jueves, 6 de junio de 2013

Al ritmo en que todo va

Esta mañana en el telediario matinal daban una cifra alarmante, la de niños que acuden cada día al colegio sin cenar y sin desayunar. Nada raro si después de hacer una compra tan mínima como necesaria, uno se asusta ante la cifra a pagar y se pregunta cómo harán quienes están en paro y ya no cobran, he ahí la respuesta: de vuelta a la posguerra en un pestañeo.

Esta mañana recordaba anécdotas familiares que se me antojaban superadas, las historias que contaban los abuelos o los padres, y que a los niños nos costaba asimilar. Nosotros que crecimos en la generación que siempre tuvo un plato en la mesa y que además no lo quería. Que se pedía otra cosa distinta a eso, para comer y para cenar. Era entonces cuando se nos contaban historias pasadas que nos costaba creer que fuesen verdad.

He aquí que entre lo tan repetido por algunos de que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", que significa que nos han prometido que tendríamos trabajo para toda la vida y que el sueldo mensual  no nos llegaría a faltar; asoma una realidad que no esperamos, niños que acuden a la escuela en nuestro país sin cenar y sin desayunar.

Mientras, se sigue planeando subir el IVA por aquello de lo bien que nos va. Que nos vamos al carajo en caída libre y sin frenos, vaya. Que volvemos a la posguerra que nos contaron de pequeños y que parece que nadie lo quisiera remediar. Digo yo que mientras los de arriba se guardan sobres y miran para otro lado, los de abajo algo tendremos que idear para que todos los niños puedan cenar y desayunar antes de irse a la escuela, que debe seguir siendo pública. Porque los hijos de los pobres tienen el mismo derecho de hacerse listos para labrarse un futuro más halagüeño del que parece que vamos a dejarles, si todo siguiese al mismo ritmo en que va.

4 comentarios:

  1. Holaaaa, nos dejas un interesante texto: Es verdad lo que escribes cada vez hay pobreza, yo que colaboro con con Cáritas, va aumentando cada mes más gente a pedir una ayuda.
    No sé adonde nos llevará esta situación injusta total, ¡unos lo tienen todo y más! otros tienen poco muy poco.
    Estamos viviendo en un mundo cruel, de incontrolable violencia y chorizos de guante blanco.

    Hasta cuando? Me pregunto cada mañana al despertar y escuchar las noticias. Gracias por compartir tus sentires.

    Un beso.

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  2. Aún recuerdo la reverencia y el cuidado con el que mi madre trataba la comida. Las historias de muertes por desnutrición en la post-guerra pesaban en su ánimo

    Y tengo suficiente edad como para recordar que en mi infancia, la ternera y el pollo eran platos de fiesta. Y si te daban alguno de ellos fuera de esos días, tenias la impresión de estar enfermo y que te estaban dando dieta especial.

    Nunca pensé en volver a ver situaciones como aquellas. Al menos por entonces se comía a diario tres veces con una cierta frugalidad, pero se comía bien.

    Saludos

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  3. Marina, admiro la dedicación abnegada de quienes como tú se encuentran cara a cara con la realidad más cruda de una sociedad. Yo siempre quise formar parte de alguna clase de voluntariado y al final nunca lo hice, supongo que por alguna clase de cobardía.
    Creo que los futuros dirigentes de este país deberían salir del lado más desfavorable para que algo cambiase de verdad. Creo que no deberíamos mirar a las grandes potencias, sino mirar desde la cercanía a quien menos tiene. Y adoptar el resto a cubrir su necesidad.
    Besos

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  4. Rodericus, parte de las pesadillas de mi infancia provienen de darle un día de comer a un pollo y al día siguiente encontrarle desplumado y descabezado sobre la meseta de la cocina. Ya no digo nada de los adorables conejitos que un día comían hierba y al día siguiente eran despellejados y abiertos en canal. Entonces todos los mayores se te antojaban crueles y gente de poco fiar, justo ahí comenzaba una entidad literaria que sopesaba los recuerdos y la realidad.

    Creo sinceramente que cuando los padres envían a sus hijos sin cenar y desayunar a la escuela, ellos llevan días sin llevarse nada a la boca. Es deprimente de solo pensar la sociedad que estamos construyendo. Y lo complicado que será volver de nuevo a la normalidad. Espero equivocarme.
    Saludos

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