jueves, 28 de enero de 2016

Esa lentitud que recupera su espacio

Llevaba tiempo buscando el tipo de libro que quería escribir, lo intuía, pero no sentía la necesidad de sentarme conmigo misma -creo que lo entendéis ;)-, de detener el ritmo de mi vida diaria y andar medio perdida en mundos que hasta que no se comienzan y se terminan no se pueden compartir: luego nadie a tu alrededor te entiende.

Pues bien, se escribe porque hay algo que conmueve al corazón, un sentimiento que no puede ser sacado al exterior de ninguna otra forma. Algo que sacude tu vida de repente y la reestructura de nuevo. Un dolor, un sinsabor, una etapa que por algún motivo se cierra y te reubica de nuevo. Al menos en mi caso siempre es así. 

Cada historia que estructuras necesita un encuadre que encaje a la perfección con lo que vas a contar. Ahora el objetivo es muy grande pero la exigencia es muy pequeña, escribir esta historia desde el principio al final. No importa tanto la forma, el hecho de que sea muy perfecta, ni las palabras, solo importa la coherencia interna, de aquello que ruge por dentro, con lo que sale al papel. No importa los años que lleve, ni las páginas que llene, ni si la historia es buena para los otros o no, aquí no hay objetivos, es un nuevo comienzo y solo el principio. Es una prueba personal de empeño y de amor. Es un intentar devolverle a la vida lo que ella te dio.

Supongamos que una historia que se te ocurre a ti vaya hecha a tu medida desde un principio. Pensemos solo en eso, en que es posible que con tus herramientas construyas algo que a ti te sirva. Quizá plasmarla precise que mientras escribes no pienses en ningún lector porque no es seguro que lo haya. Solo necesitas kilómetros de papel y bolígrafos, aprovechar cada tiempo muerto, anotar las ideas y no desanimarte mientras dura la efervescencia de esa historia que se quiere plasmar a través de ti. Es la historia nueva que reúne dentro toda tu experiencia sobre el mundo de la escritura y es a la vez esa historia que en este momento deseas escribir. 

Ánimo y a por ello.

1 comentario:

  1. Motivadoras tus palabras.
    El escritor que existe en todos nosotros a veces pasa largos períodos dormido, y de golpe, en un instante de lucidez, se vuelve a elevar por los aires para hilar palabras y sentimientos.

    Como si todo lo que brota del interior tuviera un concepto idéntico en el afuera, o como si pudiese expresarse lo que no se conoce, lo que no se recuerda.
    Fíjate entonces como las palabras tornean la realidad, vivifican lo rígido, logran dar forma al flujo que de uno emerge, cambian el mundo.

    Así como la contemplación de cada momento efímero alimenta el alma,
    el delgado paisaje de una Asturias entre cielo y agua nos da fuerza para recomenzar.

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