martes, 7 de octubre de 2014

En tono pesimista

Ellos, quienes solo piensan en cómo enriquecerse a nuestra costa nunca leerán nuestros libros cargados de magia y mensajes de paz. No les interesan. Les importa un bledo la paz del mundo y ese sueño que a veces nos sustenta.


De nuevo esa seguridad de que si hubiesen leído mucho no harían lo que hacen. De que de haberse adentrado en la gran literatura sabrían de sobra cómo se siente alguien oprimido. Sólo tendrían que haber leído algo de Miguel Hernández para saber que clase de mundo no consentirían jamás. Justo ese al que nos acercan peligrosamente.


A esto se le podría llamar bloqueo de escritor, pero no lo es, es algo diferente, es un tono pesimista que se cuela desde todos los espacios de la información que no usa trucos ni mascaras, que cuenta la verdad cruda y dura que debemos digerir.


Es la necesidad de mirar la realidad cara a cara y sin ungüentos la que reclama su espacio, no entre líneas de teclado, sino con manos dispuestas. Son manos que no piden teclear sino trabajar para colaborar de una forma más directa con quienes les necesitan.


Manos y mente dispuestas a combatir esa pobreza que nos siembran por doquier aquellos que nuestros libros, blogs o palabras ya buenas o malas nunca leerán; porque están escritas desde el lado que no les interesa. Vienen justo desde el lado que minuto a minuto, segundo a segundo, planea como pisar para poder subir otro peldaño más alto a costa de lo que sea. A costa de quienes sea.


Abran paso porque no se detienen ante nada que les haga saltar una sola lágrima, ya que no las tienen. No tienen escrúpulos ni conciencia, solo una avaricia que de tan infinita, están vaciando medio mundo para hacerse con su otra mitad.


Desde el lado menos favorable leemos las grandes literaturas. Y nos leemos. Sabemos que sea como fuere un día se irán.





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