El otro día Rajoy recibía una palmadita en la espalda de Angela Merkel por lo bien que estaba aplicando los recortes, y le animaba a ser incluso más duro para conseguir los objetivos. A mí no hubo cámara que me grabara, por lo tanto no pude emitir mi opinión, y es que a veces, desde los altos estrados deben andarse con cuidado, porque los recortes aplicados no son papeles huecos y tienen su reflejo en la población.
Ayer Cruz roja española aportaba datos: se ha pasado de 909.800 personas que necesitaban ayuda en el año 2008 a 2.390.819 en la actualidad. De ellas el 33 por ciento (más de 600.000) No reciben ningún tipo de ayuda.
Las cifras hablan cuando no son silenciadas. Y en esas reuniones exteriores deberían ponerse sobre el estrado, quizá de ese modo las palmaditas en la espalda se trocasen por una palmada más contundente en los morros. Dije quizá. Es un decir. Qué se yo.
Por suerte Hollande, presidente de Francia, dijo algo que tiene sentido: Hay que recortar, pero no debilitar las economías. Dejen al menos que exponga que en mi opinión Rajoy está debilitando la economía; al menos puedo decirlo de la mía, lo cual no sé si me otorga objetividad, dicho sea con humildad.
La Cruz roja ofrece datos, no se dedica a hablar como le viene en gana. Y esos datos son un reflejo que por supuesto, aunque no se diga, solo reflejan la situación de una parte de la población: la que está siendo recortada en derechos primarios, el derecho a comer por ejemplo, un día tras otro; mientras a Rajoy se le ofrecen amistosas palmadas en la espalda. Me pregunto si lleva datos como este por delante a sus reuniones y si me permiten, diría que no.
Iba a dejaros un enlace al periódico donde leí los datos arrojados por Cruz roja, pero no sé si puede hacerse. De todos modos os invito a leer esas cifras porque son deprimentes. O bueno, me deprimen, dicho con honestidad.
Un blog donde la tristeza y el buen humor caminan de la mano. Donde los límites entre fantasía y realidad se entremezclan hasta conformar un solo presente.
jueves, 7 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
Copio y pego mi opinión sobre cómo está el país
...Aquí parte del problema se deriva de la mala gestión por parte de unos cuantos. Y la cantidad de miles de millones de euros que a día de hoy no sirven a nadie: aeropuertos sin pasajeros, estadios de fútbol abandonados al olvido, edificios carísimos que no sirven para nada, cabezas de tren sin vías por las que circular, obras a medio acabar en las que se invirtieron miles de millones de euros para las que no hay presupuesto de finalización. En definitiva grandiosidades varias que en vez de procurar beneficio solo produjeron gastos astronómicos y trabajo momentáneo.
La ganadería malvive, la minería amenaza con morir, el pequeño empresario se ve abocado a cerrar, la juventud busca su futuro emigrando, quien antes iba tirando con su sueldo se ve hasta arriba de problemas para llegar a fin de mes. Y la situación se mantiene en el tiempo mientras se anuncian nuevas subidas de impuestos que encarecen más la vida y conllevan nueva pérdida de empleo.
No soy nada optimista, porque los desastres aumentan a mi alrededor y en mi opinión hay una parte del rebaño que muere de inanición mientras el otro está siendo engordado.
...Aunque el pueblo llano de una u otra forma buscará la solución a una forma de vida inaguantable en el tiempo.
Os dejo una entrada.
La ganadería malvive, la minería amenaza con morir, el pequeño empresario se ve abocado a cerrar, la juventud busca su futuro emigrando, quien antes iba tirando con su sueldo se ve hasta arriba de problemas para llegar a fin de mes. Y la situación se mantiene en el tiempo mientras se anuncian nuevas subidas de impuestos que encarecen más la vida y conllevan nueva pérdida de empleo.
No soy nada optimista, porque los desastres aumentan a mi alrededor y en mi opinión hay una parte del rebaño que muere de inanición mientras el otro está siendo engordado.
...Aunque el pueblo llano de una u otra forma buscará la solución a una forma de vida inaguantable en el tiempo.
Os dejo una entrada.
martes, 5 de febrero de 2013
Para descansar, un cuento
Lleva varios meses inmerso en la escritura de su segunda novela. Con la primera ganó el segundo premio de un concurso literario. Está agotado y algo atascado, por eso decidió tomarse unos días de tranquilidad y durante esos días escribió un cuento que quiso mostrarnos.
Acabo de leerlo y diré lo que me contó un escritor: un autor nunca tiene perspectiva sobre su obra. Recordaré la corrección de dos cuentos que me envió mi correctora particular, un amor de mujer; donde me di cuenta de varias palabras que me comí: de, entonces, cuando y un largo etcétera. Las que se repetían desde la línea anterior, quizá otra vez, cuando, entonces, de, que había que corregir. Y las que formaban parte de otra frase que se habían quedado allí después de corregidas y en las que no reparé. La respuesta la hallé en algún escrito que encontré en alguna parte, quizá en la red: un escritor nunca lee con la suficiente atención su historia, porque la renueva una y otra vez hasta hacerla tal como la quiere, esa es su explicación, y a veces de tanto corregir mejora las frases o los conceptos, pero le falta la mirada fresca de la primera vez. Solo alguien desde afuera de esa historia puede cazarlo a la primera, por eso lo ve. Se dice que antes de enviar un escrito a algún lugar deberían leerlo al menos cuatro personas, por eso de que cuatro ojos ven más que dos. Pero qué me dicen del placer de hacer un pan en el horno y llevarlo a la mesa calentito y darte cuenta de que quizá le falta sal, o menos cocción, y tomar notas para corregirlo en la próxima amasada e intentarlo otra vez hasta alcanzar la perfección. De momento un principiante disfruta de eso. Y en mi opinión está muy bien.
Ahora vamos al cuento. Me gustó. No se pierde en descripciones abstractas. Es interesante y captó todo el tiempo mi atención. Disfruté leyendo y al final me sorprendió. Creo que podría leer muchos escritos de estos sin cansarme e ir aprendiendo de paso.
Os dejo el cuento
Acabo de leerlo y diré lo que me contó un escritor: un autor nunca tiene perspectiva sobre su obra. Recordaré la corrección de dos cuentos que me envió mi correctora particular, un amor de mujer; donde me di cuenta de varias palabras que me comí: de, entonces, cuando y un largo etcétera. Las que se repetían desde la línea anterior, quizá otra vez, cuando, entonces, de, que había que corregir. Y las que formaban parte de otra frase que se habían quedado allí después de corregidas y en las que no reparé. La respuesta la hallé en algún escrito que encontré en alguna parte, quizá en la red: un escritor nunca lee con la suficiente atención su historia, porque la renueva una y otra vez hasta hacerla tal como la quiere, esa es su explicación, y a veces de tanto corregir mejora las frases o los conceptos, pero le falta la mirada fresca de la primera vez. Solo alguien desde afuera de esa historia puede cazarlo a la primera, por eso lo ve. Se dice que antes de enviar un escrito a algún lugar deberían leerlo al menos cuatro personas, por eso de que cuatro ojos ven más que dos. Pero qué me dicen del placer de hacer un pan en el horno y llevarlo a la mesa calentito y darte cuenta de que quizá le falta sal, o menos cocción, y tomar notas para corregirlo en la próxima amasada e intentarlo otra vez hasta alcanzar la perfección. De momento un principiante disfruta de eso. Y en mi opinión está muy bien.
Ahora vamos al cuento. Me gustó. No se pierde en descripciones abstractas. Es interesante y captó todo el tiempo mi atención. Disfruté leyendo y al final me sorprendió. Creo que podría leer muchos escritos de estos sin cansarme e ir aprendiendo de paso.
Os dejo el cuento
lunes, 4 de febrero de 2013
Cifras silenciadas
Despedir sale tan barato
que su jefe fue despidiendo
uno por uno a los empleados
Y fue contratando aprendices
que trabajan más horas
por menos salario
Jóvenes presionados
a producir más que ayer
bajo el lema Más rápido
Varios fueron los accidentados
menos los fallecidos;
crecen los que esperan ser contratados
Es un negocio turbio
que prospera en las horas negras
entre la corrupción y el desamparo.
domingo, 3 de febrero de 2013
Gafas de sol para esconder desvelos
Gafas de sol enormes en un día lluvioso. Ver a gente amiga y fingir que no, por no tener que detenerse a saludar cuando el alma se va regando a trozos mientras camina. Ese Final feliz entrecomillado que yo preveía para mi amiga es solo un principio angustioso del que no sabe salir, porque no sabe dejar de amar a quien le hizo el último verano tan insoportable que ni sé cómo lo aguantó. Porque aún se niega a entender que esos veinte años de convivencia fueron, acaso desde el mismo principio, su error mayor.
La veo caminar con sus grandes gafas de sol un día lluvioso y aunque me gustaría detener con un beso en cada mejilla su enorme pesar, finjo como ella hizo, que no la veo y la dejo seguir, cargando con su desaliento, una vez más. Y me repito lo complicado que siempre resulta, aunque se quiera dejar de amar a quien no vale ni el recuerdo más remoto.
Ella arrastra su enorme pena mientras él vive feliz una nueva vida. Él recoge a buen seguro besos y abrazos. Ella por su parte los evita. La balanza aplasta de lleno a quien no quiere, no sabe y no puede abandonar.
Triste final.
La veo caminar con sus grandes gafas de sol un día lluvioso y aunque me gustaría detener con un beso en cada mejilla su enorme pesar, finjo como ella hizo, que no la veo y la dejo seguir, cargando con su desaliento, una vez más. Y me repito lo complicado que siempre resulta, aunque se quiera dejar de amar a quien no vale ni el recuerdo más remoto.
Ella arrastra su enorme pena mientras él vive feliz una nueva vida. Él recoge a buen seguro besos y abrazos. Ella por su parte los evita. La balanza aplasta de lleno a quien no quiere, no sabe y no puede abandonar.
Triste final.
jueves, 31 de enero de 2013
La sospecha de Remigia
A Remigia la tildan de loca, esta mañana ha estado viendo el primer telediario y ha vuelto a tener la misma sensación: que todo es un complot para despojar a unos de lo que han conseguido a lo largo de años de duro trabajo, en beneficio de otros, que han saqueado a diestro y siniestro por todos lados; y que escondido en su cajón echarán mano, más tarde que temprano, de todo ese dinero con que comprarán lo que a ella misma, recientemente le han embargado.
A ella como a tantos.
A ella como a tantos.
miércoles, 30 de enero de 2013
Sobre lectura
Comencé el año leyendo De mis pasos en la tierra, de Francisco Ayala, que es una lectura que estoy disfrutando muchísimo. La estructura de los capítulos bien podría ser la de un blog cualquiera, un título y unas pocas páginas sobre esos recuerdos. Su escritura es sencilla y la vez elaborada, su visión del mundo inteligente y al leerle uno se encuentra ante una persona culta, porque de todas sus reflexiones se extrae que es alguien que ha vivido y ha filtrado muy bien todas sus vivencias. Lo recomiendo porque es un libro con el que se disfruta y se aprende a partes equitativas.
Sin embargo diré que como lectora leo con igual pasión a un escritor mayor e inteligente, que a una chica muy joven que habla de la tristeza del primer amor-desamor, que muchas veces llegan de la mano. Disfruto igual de la lectura de un clásico que de una entrada de blog tan impulsiva que después desaparece de un borrón; porque en la escritura subyace la vida. Siempre la vida y las impresiones acerca de ella.
Es por eso que celebro lo mismo un libro de alguien con renombre encontrado en una biblioteca que una entrada de blog de alguien de quien solo sé lo que escribe cuando decide darle al botón publicar de su blog. Nunca y casi en ninguna circunstancia le hago un feo a la palabra escrita cuando es educada o consecuente, porque todo escrito nace del corazón, más deslumbrante cuanto mejor sea.
Sin embargo diré que como lectora leo con igual pasión a un escritor mayor e inteligente, que a una chica muy joven que habla de la tristeza del primer amor-desamor, que muchas veces llegan de la mano. Disfruto igual de la lectura de un clásico que de una entrada de blog tan impulsiva que después desaparece de un borrón; porque en la escritura subyace la vida. Siempre la vida y las impresiones acerca de ella.
Es por eso que celebro lo mismo un libro de alguien con renombre encontrado en una biblioteca que una entrada de blog de alguien de quien solo sé lo que escribe cuando decide darle al botón publicar de su blog. Nunca y casi en ninguna circunstancia le hago un feo a la palabra escrita cuando es educada o consecuente, porque todo escrito nace del corazón, más deslumbrante cuanto mejor sea.
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