lunes, 29 de noviembre de 2010

Hoy como ayer

Sigues pisando la calle, y sigues viendo que hay el mismo tipo de gente que había. Quizá han cambiado las costumbres, la forma de vida, el modo de cuidar los jardines, de exhibir los adornos, de exponer las mercancías. Tal vez haya cambiado algo en esencia, pero sigue habiendo los mismos modos de comportamiento, tanto en jóvenes como en no tan jóvenes. Admito que de esta sociedad lo que más me preocupa es el trapicheo en zonas de colegios e institutos, en zonas de discotecas de cuasi niños. El ver grupitos específicos consumiendo aquello que han adquirido, un día y otro, mañana y tarde y ver que nadie hace nada por impedirlo. Creo que ha cambiado la cantidad de esos grupos, que son cada vez mayores año a año, y quizá lo veo porque es algo que me cruje por dentro. He conocido gente enganchada hasta las trancas, y todos han muerto, los que siguen vivos parecen estar en una parte perdida entre este mundo y otro. Y creo -opinión personal posiblemente sin fundamento- que gran parte de los problemas de violencia en nuestra sociedad parten de ese mirar para otro lado donde nadie hace nada, aparentemente, para atajarlo. No tengo remedio para eso, lo cual no impide que me cruja por dentro.



Cada quien tiene su queja, y me he encontrado esta queja interesante que también comparto. Aprovecho para hacerle un hueco aquí.


Nueva propuesta de ley

Pero temo que nunca estaremos a salvo
de los malos de veras,
aquellos capaces de la mayor vileza,
del juego más sucio,
de la más cruenta necedad,
de la estupidez llevada al límite,
de la suprema maldad,
de la locura que arrastra todo a su paso,
de la venganza sin pies ni cabeza,
de la incongruencia y la incompetencia
del espejo que refleja una mentira hecha verdad.
La maldad no tiene sexo y cabe en cualquier lugar:
incluso en el corazón de una madre
se puede albergar.



Cruzo los dedos, y espero que la justicia sea siempre justa.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El sonido de un móvil, y tu voz de terciopelo

Alberto llevaba tiempo deprimido porque su pequeña empresa iba de mal en peor y no quería despedir a ningún trabajador. Llevaba toda la mañana dando vueltas con su camión de empresa intentando recaudar una mínima parte del dinero que aún le debían. Eso de ir de casa en casa reclamando aquel dinero que sabía de antemano que no podría cobrar le irritaba sobremanera, pero era todo cuanto podía hacer para poder capear el temporal ese mes funesto y esperar que las cosas comenzasen a cambiar.

Pese a los muchos años que llevaba al mando de Sinop jamás se había sentido peor, estaba realmente desesperado y apurar los pagos que había prometido aceptar como viniesen le revolvía el estómago hasta el punto de sentirlo incrustado en su espalda. Para colmo de males llevaba toda la mañana lloviendo fuertemente y hacía un frío de congelador, con lo que no tardaron en caer los primeros copos de nieve. Se apuró en bajar el puerto antes de que la cosa agravase, y zanjó todos los hogares que quedaban por visitar, no sabía como se las arreglaría, pero algo ingeniaría y mientras conducía sentía el tictac del corazón en el centro de su cabeza, primero débilmente, después más fuerte cada vez. Era el cúmulo de estrés de las últimas semanas que hacía acto de presencia sin avisar, después le atenazaría el cuello y se iría extendiendo por los hombros hasta dejarle la espalda tan rígida como una tabla de planchar. Sin pensarlo dos veces se detuvo en una cafetería para tomarse una tila bien cargada.

Se escuchaba de fondo un cántico extraño que no tardó en descifrar, era el de los niños de San Ildefonso cantando la lotería de navidad.

- ¿Ha salido el gordo?_ preguntó más que nada por intentar distraerse con un poco de conversación.

- Es el único que queda por salir, veremos donde cae este año_ le respondió el camarero antes de perderse un buen rato en la cocina.

Un estrépito capaz de tirar los tabiques abajo anunció que el gordo acababa de salir. El número llenó la pantalla unos instantes y parpadeó dentro de su cabeza, agotada por completo de pensar. Le pagó al camarero y regresó al camión. Apenas había arrancado cuando sonó su teléfono móvil con insistencia, era su mujer, y la verdad que no sabría cómo decirle lo que le debía decir.

- Dime_ le dijo sin entusiasmo.

- ¿Sabes en qué podríamos invertir 30.000 euros?

- Sí, se me ocurrirían unas cuantas cosas, la verdad_ hubo una esperanza lejana que cosquilleó en su pecho- ¿a que viene esa pregunta?

- Es justo el dinero que nos acaba de tocar.

Alberto observó el lugar inhóspito en que se encontraba. Rodeado de bosque, en un mediodía en que comenzaba a oscurecer, los copos de nieve cayendo cada vez con más fuerza, los coches circulando despacio y dejando huellas de neumáticos tras de sí. Puso el manos libres y la voz aterciopelada de su esposa siguió hablando y hablando mientras bajaba el puerto y regresaba a casa. Mientras recuperaba la calma que tanto tiempo le había faltado y pensaba en llegar a casa y encontrarse con ella nuevamente, lejos de los agobios. Nada deseaba más.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Crítica literaria

Estoy leyendo un libro después de mucho tiempo de sequía, y me encuentro con que varios críticos literarios han tenido a bien explicarme la vida de su autor unas páginas antes del primer capítulo, en que se supone el autor lo ha escrito como un exorcismo literario de su pésima vida matrimonial. Es un clásico de todos los tiempos, y admito que un escritor al que nunca había leído. La pésima vida matrimonial del autor es algo que pongo en entredicho al ver el número de hijos que tuvo con su mujer, y no coincido para nada con la lectura del libro tal que hacen los críticos literarios. Así que de nuevo me siento un bicho raro que no entiende nada, y me alegro de que jamás me vayan a publicar porque no quiero que ningún crítico literario explique por mí los motivos por los que escribí tal o cual obra, creo que una obra escapa a todos, incluso a su autor y que se escribe con la intuición y no con la razón. Se escribe para realizar un viaje por los entresijos de todo lo oído, visto, escuchado, imaginado, y aquello que de alguna manera nos ha preocupado, casi siempre llegado de un exterior en el que ni hemos estado, pero ese en el que nos quisimos aventurar. Y la obra de un autor no le pertenece ni a él mismo en cierta medida, aunque estoy de acuerdo en que a veces para entender la obra de un autor tal y como afirman de éste es necesario conocer su vida. Algo que dicho de paso podrían ahorrarme pues como he dicho no me creo lo de su vida matrimonial tan terrible, de haberlo sido es totalmente incongruente tener tal cantidad de hijos con ella y seguir a su lado viendo pasar los años...

Antes de la lectura del primer capítulo dicha crítica me advirtió que ese era un libro que venía a reflejar todas las angustias maritales de su autor, y que era por tanto un libro agónico, al menos eso entendí en su advertencia y pues bien, respiré hondo para adentrarme en un libro que me resultaría difícil de leer, y que quizá abandonaría pasadas unas horas. Y nada más lejos de esa verdad, ya que llegué a la página 88 y me reí todo lo que quise y más, por los razonamientos llevados a cabo por su personaje principal, eso sí, acerca de la mujer y del matrimonio.

Tras lo cual hoy me siento aún más rara que ayer, porque soy capaz de encontrar en un libro lo contrario a lo que otros han encontrado. No dejo título ni autor por respeto, tanto a ese autor como a quienes han estudiado a fondo su escritura, algo que yo haré sin duda a título personal ya que necesito leer, y estoy feliz de poder leer al fin algo que me atrape de pleno. Creo que cada lector lee un libro diferente en el libro que está leyendo porque cada lector tiene un bagaje de vida y unas convicciones de las que es imposible que se apee, incluso para realizar un viaje al que ha sido invitado justamente para eso, para bucear en un submundo que otro ha creado a partir de su pensamiento. Creo que el objetivo de la escritura es ese, te muestro un mundo que he inventado, ven sumérgete e intenta extraer de él tu propia lectura, esa que te sirva a ti, para entender mejor todo lo que te rodea, y que sea para bien.

Quede claro que nunca intento tener la razón, es algo que no me preocupa, sólo me dedico a sacar conclusiones para hoy, esas mismas que mañana pueden variar, tal como el cielo oscuro de esta mañana puede derivar en una tarde de sol repentina.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La princesa repite modelo

Hoy es noticia en el telediario matinal, en su visita a Perú la princesa Letizia está repitiendo modelos que ya ha usado para otras ocasiones. No voy a negar que siento una especial simpatía por una mujer que ha roto moldes en un lugar donde el protocolo lo mantiene todo a salvo, y que sin embargo no ha podido con el amor. Me encanta que sea precisamente el amor el que sea capaz de ensanchar horizontes, renovar costumbres e imponerse, no con armas de destrucción masiva, sino con una simple mirada que no necesita de palabras para llegar y arrasar, para establecerse y ganarse su lugar por derecho propio. Sin trampa ni cartón, porque si algo no puede imitarse es la mirada con que sólo saben mirarse los enamorados, que se miran así lo quieran o no, por mucho que se afanen en guardarlo en secreto. Es como la combinación de sol y lluvia que produce irremediablemente un arcoiris, no conozco a nadie que vea un arcoiris y sea capaz de reprimirse a su dulce irradiación.

Pues eso, que la princesa de Asturias repite modelo. En Asturias siempre se repite modelo, no sé porqué deba parecer algo tan especial. Quizá es un modo de hacerle saber al mundo que España necesita reciclar, o que piensa ponerse la ropa que más le gusta las veces que le venga en gana, porque para eso la ha escogido y por eso le encanta, porque sirve para más de una ocasión.

Quizá es un modo de hacerle saber al mundo que no es un calco de otras princesas, que ella es ella nada más, y que si cuenta con la aprobación fidedigna de su marido cuenta con todo, y que jalee el mundo todo lo que quiera, porque se habla mucho de libertad, de respeto, de saber estar...se habla de muchas cosas, pero siempre se habla demasiado en todo caso. Y se repite modelo porque se repite modelo, qué importa el motivo, haberlo hailo y basta con que ella lo sepa, ¿acaso debe importarle a alguien más?

Frase

Escribir tiene un algo de ego, un algo de vergüenza, un mucho de soledad y un todo de generosidad.
Frase de Anónimo

La he extraído de aquí porque es preciosa.




miércoles, 24 de noviembre de 2010

El amor no tiene edad

Hacía un frío invernal y Anaís salió de su casa sin chaqueta desafiando a todos los elementos, su madre la dejó ir esta vez, segura de que sería la última vez en que lo haría. Era una tarde de domingo de esas para quedarse en casa, pero ni aún así hubo un cambio de planes dentro del grupo que iba a dar un paseo, y si acaso tomarse un refresco en alguna terraza de las que miran a la playa. Allí, sobre todo allí se necesitaría una chaqueta le insistió su madre, pero Anaís la dejó olvidada sobre su cama muy a propósito. Y se fue con sus tejanos ceñidos, sus botas altas, la camiseta de su grupo favorito y sobre ella una sudadera azul marino con el interior de la capucha en color blanco, a juego con la enorme margarita alojada en su pecho. Llevaba la melena suelta, y algún que otro mechón acariciaba sus mejillas arreboladas, al fondo de sus ojos podía leerse una honda satisfacción, una aureola blanca la envolvía de pleno y sus labios sonreían todo el tiempo, contrastando con el día pésimo que se iba colando por la ventana.
Todas las advertencias las recogió con un sonoro silencio de eso ya me lo has dicho mil veces y un asentir de cabeza, seguido de muchos síes, a si había cargado su teléfono móvil, a si llevaba dinero, a si irían todas sus amigas, a si sabía a la hora justa y en el justo lugar en que la esperarían. Luego llegó el tiempo de los noes, no se quedaría sola, no se alejaría del grupo, no haría esto ni aquello ni lo de más allá, no, no, no, y todo sin perder el ánimo alegre que la acompañaba.
Durante la tarde llovió y ventó, después se hizo la calma y cuando fueron a recogerla esperaron encontrarla aterecida de frío, pero llegaba con una chaqueta de chico que le quedaba muy grande. Fue difícil saber a quien se veía más feliz, si al chico que llevaba la camiseta de manga corta y se frotaba los brazos para vencer al frío, o a la chica que llevaba puesta una cazadora que no era suya y que no pegaba para nada con su ropa. Se miraron un segundo mientras Anaís recogía su abrigo corto y le tendía su chaqueta diciendo gracias, mientras él se la ponía regocijado en ese calor proveniente de ella y respondía de nada.
Hay una inocencia innata que se escapa de pleno cuando se es lo suficientemente joven para ser inexperto, un creer que todos los secretos se mantienen a salvo. Como si el amor pudiese ocultarse con solo pretenderlo, o como si la caballerosidad hubiese desterrado de este nuestro tiempo. Pero afortunadamente no sucede ni uno ni otro. Nada que sea bello y puro tiene fecha de caducidad. El amor no tiene edad y la caballerosidad cuando existe se traduce en gestos, es espontanea como la misma lluvia, llega sin avisar y lo dice todo, aun cuando guarde silencio por no delatarse.

Nada delata tanto como una verdad envuelta en pureza.

martes, 23 de noviembre de 2010

Lucha de poder

Las cosas se pusieron tan feas que Patricia decidió ponerse a trabajar, y a Berto no le quedó otra que aceptarlo pese a haber estado luchando contra ello toda su vida. La quería en casita y a ser posible en completa soledad, hábilmente la había ido apartando del mundo y la había dejado exclusivamente a su merced, ella había protestado y se había encontrado con tantos problemas y discusiones que finalmente sucumbió, y aceptó el destino que le había sido impuesto porque entendía que se podía renunciar por amor.
La crisis fue una buena oportunidad para recorrer la distancia desde su casa al mundo y en pocas semanas de buscar trabajo lo encontró, un trabajo a su medida, un puesto en una frutería con un horario que ella misma estableció y un transporte público que la llevaría de vuelta a casa antes de que Berto saliese de trabajar. Todo perfecto.
Trabajar le devolvió la vida que recordaba, el sentirse útil todo el tiempo ante ella misma y los demás, llenó sus horas de ajetreo, de charla, de sonrisas, de entretenido trajín y de nuevas aspiraciones que la oxigenaron por dentro.
Berto pudo ver la diferencia desde los primeros días y arrugó el entrecejo, enmudeció de un modo sospechoso y se ocupó en llenar el interior de todos los armarios de la casa de quejas, Patricia las fue doblando y colocando, de modo que apenas lograsen estorbar. Estaba feliz de haber encontrado una ocupación que la llenaba de vida, que le permitía vivir con más holgura y encontrar un espacio para sí, y para todas las cosas que creía imprescindibles, como conversar con muchas gentes diferentes, de las que diariamente aprendía un montón. Sus ojos en el espejo le devolvían una luz que llevaba muchos años apagada, sumida en la soledad de un hogar donde las paredes permanecían todo el tiempo silenciosas, una luz que esperaba en silencio que se apagara, pero que sin embargo brillaba más y refulgía en los ojos de Berto con un aura de sospecha que pasaba a llenar también los armarios, y que ella doblaba con esmero sin saber donde guardar, rebosaba sospecha por todas partes sin que nada lo pudiera remediar.
Dejó de afeitarse y de cambiarse de ropa, sus zapatos dejaron de pisar la casa con sonoridad, comenzó a protestar por la comida a todas las horas, por esto y por aquello, escondiendo que en realidad lo que estaba era celoso, de que todo el mundo a todas horas le hablase de la eficiencia de ella, de lo muy cambiada que estaba y lo feliz que se la veía mientras trabajaba, y los muchos clientes que se sumaban cada día en la tienda. Él comprimía sus labios hasta que las arrugas se le acentuaban, los ojos se le achicaban y el silencio gritaba, entonces llegaba la hora del ahueque y del ya hablaremos. Y de doblar en los armarios toda la indignación, que también iba buscando su espacio, allí donde ya ni había.
Comenzó a quedarse días enteros de baja, aquejado de una enfermedad que nadie sabía diagnosticar. La llamaba cada veinte minutos por teléfono, y cada vez con una excusa distinta: se había terminado el champú, no encontraba su camisa azul, no estaban planchados sus pantalones grises, el gato no tenía pienso, había una mancha de humedad una esquina del cuarto, la pintura de las ventanas se empezaba a desconchar, los espejos tenían huellas de dedos, había pelusillas debajo del sofá. Así estuvo días semanas y meses.
Patricia no pudo más, y decidió despedirse a sí misma del trabajo, regresar de nuevo a casa y renunciar a su sueldo por un poco de paz. Berto volvió a afeitarse, a cambiarse de ropa, a sonreír como un bobo a todas horas, dejó de ver pelusillas, huellas en los espejos, de saber que se había terminado el champú, y sus zapatos comenzaron a chasquear de un lado a otro.
Patricia se quedó sin brillo en los ojos, sin sonrisa en los labios, sin gente diaria a la que recibir, sin sentirse útil, y sin sueldo propio. Ya no quedaban ni rastro de las quejas y sospechas que había dobladas a toneladas dentro del armario, ni hubo más llamadas telefónicas de Berto a ninguna hora, ni protestas por la comida o cosa cualquiera.
Siguió habiendo manchas de humedad, pinturas desconchadas, ropa sin planchar, huellas y pelusillas, toneladas de hastío para doblar y guardar dentro de los armarios, pero Berto ni lo vio, solo veía la vida que quería para sí en el lugar correcto, y Patricia veía algo que nunca vio, algo que nunca quiso reconocerse... pero todas las noches soñaba que Berto era su carcelero.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Era un nómada confeso

Nació miedoso, el más miedoso de todos los que haya visto, y ya desde el principio no se dejó querer. Se escondía bajo el tanque del gasoil de calefacción y no había forma de sacarle de allí, que era su refugio. Cuando estaba de buen humor podía asomar sus bigotes una cuarta y dejarte ver sus ojos negros, desconfiados y ausentes unos segundos, para hacerse invisible otra vez, y sordo a todas las delicias que le hubieses traído con la esperanza de hacerte su amiga por una vez y ganarte su confianza para siempre. Pero era impertérrito en su capacidad de mantenerse a salvo de cualquier ser humano, supongo que era parte de su naturaleza, o de su aprendizaje de vida.

Y es que su madre les tuvo a los tres en una casa abandonada, lejos de los gatos de la casa, quizá para que no viniesen a molestarlos y obtener así un algo de intimidad. Quizá no calculó que en verano pueden venir días de mucha tormenta y viento, escapados el resto de días de calor, porque la naturaleza es siempre imprevisible. Lo cual no evitaba que ella viniese a casa para alimentarse alguna vez, y que iniciaras pesquisas tras ella en busca de sus hijos, y que ella más lista que tú te llevase lo más lejos posible y se mantuviese quieta el tiempo suficiente para desesperarte y desentenderte de ella advirtiéndole que era una madre negligente y que algún día pagaría por ello. Se lo decías y en el fondo sabías que eras una paranoica y ella una madre ejemplar, harta ya de que todos sus hijos terminasen despareciendo bajo las ruedas de un coche. Esta vez creyó hallar la solución, en el refugio improvisado de una casa eternamente en venta y dejada a su suerte por sus muchos herederos. Lo bastante lejos de la carretera quizá para darles a sus hijos una vida no más cómoda pero tal vez más segura.

Eso creyó hasta la noche en que la raposa hizo acto de presencia e incordió, y regresó con sus tres hijos a saber cómo hasta la casa. Y escuchaste maullar débilmente y al volver un barreño semivolcado por el viento los pudiste ver por primera vez, dos marrones rayados a lo tigrés y uno negro de hocicos blancos y blancos calcetines, tan gracioso que no se dejó atrapar y huyó despavorido mientras te llevabas a sus hermanos al interior del sótano y les dabas leche. Después fuiste tras él y conseguiste que se encajara de tal forma tras el saco de big bag repleto de arena que creíste que se ahogaría sin remedio y te rendiste a su mala suerte provocada en parte por ti y tu absurda insistencia. Te pasaste la mañana en un ay, y sin querer asomarte, sin poder concentrarte y sin poder llevar a cabo tus muchas tareas, solo las imprescindibles. Porque sabes que hay cosas que solo te pasan a ti y que no podrás evitarlas a más que quieras. O eso creías porque cuando reuniste el valor de salir a mirar ya no estaba allí, y volviste a tus pesquisas hasta atraparle, no sin un premio de arañazos ensayados para ti. Todos tus tatuajes acaban siendo repentinos temores gatunos que luchan por zafarse de tu empeño de protección, no sé como te arreglas, eso pensabas mientras le llevabas con sus hermanos aún sin creerte que siguiera vivo después de encajarse de aquella forma entre quinientos kilos de arena y la malla del cierre. Era un gato desnutrido, flacucho hasta no poder más y tan pequeño que te sobraban manos para llevarlo al lugar del que no le dejarías escapar hasta que doblase en tamaño y docilidad, aún no tenías ni idea de que hay personitas que no se dejan embaucar y que una de esas personitas se escondía tras sus ojos quietos, tras su mirada de no me convencerás y tras su actitud sellada a cal y canto. Pero deberías saber que convives con demasiadas personas que se dejan todas las puertas abiertas una y otra vez, y que tardarías meses en volver a verlo.
Mientras sus hermanos permanecieron allí atentos a tus cuidados él se fue para no volver, era un nómada confeso.

Y regresó después de mucho tiempo en que hubo un sonoro vendaval, tanta lluvia como tuvo a bien caer, y se quedó en el prado, mirándote a través del ventanal, retándote a que fueras a por él, porque ahora aceptaría de buen grado tus cuidados. Así lo pudiste entender, y se dejó atrapar mansamente, e incluso apoyó su cabecita entre tus brazos, sumiso y obediente como no lo viste jamás, tan delgaducho como nunca y mirándote con sus ojitos de súplica. Parecía suplicarte cuídame, ahora sí que me dejaré cuidar, ahora sí he aprendido la lección y no voy a escaparme más, al final te he comprendido. Pero no fue capaz de beber apenas, no pudo comer y se quedó en su canasto de trapos muy quieto junto a sus hermanos. Se dejó acariciar hasta dormirse, y despertarse después, parecía arrastrar un cansancio de siglos y un hambre de cuidados jamás imaginado. Comenzó a comer despacio, más seguro ya de sí, y a las tantas de la madrugada te fuiste a dormir, esperando un feliz mañana. Pero la mañana tuvo que comenzar sin él, rígido en su lugar, abandonado por sus hermanos que dormitaban sobre la alfombra muy lejos de su frialdad mortal.

...Lo mismo de nuevo otra vez, pero de distinta forma...


domingo, 21 de noviembre de 2010

Frase

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió


Joaquín Sabina

viernes, 19 de noviembre de 2010

Matemáticamente imposible

Las matemáticas no son lo mío, me hablan de números y solo si la cifra es pequeña la soy capaz de repetir, por eso cuando me encuentro frente a un matemático mi fascinación se hace inmensa. El otro día sucedía por casualidad, una de esas casualidades que te hacen encontrarte con gente interesante, que acapara tu atención de principio a fin porque su tema de conversación te parece lo nunca planteado, y su coherencia la que quisieras para aquellos que gobiernan. El tema que surgió de pronto fue Haití, nadie supo explicarse de donde lo sacó, pero está claro que llevaba meses rondando por su cabeza.

El hombre se hacía una pregunta muy concisa. ¿Donde está el dinero que cada haitiano debería tener en sus bolsillos en este preciso momento?
Arqueé las cejas porque era una pregunta dirigida a mí para la cual yo no tenía contestación, una pregunta que respondieron todos los presentes, que eran muchos y que apuntaron en la misma dirección, algunos con más ingenio que otros. Él siguió adelante con su obsesión, reconoces las obsesiones de los demás en el momento en que eres consciente de las tuyas.

_ Es que con el dinero que se donó a Haití_ nos dijo completamente en serio_ cada haitiano en este momento debería tener ( no recuerdo la cifra porque hubiese necesitado una buena pausa para poder asimilarla, o un lugar donde apuntar, pero sé que era una cifra capaz de resolver cualquier vida) y ya ves como están. Con la que está cayendo vuelven a estar igual sino peor. Yo no veo mejora alguna en sus condiciones de vida, y están muriéndose a centenares a día de hoy por beberse agua contaminada. ¿Es que no les quedó ni para agua embotellada? ¡Necesito que alguien me lo explique!...

Hay momentos en la vida que resultan impagables porque de pronto todo el ruido del mundo se apaga y puedes escuchar aquello que vale la pena escuchar. Por eso mismo cada resquicio de luz se oscurece y te das cuenta que a partir de entonces solo queda oscuridad. Oscuridad y silencio por todo aquello que jamás funcionará. Y aunque decidas callarte, las palabras que son como el viento se te escaparán, para dejar constancia de sí mismas, de que son, y de que están.



jueves, 18 de noviembre de 2010

Fuera de cobertura

En estos días una avería me mantuvo alejada de la red, y al volver me he encontrado muy pocas novedades. No es la primera vez que constato que nadie larga tanto como yo, y que por lo mismo nadie se equivoca tanto. Quizá hay que recuperar el silencio para ser consciente de su sabor, el sabor de ser únicamente tú quien sabe lo que estás pensando. Esta ha sido mi única reflexión en todos estos días con mi impertérrita superconcentración, a penas he abierto la boca, he andado sumida en divagaciones varias que han llegado a una sola conclusión: ando demasiado por la red.

El tiempo real tiene un sabor que casi se me había olvidado, y este presente es demasiado complicado y fascinante para andarme por las nubes. Recopilo información para un lugar que está lejos de los teclados, y está cerca de una certeza que es todo cuanto vengo a dejar hoy: La magia nos espera en cualquier lugar, cualquier día, cualquier minuto, cualquier segundo es el momento ideal, solo hay que dejar de soñar y vivir la realidad del momento. En todas partes hay gentes que vale la pena conocer, y para conocerles hay que caminar sin prisas, sin metas, sin condiciones. A veces desconectado de internet, es eso todo lo que sé, y si me veis en silencio que sepáis que soy de carreras cortas pero intensas, y que todo cuanto pudiera decir lo he dejado dicho ya en alguna página anterior. Aún me asombra haber podido decir todo lo que a veces ni me atreví a decir y que nadie me haya insultado. El único comentario malsonante lo dejó mi hijo un día que protestó y le dije que dejara constancia de su queja porque para eso están los comentarios. Comentó y repliqué su comentario, desde entonces si leyó se abstuvo de decir nada, es seguro que a través de estas páginas llegó a conocerme mejor que nunca. Los humanos somos raros, esa es la verdad, y ninguno tan raro como nos creemos, eso a juzgar por lo visto aquí. Creo que llega un tiempo de silencio y anuncio que lo pienso disfrutar. He decido disfrutar cada instante de mi vida venga como quiera venir, solo tengo esa certeza e incluso esa regalo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre la televisión actual

Hay algo que no consigo quitarme de la cabeza desde hace tiempo. Soy una turista y llego a un hotel español, me da por poner la tele, sencillamente por saber en que clase de país estoy, y me encuentro con lo que a diario soportan quienes decidan tener un rato la tele encendida en cualquier canal. Ya que estar viendo algo aceptable no significa que cuando se sucedan rápidamente los créditos finales no aparezca cualquier clase de cosa que quizá te cause repelús, ver la tele hoy en día es un deporte de riesgo y algunos programas deberían llevar en su comienzo la pantalla azul que sale cuando se habla de medicamentos y sus reacciones adversas.
Todos conocemos a personas sanas que se mueren de repente, casi que cada vez más, para cuya muerte nadie encuentra explicación y quizá la explicación estuviere en el tipo de televisión que consumían, suena a risa, pero estoy segura que si a diario siguiese muchos de los programas que ponen moriría. Es un hecho, me dan sudores, indignación, vergüenza ajena ( ya, ya sé que este blog debería dármela, pero aquí de momento no me da ;), y me crispo, me crispo mucho, tanto que en mucho tiempo no me consigo peinar, me miro al espejo y mi pelo se queda electrificado hasta que vuelvo a la calma. Ningún especialista me sabe curar.
Y aquí se me ocurre establecer comparaciones, porque lo mío de siempre es comparar. De un tiempo para acá nos preocupamos mucho de los conductores y les quitamos puntos por hacer maniobras arriesgadas, les multamos, les sisamos los bolsillos porque beben y conducen, se saltan semáforos en rojo, llevan los focos sucios, conducen como locos, salen al arcén sin su chaleco, se accidentan y olvidan poner los triangulitos mientras se curan del susto, llevan luces fundidas y no se pispan.... Se cuida el lenguaje escrito hasta el punto en que de buenas a primeras se cambian las normas aquí y allá volviendo locos a quienes escriben a diario, eternizando las correcciones de manuscritos dormidos en un cajón, catalogando de nuevo los nombres de ciudades, quitando acentos que ya no sabemos quitar, poniendo nombres ridículos a letras añejas ya... Y sin embargo dejamos que se nos llenen los canales de televisión con cualquier cosa, es más, se ha establecido una competición: La de a ver quien afilia a su programa al colaborador más cutre de entre los cutres a bordo. Eso no lo dicen, pero no hay más que verlo y escucharlo -eso si quieres-, pero si no quieres entre programa y programa te asaltarán y tendrás que oírles el intervalo de tiempo que te lleve rescatar el mando de la tele entre tu sarta de papeles y apuntar con el mando del revés, y luego del derecho, para enviarles a paseo; tiempo más que suficiente para llevar los pelos de punta el resto del día, eso sin que lo puedas evitar.
Pues eso, hemos quedado en que soy una turista que viene a España atraída por todo lo que tiene a descubrir, pongo la tele, evalúo unos segundos y voy cambiando de canal en canal, no es que sea muy estudiada - no vamos a complicarlo-, estoy muy cansada tras mis muchas horas de vuelo, tengo la maleta sin deshacer, me he gastado una parte importante de mi dinero en llegar volando, y estoy pensando. Sigo cambiando de canal a canal y sigue pasando el tiempo, luego sigo pensando. Finalmente lo tengo claro, recojo mi maleta, entro en el ascensor y explico en recepción que me ha surgido un imprevisto. Vuelvo al aeropuerto y evalúo a que país me quiero ir, visto lo visto, lo decido y me piro vampiro con una cruda determinación: No quiero conocer a los españoles porque a simple vista sé como son todos: gritones, maleducados, chismosos, estropajosos, piojosos, incultos, zafios, bordes, crápulas....( seguiría así todo el vuelo hasta aterrizar y empaparme de otro país que me temple los nervios...). Y nadie podría censurarme por hacerlo, porque quieras o no, la televisión es la carta de presentación de un país, y habla mucho de las cuestiones políticas y del estado. Es mi forma de entenderlo y contra eso nadie tiene nada que decir, soy una turista y como tal yo decido entre qué tipo de gente quiero convivir. Quizá no sea justa, pero no soy juez y nadie me condena, en uso de mi propia libertad te advierto una cosa: Tu país está tachado de la lista de países que me apetece conocer, y me horripila, aunque eso sí, te compadezco si te ves obligado a vivir en un sitio así, y si toda la gente que conoces es como la que aparece en tu televisor a ciertas horas, esas horas en que estuve viendo la televisión :S

Una historia que da que pensar

Nostalgias, diferentes modos de nostalgias nos asaltan y se nos hace raro que las nuevas tecnologías nos den para cosas inimaginables. Hay textos que te alegran la mañana y que te hacen pensar, en concreto este. Lo dejo aquí porque nada me gustaría más que descubrir un día alguna sorpresa como estas. Enhorabuena.





miércoles, 10 de noviembre de 2010

Un reflejo como un espejo

A veces alguien consigue dar una crónica de todo aquello que tú piensas, solo que tú no sabrías contarlo o sencillamente no tienes tiempo para hacerlo. Afortunadamente siempre tienes tiempo para leer y para compartir. Y para disfrutar de un escrito de esos que te descargan tu polo negativo, que a veces pesa.

martes, 9 de noviembre de 2010

Una propuesta

Me gusta que me hagan propuestas, quizá para la vida de una ama de casa no hay nada mejor que participar en algo que le gusta sin moverse de casa. Es fácil y sencillo poder soñar que se tiene una voz que llega muy alto para reclamar aquello en lo que se cree. A través de este blog intento reflejar, atrapar, retener, agrandar...todo aquello que me mueve y nada me mueve más que un sueño, un ideal, una esperanza, o algo complicado de lograr. Ya sabéis que nunca suelo pedir nada a los que estáis ahí, os sigo porque casi todos escribís textos que me hacen pensar o reír, textos que me hacen sentirme acompañada y arropada, y que alejan ese sentimiento antiguo de ser un bicho raro. No soy un bicho raro, soy una más, esa lección es la lección que he aprendido siguiendo vuestros escritos. Y también aprendí que todos sin excepción queremos un mundo más justo, un mundo mejor. ¿Pero como se construye? Es difícil construir un mundo mejor en un tiempo en que llegar a fin de mes es tan complicado ¿verdad que sí? Pues no nos quedemos parados, intentemos con nuestras palabras cambiarlo, tal vez no cambiará, pero al menos habrá un lugar donde quede reflejado. Esa es la propuesta que os hago. Que nos hacen. Yo ya me he apuntado, porque todos los pueblos de la tierra son el mío.




lunes, 8 de noviembre de 2010

Voy a escribirte un cuento

Cuando encuentre el modo y la forma, cuando encuentre la voz y la determinación, cuando encuentre el tiempo y la motivación, cuando encuentre las palabras y sepa atraparlas, cuando encuentre la adecuada estación. Cuando encuentre el tono y el pulso, cuando encuentre el escenario y los personajes secundarios, cuando encuentre las ganas de escribir. Voy a contarte el cuento de porqué mi no firme es un no tan firme y tan imposible de hacer variar, pero te lo advierto, tardarás muchos años en comprenderlo, tantos años como han de faltarte hasta que te halles en mi misma situación. Lo que el duele el corazón de una madre cuando dice no, solo el corazón de una madre lo sabe: duele por dos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Frase

En el terreno literario, trátate mal a ti mismo. Si tú te tratas mal, los demás te tratarán bien. Si tú te tratas bien, los demás te tratarán mal.

Medardo Fraile


Esta frase la encontré en una entrevista a la que llegué por casualidad, y que me parece la mar de interesante para cualquier aspirante a escritor. La dejo aquí:



viernes, 5 de noviembre de 2010

La huella del talento

No me cansaré de repetirlo, llegué a la red con un único objetivo: encontrar buenos textos que leer, un hecho que en cierto modo ha explosionado ante mí, casi haciéndome retroceder en todas las aspiraciones que tenía en marcha. Me ha paralizado, me ha dado media vuelta del revés y me ha devuelto la cordura que en mi caso se pueda tener -que supongo no sea mucha. Uno va investigando y va encontrando todo aquello que buscaba sin brújula alguna, dejándose llevar del mismo modo en que le gusta escribir, casi al tuntún. Pero la sensación de encontrarse ante lo nunca contado es una sensación de tal plenitud que te dibuja una sonrisa imborrable, cicatrizante de heridas de soberbia y de una forma indefinida te hace renacer. Cuando te encuentras con alguien que escribe mejor que tú puedes saberlo, porque un hueco muy grande encuentra su relleno. Y decides compartirlo ofrecer la posibilidad de que otros sientan lo que sentiste tú. Algo que quizá no sea porque como cada fruto, cada escrito tiene su sabor y todo es cuestión de gustos.


jueves, 4 de noviembre de 2010

Esperando por mí

Tal parece que esperaba por mí, eso se diría por el modo en que estaba dispuesto, tan estirado, tan arrogante, mirándome desde la distancia para llamar mi atención, y claro sólo pude acercarme hasta atrapar su título. Entonces lo reconocí, era el libro ganador del último premio a que me presenté, y quizá me presentaré, estaba claro que tenía que traerlo a casa para compararlo con la historia que envié, el objetivo último es una última corrección de la corrección ( me agota si lo pienso fríamente) para ver si puede rescatarse y volverse a enviar, en busca del milagro aún ni inventado. Ya no creo en los milagros, esa es la parte que me desinfla y me hace darle tiempo al tiempo, quizá una eternidad.

Pues bien, después de -lo siento- abandonar la lectura de Rapsodia Gourmet en sus primeras páginas con lo mucho que me gusta, porque no puedo concentrarme. Me pregunté si podré conseguir leer este nuevo libro hasta el final, y supongo que sí puedo porque me gusta la intriga con que empieza, me gusta cómo cuenta las cosas y me gusta lo que lo hace inusual, intercala un poema de hojas desgastadas y amarillas, no un poema cualquiera, uno escrito en 1954 y que parece encerrar el enigma de un asesinato. Me gustan la propuesta y la novedad, de modo que a mi comparación odiosa he de unir el talento creativo, la morosa elección de las palabras y el placer de ir descubriendo la historia a medida que leo. El libro se titula Mujer mirando al mar, y estaba expuesto en la biblioteca que suelo frecuentar, es curioso, pero el primer viaje de ese libro es a mi casa. Mis hijos se rieron cuando les dije que en vez de ese libro pudiera haberse editado el mío, así por casualidad; y de solo imaginarlo me dio vértigo; me gusta demasiado la tranquilidad y sentirme la dueña absoluta de mi vida. Quién sabe cuantas cosas podrían cambiar. Por otro lado también me gustan demasiado los retos y si lo traje a casa fue para concretar qué cualidades son las que valoran en ese premio, me va quedando más claro ya. Se valora lo novedoso y lo bien hecho, por tanto todo cuanto pueda cambiar cambiará a mejor; más que suficiente para poderme retar.

Solo hay un placer mayor que escribir, y es leer un libro cuando consigue atraparte, embaucarte, impresionarte y espolearte, cuando consigue llevarte a una última corrección de la corrección que lleva por premio una mejor cohesión. Un cesar del mar embravecido de textos propios y una calma ajena en que poder remar, disfrutando bajo un cielo azul e infinito de olas ondulantes que impregnen paz.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Para reflexionar

Y para crear un relato corto, máximo veinte folios. Para eso y para mucho más me da todo lo que él cuenta. ¿Hacia donde vamos?, esa sería la pregunta, si preguntásemos cómo vamos, la respuesta queda clara.

Palabras de Miguel Hernández

La poesía es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso dignificarme a través de sus martillazos.

martes, 2 de noviembre de 2010

La vida es bella

O puede no ser tan bella, quizá ni fácil de contar, tal vez no sencilla de entender, pero en cualquier caso una aventura maravillosa que debemos estrujar y retener, afrontar y releer, sin detenernos nunca porque algo está claro, la otra opción, como quiera que sea siempre es peor.

No hay duda que la vida es bella y contada por Roberto Benigni una historia que nunca me canso de escuchar, de ver y disfrutar. Tampoco me canso de llorar, porque a pesar de su magia está contada con el triste matiz de realidad que no pierde de vista la verdad, y la verdad es que la historia está demasiado plagada de injusticias que nunca debieron ser; que son y que serán.

Es un lujo de película, un canto a la imaginación y un amor infinito a lo bien hecho. Por muchas veces que la vea nunca me cansaré. Este es mi modo de dar las gracias por encontrarla una vez y sorprenderme siempre. Mi película preferida en el mundo mundial sin lugar a dudas.


lunes, 1 de noviembre de 2010

Miguel Hernández


SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué ponerse,
hambriento y sin qué comer,
el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque le falten las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.

En estos días se conmemoraba el primer centenario de su nacimiento. Su poesía es limpia y clara como la misma luna. Me gusta la poesía que se puede entender sin esfuerzo alguno, para mí esa es la verdadera poesía, la que habla sin esconderse, la que se hace cargo de sus propias palabras.