jueves, 19 de septiembre de 2013

Las violaciones que prescriben cuando nunca debieran prescribir

Cuando uno es pequeño, piensa que las cosas horribles suceden muy lejos de donde uno vive, va a la escuela, juega con sus amigos o va a la iglesia. Luego crece y resulta que no, que ningún lugar está a salvo de la ignominia. Digo todo esto al respecto de esa noticia que ha saltado hace meses a los medios: un padre viola a sus cuatro hijas, a lo largo de los años en que todo es silenciado, hasta que la menor le denuncia, y la justicia sí puede actuar porque la última agresión sucedió dentro del plazo de diez años en otra década más acostumbrada a bregar con esto, con otros medios y otra mentalidad. Porque resulta que cuando la hija mayor denunció los mismos hechos, corrían otros tiempos distintos y nadie la creyó, la enviaron a casa porque todo lo que relataba carecía de credibilidad. A día de hoy queda demostrado que hace 27 años trajo al mundo a un hijo producto de las violaciones paternas, una prueba de ADN lo demostró.

Pero la ley dice que esta violación no cuenta porque prescribió. Que toda violación sucedida caduca pasados 10 años.

Creo que este caso debería dejar muy claro que una violación no prescribe, al menos para la víctima no. 


La noticia a la que me refiero, la cuenta La Nueva España, recomiendo leerla, aunque no dejo el enlace a ella, porque hay que registrarse para difundirla en redes sociales, lo acabo de leer, y ya no me registraré en más sitios. Hay demasiadas cosas en las que ya dejé de creer, después de saber que nos vigilan por todas partes. 

Es una noticia que cuenta un mundo abobinable en que los padres violan a sus cuatro hijas mientras su madre no parece enterarse, todo raro, ya lo sé. Y donde es la hija mayor la que da la cara, quizá porque ella tuvo que parir un hijo engendrado por su propio padre, producto de sus reiteradas violaciones cuando era tan solo una niña que jugaba con muñecas y soñaba un mundo ideal; un mundo en que los padres cuidan y protegen a sus vástagos de todo mal.

Pues por si todo esto que le sucedió a la mayor de las hermanas no fuese suficiente, ahora, después de comenzar el juicio, su madre y sus tres hermanas se ofenden porque ella dio la cara ante las cámaras y los medios de comunicación, para decir a la justicia que cuando ella denunció estos hechos, contaba con 18 años y la enviaron a casa "porque todo lo que contaba carecía de credibilidad", eso, cuando ella había dado a luz a ese niño producto de esos hechos que relataba.

Puedo comprender esta preferencia de mantenerlo en silencio porque vivo en un pueblo pequeño y porque sé cómo es la mentalidad de estas gentes, a veces no muy distinta a los programas más cutres de cualquier sobremesa de televisión,  pero creo que es esa misma la mentalidad estúpida que se debe erradicar para que algo tan horrible no vuelva a pasar. Pero también creo que no tienen derecho a silenciar sus palabras, después del trato que recibió cuando denunció, porque si como ella misma dice, le hubiesen hecho caso su hermana pequeña no hubiese padecido lo mismo. Tiene todo el derecho del mundo a quejarse porque la justicia está actuando muy tarde.

Antes me gustaba inventarme historias, ahora leo la realidad, y es la realidad la que me frena muchas veces de escribir historias. Veo que entre las historias que invento y las que suceden cada día en el mundo hay un gran abismo, uno que paraliza, pero que sin embargo no me aquietan de escribir en este lugar. A veces las palabras escritas son gritos. No se vayan a engañar.

2 comentarios:

  1. Ninguna debería , ni a la mujer ni a los derecho humanos.

    Un abrazo.

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