable directo de aquello que le sucede. Y todo tuvo una causa, que no es necesario explicar.

Me contó que la empresa de limpieza para la que Sandra trabajaba la envió al asilo más glamuroso de la localidad. Es una construcción preciosa tipo convento con una cúpula hermosa, que está situada en todo lo alto de un cerro situado frente por frente a la enorme ciudad. Una ciudad alegre donde todo es bullicio con su mar al fondo y su verde frondoso por todas partes. La vista desde sus contornos es espectacular y un lugar del que siempre escuché hablar maravillas , para qué negarlo. Quizá eso desde lejos, o desde la perspectiva de quienes pagan tributo por tener sus mayores a salvo de su vida cotidiana. No sé.

Manuela me dijo que cuando enviaron a su hija a trabajar al asilo se compadeció de los ancianos, porque su hija es un cielo de niña pero muy metódica en lo suyo, y un poco dictadora también -yo sonreí porque me estaba haciendo un retrato robot de la mujer en general-. Manuela me siguió contando y resulta que tras llegar a casa el primer día de trabajo Sandra no dejó de llorar encerrada en su cuarto todo el día, y después el segundo día; al tercero quiso llegar a un acuerdo con su jefe y terminó firmando los papeles del paro. Manuela dice que no puede hablar del asilo sin ponerse a llorar de la forma en que trataban a esos ancianos, o de la forma en que ella los vio, nadie sabe concretarlo. Es hablarle del tema y ponerse a llorar. La insistencia de Manuela en saber algo le llevó a una directa aseveración:

_ Mira mamá, no voy a decirte que cuando seas vieja vaya a cuidarte, porque eso no puedo saberlo. Pero antes de enviarte allí tengo algo muy claro, te doy un porrazo en la cabeza y acabamos de una vez. Quizá sufras un poco, pero no estarás sufriendo todo el tiempo.

No cabe duda que me muero por hablar con Sandra, pero si hago un balance de las veces en que nos vemos, viene a ser una vez cada tres años. Y que cuando nos vemos tenemos temas muy frescos que tratar. Sigo dándole vueltas a esta conversación una y otra vez, quizá lo triste es saber que todos llegaremos a viejos, o no; quizá es lo triste lo contrario.

domingo, 16 de enero de 2011

¿Escribir con qué objeto?

Después de las palabras pronunciadas por Vargas Llosa acerca de escribir, me queda el planteamiento lúcido de quien ha dedicado su vida entera a ello y nos presenta que la escritura es un modo de hacer guerras pacíficas careciendo de ejército. Ese es el motivo por el que siempre valdría la pena llenar páginas en blanco y más páginas. Después me digo que como el mar todo tiene su calado y me está hablando quien más hondo ha conseguido llegar entre unos pocos.

Miro a mi alrededor y vuelvo a preguntarme de donde nace este empeño. Y en un segundo de espera lo sé. Sé perfectamente de donde nace este empeño. Un motivo más que suficiente para no hacerme más preguntas y escribir, a fin de cuentas la vida siempre reclama lo suyo.

viernes, 14 de enero de 2011

Una cruz blanca lleva mi pena

Desde el telediario matinal ha llegado la imagen de una zanja abierta en canal, tan desoladora como interminable sobre una colina. Se va cerrando a medida que avanza, y sobre la tierra movida se pone una cruz blanca con un escueto número por toda identificación. Se cuenta que tras las lluvias torrenciales y los corrimientos de tierra que han asolado Brasil, ni los propios familiares son capaces de reconocer a sus muertos. Desde el telediario se da un rápido número de muertos, y de desaparecidos, y de un modo raudo y veloz se cambia de tema; como si cualquier tema fuese capaz de aislar e incluso olvidar una tragedia semejante, la pérdida de 444 vidas humanas de un balance aún provisional.

Desde las imágenes ofrecidas por vía aérea puede verse el peligro de otros pueblos adyacentes, agrupados en la falda de altas montañas muy sensibles de correr la misma suerte. Y uno puede imaginarse fácilmente qué haría de encontrarse en la misma situación, y sabe que se dice muy pronto lo dejar tu propia casa e irte a vivir a otro lugar. Es más fácil hablar que realizar, si no lo fuese todos seríamos ya aquello que anhelamos.

Uno se queda en un ay, viendo lo fácil que entremezclan los temas en los programas de televisión, incluso en los más serios, pasamos de una tragedia de semejante magnitud a la que se dedican 60 segundos de reloj, a dedicarles minutos enteros a las palabras huecas que ha dicho no sé quién tropecientas veces, y totalmente carentes de sentido pese al cargo que ostenta, el mismo que ha demostrado a lo largo del tiempo no merecer, pero sigue ahí impertérrito viendo cómo nos hundimos desde su torre vigía sin mover una pestaña, y eso sí, con su sonrisa de idiota que sirve lo mismo para un roto que para un descosido. En el intervalo de esos planos gratuitos apetece decir aquello de que paren el mundo que yo me bajo, sólo que te quedas a mirarlo mejor y formulas la frase a tu modo: que agiten el mundo a ver si te bajan de una vez, que ya vas tardando. Después te queda la esperanza de que sea muy pronto, porque esperanza es lo que cabe tener después de todo.

Queda en la retina esa pala gigantesca, trabajando sobre esa colina altísima, abriendo metros y metros de improvisadas tumbas de muertos sin identificar. Quedan cientos de cruces blancas con un número grabado a modo de identificación. Queda la constancia de que da lo mismo qué tipo de muerto se halle en cualquier lugar, porque a fin de cuentas los muertos del mundo son todos nuestros. Cada uno de ellos es un vivo menos que tenemos, y nos atañe a todos. Desde la pena de aquellos que sin conocerlos han sido nuestros. Como lo han sido nuestros nuestros propios abuelos, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros sobrinos, amigos, primos, tíos, sobrinos, vecinos...compañeros...

Es así, de este único modo en que lo entendemos, si trasladamos la tragedia a nuestro alrededor. Sólo es así como cabe tan siquiera imaginarlo. Hace horas que apagué el televisor empeñado entremezclar las noticias como si fuesen comparables unas a otras. Pero la visión de esa zanja interminable sigue ahí, es una de esas visiones que se quedarán toda la vida en la retina. Una de tantas que luego habrá que exorcizar del modo en que sea para convivir con ella.



Aviso para Jhonny

He visto los cambios de Un viaje a mi locura, y preguntas qué me parecen, el problema es que no se lo que has hecho que ya no puedo comentar. No sé si es algo personal :), cosa que no creo, o si es que andando en las tripas de tu blog te has cargado algo. Apuesto a que ha sido esto. Aunque puede ser un poco de envidia insana porque yo no consigo ni añadir mi lista de blog favoritos, cosa que tú has logrado. Sobre este punto, creo que tengo algo que agradecerte de forma personal. Eso si estuviese segura de que el lugar al que me refiero lo vale, sobre ello guardo muchas, muchas dudas; pero que esté incluido me gusta. Supongo que como en todo creo más en su futuro que en su presente.

Pedías opinión y que sepas que siempre estoy dispuesta a colaborar. Digo más, el hecho de que en la ventana asomen 38 personas que no dejan ni un triste comentario jamás me deprime. De todas las tacañeces de que un ser humano es capaz, la tacañez de uno mismo me parece la peor. Claro que ellos me dirán que para decir lo que digo mejor me callo. El mundo se tiende a compensar para no desequilibrarse y caer, suerte que tenemos.

jueves, 13 de enero de 2011

Hambre de silencio

Un espacio virtual es un lugar
entre el aquí y el allí
una burbuja que se hincha
y vuela a no se sabe donde

de nuevo con la sensación
que es lo mismo de siempre
pero de distinta forma,
quizá una soledad compartida

pero al cabo soledad
esa soledad en que las cosas
siguen sin ser como quisieras,
siempre quisiste cambiar el mundo
y que fuese ese lugar a tu manera.

Buscas el modo pero no lo hay
buscas la forma y tampoco es esa
anhelas el silencio de tal forma
que sabes que paso a paso regresas.

Buscas terminar todas las historias
que tienes inacabadas con el objeto que sean,
sin saber lo que serán. Enviarlas tal vez
o dejarlas sin enviar. Pero perfectas.

El cuento sin acabar, como cambiar el mundo,
sin poesía que sea poesía, sin escritura que sea literatura,
sin talento que sea talento. Contigo siendo tú
¿qué esperas que gane sino el silencio?


miércoles, 12 de enero de 2011

Números fríos como el hielo

Esta mañana decían en un medio de comunicación que sólo el 20% donado a Haití llegó realmente para cubrir todas las necesidades del pueblo haitiano. Me parece vergonzoso que algo así siga sucediendo en el siglo en que estamos, me crispa la corrupción que campa tan ancha por todos lados. Creo en la justicia poética o divina, creo que quien la hace la paga de un modo u otro, lo creo, porque de otra forma me sumiría en una depresión interminable.
A veces uno se encuentra con que hay gente miserable por todas partes, gente que es capaz de comerse la comida de un hambriento, de negarle la curación a un enfermo de enfermedad mortal, o de negarle el futuro a un niño pequeño e indefenso.

Es triste pensar en la gente que ha mandado su granito de ayuda con la esperanza de que sirviese allí donde más se precisaba. Pensar en las pequeñas necesidades que tal vez se hayan negado en esperanza de lograr un bien común, y tan necesario como sentir que somos parte de un universo que cuando camina hacia el mismo lado logra lo imposible. Es triste saber que se siguen poniendo zancadillas al avance de todos junto a todos por aquello en lo que aún creemos: un mundo justo para todos, con las mismas oportunidades y derechos. Pero quizá lo más triste de todo es que tal vez en la próxima catástrofe nos crucemos de brazos por el miedo a que alguien se enriquezca con lo que enviamos. Entonces será cuando de verdad unos pocos nos hayan coaccionado.

Quiero pensar que haya un modo de saber donde se esconde todo ese dinero, y un modo de enviarlo allá donde aún hace tanta falta, el lugar donde tantas almas ya han dejado de latir solamente por no tenerlo a tiempo.

martes, 11 de enero de 2011

Muy personal

Cuando escucho a un ministro de economía, hablar de economía, tengo la sensación de que un aviador me está hablando de conducir un barco. O que un montañero me está describiendo una llanura. O que un profesor de gimnasia me está hablando de parálisis. O que un médico me está contando cómo late un corazón enamorado. O que un loquero me está contando lo fácil que es mantenerse cuerdo dentro de un mundo de locos.

En cualquier caso tengo algo muy claro, que cuando a él le llegue el agua al cuello, algunos ya nos habremos escurrido por el desagüe.

lunes, 10 de enero de 2011

La alargada sombra del amor

Esta mañana recuperaba de la biblioteca uno de los tantos libros que abandoné el año pasado con la intención de leerlo como se merece. La chica cuñó la fecha en que he de entregarlo y de repente la portada de este libro, La alargada sombra del amor me hizo saber que es otro libro de Mathias Malzieu. Y ante la alegría de saber que podría traerlo a casa, la chica me confesó que no pudo con La mecánica del corazón, que no entendió para nada con que objeto o necesidad habría sido escrito y que por más que lo intentó lo abandonó a media lectura. En cambio yo le dije que para mí fue el mejor libro que leí el año pasado, aunque conozco a más gente a la que le sucedió lo que a ella.
Pude decirlo pero me callé, un libro es como un tipo de alimento y no todos perseguimos un mismo sabor. O es un cargador de pilas, y cada uno de nosotros funciona con distinto tipo de energía. Me callé porque una cosa es leer esto y otra muy distinta escucharlo, lectura y escritura viven en distintos tiempos.
He leído la primera página de La alargada sombra del amor, el primer libro que leeré este año y me ha embargado la intensa emoción de quien después de mucho tiempo ha encontrado algo que siempre quiso leer. Es el libro que llevo buscando desde siempre. Desde qué tipo de siempre no sabría, pero uno muy lejano.
Lleva una dedicatoria:
Para mi padre y mi hermana en recuerdo de mi madre.
Y una cita:
Os diré algo sobre la cuestión de las historias. No son únicamente un entretenimiento, no os engañéis. Son todo lo que sabemos, daos cuenta, todo lo que sabemos para combatir la enfermedad y la muerte. Si no tenéis historias, no tenéis nada.
Leslie M. Silko

viernes, 7 de enero de 2011

Sobre Internet

El tiempo va tan deprisa y la vida intelectual se desborda dondequiera con tanto ímpetu, que muchas ideas ya han envejecido, han sido comprendidas y divulgadas mientras el autor imprimía su libro.

Honoré De Balzac


Nota: Creo que en la era de Internet estas palabras triplican su valor.

jueves, 6 de enero de 2011

No hubo regalos de Reyes

Ni kilómetros de guirnaldas

Ni papás Noeles en las ventanas

Ni cenas, ni comidas, ni cotillones

Ni brindaron con sidra y con cava


No hubo mazapanes ni turrones

Ni uvas ni polvorones

No hubo mesas ni manteles

Ni brillos ni oropeles


Por no haber no hubo nada.


Nada distinto a otros días

Que ahora nos puedan contar

No hubo regalos de Reyes

Volvimos a fracasar


Seguimos igual que siempre

No aprenderemos jamás,

Y digan lo que nos digan

Tampoco fue Navidad.




miércoles, 5 de enero de 2011

Cadena Perpetua

Despierta la mañana de otro día en que no pensaba crear entrada alguna. Como tantas. Y la realidad me presenta en bandeja una noticia desgraciada, la de un hombre Cornelio Dupree, un hombre de 51 años que pasó 30 años en prisión siendo inocente. Mirando los números fríos que dejo a la izquierda queda claro que casi la mitad de su vida la pasó entre rejas por error. Unas pruebas de ADN constataron su inocencia. El hombre cuenta que no hay palabras para explicar lo que sufrió, y señala que sus padres murieron mientras estuvo en prisión. Es todo cuanto dice por ahora. Suficiente para quien quiera entender. Más que suficiente.

Hace tiempo que mi hijo me insistió en que viese la película Titulada Cadena Perpetua, protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman. Me negué en rotundo cabezonamente justamente por eso, por toda la gente que a día de hoy está en prisión. Después de insistirme durante semanas accedí a verla, y tuvo que sujetarme al sillón la primera media hora porque me era del todo insoportable quedarme frente a la pantalla. Únicamente me quedé porque cuando mi hijo, que me conoce mejor que nadie, me hace una recomendación sé que me está brindando algo que puede servirme para ambientar una historia. Una historia que late en paralelo con algo que escribo, o con el hilo que contiene.

Cadena Perpetua pasó a ser desde entonces una de las mejores películas que haya visto. Por la lección de vida que representa sin dejar de lado la crudeza. Mientras la veía no podía olvidar que a esa hora y en algún lugar alguien estaría siendo protagonista de una historia como esa, sin esa suerte final. No podía olvidarlo y un escalofrío intenso me sacudía de vez en cuando. El mismo escalofrío que esta mañana sentí al ver a Cornelio Dupree en televisión. El escalofrío de saber que a esta hora y en algún lugar alguien está siendo protagonista de su misma historia, sin la misma suerte... eso si en algún momento pudiera considerarse suerte a pasar 30 años de tu vida en la cárcel siendo inocente.

martes, 4 de enero de 2011

Crecer

Ella comenzó a crecer cuando vislumbró por primera vez esa gran pizarra verde de la escuela de verano a la que acudían sus hermanos y otros niños del pueblo. Junto a la planta verde que trepaba hasta el techo, adivinó un jeroglífico en tiza que le sonó a un idioma aprendido en otra vida, y se soltó de la mano de su abuelo para estudiarlo más de cerca, e intentar interpretarlo. Fue entonces cuando la maestra tradujo para ella lo que decía ese conjunto de letras blancas entrelazadas que destacaban sobre el verde oscuro. La frase resonó dentro de su cabeza de tal forma que nada volvió a ser igual desde entonces, quedó fascinada por otra especie de mundo cifrado al que desde ese mismo instante perteneció. Y quiso saber de que modo podían nombrarse otras cosas que le fascinaban, como estrella, mar, cielo, sol o arena, la maestra con gesto sonriente las escribió en la parte superior de la pizarra. Entonces Ella le rogó a su abuelo que la dejase quedarse esas dos horas para saborearlas como si de un plato exquisito se tratase, y su abuelo accedió, porque siempre la había entendido como nadie. Sobre la pizarra la maestra escribió números toda la mañana, pero los números no representaron nada para Ella que seguía sumida en la fascinación de todas las estrellas, mares, cielos, soles y arenas conjugados en la enorme pantalla. Y finalmente Ella decidió que ese mismo verano aprendería a leer, para poder entender el concepto de todo cuanto alguien hubiese escrito alguna vez. Y aprendió a leer ese mismo verano y leyó y leyó, pero años más tarde de la nada surgió otro férreo propósito igual de cabezón, escribir sus propias palabras para que cobrasen vida en otros lugares del planeta. Palabras que una vez sembradas pudiesen crecer y enredarse en otras, dando forma a todos los sueños, porque un sueño escrito siempre es más sencillo de recordar, de afianzar y de llevar a buen término. En medio de un mundo que Ella a veces no entiende sigue encontrando maravillosas noticias que la hacen creer, y ya se sabe, creer es crecer.

sábado, 1 de enero de 2011

Propósitos

A veces uno tiene propósitos que no se entienden, que quisiera no tener, pero que mantiene haciendo acopio de su cúmulo de energías, porque son necesarias muchas energías para convivir con ellos acomodados, sin que se enerven y se eleven continuamente, dispersándose por todas partes y sin dejarse plegar debidamente para guardarlos en un compartimento mínimo, donde no ocupen primero un poquíto espacio y después más y más, hasta hacerse con todo el espacio a su disposición y dejarnos apenas un huequito donde ser aquello que se supone que somos y no lo que siempre hemos querido ser, que surge y resurge una y otra vez de sus cenizas, después de haberlo quemado a sangre fría con nocturnidad y alevosía por enésima vez.

Hay escritores que tienen la habilidad de aportarnos todo el tiempo aquello que nos sirve. Lo que hemos de almacenar en bien de nuestro objetivo, ese que nos sobrevivirá - me temo- incluso cuando ya nos hayamos extinguido - que es lo que pasa con un escritor, sus escritos permanecerán y seguirán siendo cuando él no esté, eso los hace seguramente tan insistentes, su intención de ser inmortales y dejarse ser-.

Espero que a este escritor no le moleste que deje en lugar tan humilde este enlace, pero es que me lo quise traer, porque por algo es uno de los mejores escritores españoles, sino el mejor:

Frase

El comienzo de un año es como un libro por escribir.