viernes, 28 de noviembre de 2014

Esa sensación de rapidez

Veloces los días que aproximan la navidad

que nos hacen más viejos

que nos suman canas,

veloces los días que nunca volverán.


jueves, 27 de noviembre de 2014

Curisosa nuestra forma de leer

A veces leemos un poema triste que nos toca por dentro y llegamos a esa parte que nos trae algo al recuerdo; y sin querer, volvemos a leerlo y lo reconstruimos. No voy a hacerlo aquí porque el poema no es mío y se me haría una falta de respeto, pero resultaría muy sencillo.


Sería algo así: tuve que dejarte marchar porque la muerte no me preguntó, pero sigues viviendo en el recuerdo de los días que compartimos. Esos días que unas veces lloran de dolor y otras veces resuenan de alegría porque todo lo compartido se quedó. Así como vive lo importante que una vez ocurrió.


Os dejo el poema de Sneyder porque es precioso y porque en esta mañana rara eché en falta a una persona. De esas veces en que te gustaría rescatar a alguien de su eternidad tan larga para darle un achuchón. Cumplí el encargo de abrir el buzón para recoger las cartas de la casa esta temporada a veces vacía. Y al abrirlo, algún ayer se me coló.


El día no puede ser más soleado y perfecto, pero a buen seguro trae retazos de algún día compartido, que en alguna parte del ahora pediría continuación. A fin de cuentas quienes nos otorgan la vida siguen revoloteando en nuestra sangre. Me quedo con eso. Porque me gusta quedarme con lo mejor.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Historias de nuestro día a día

Hace días tenía pensado escribir una historia sobre esto, pero mis historias salen tristes, así como desangeladas ya partiendo de una alegre realidad, de modo que sobre algo como esto ya ni quiero imaginar. Lo haré porque nos ofrece un viso de lo que sucede en nuestra vida diaria, porque refleja con cuan poco podemos lograr que alguien, ya no solo nos sonría con su sonrisa más sincera, si no que además nos regale una de esas frases que a partir de ese momento ya nunca podremos olvidar.


Llegada a primera hora de la mañana  al supermercado, acaban de abrir, hace un día congelado que amenaza lluvia. Encogido en su cazadora un chico negro, altísimo y muy delgado sacude los pies para entrar en calor. Así de prisa rebusco entre las monedas que van quedando junto a la palanca del cambio y adjunto una moneda de veinte céntimos y una de diez céntimos, voy con tanta prisa que ni me molesto en sacar del bolso mi monedero. Al ver que extiendo mi mano para darle algo abre su palma y al ver las monedas me dedica una sonrisa enorme que deja al descubierto sus dientes blancos. Yo le regalo también la mía que brota por sí sola y me quedo pensando en cuanto hace que nadie me sonríe así. Ya no estamos acostumbrados a que en nuestro trajín diario alguien advierta nuestra presencia, y puede que tampoco lo estemos a advertir la presencia de los demás. Es tanta nuestra prisa que vamos y venimos sin participar del mundo, dejando a veces lo más valioso detrás.


Entro en el supermercado a toda prisa, sé donde está lo que he venido a buscar y lo llevo. A la hora de pagar charlo con la cajera, que me hace un resumen breve de algo que en ese momento le ocupa. Salgo con una bolsa en cada mano y tengo que esquivar a la gente que está entrando, eso hace que ya ni recuerde en qué lugar exacto he aparcado. Rebusco en los bolsillos a ver donde tengo las llaves y abro el coche, guardo las bolsas y cuando voy a sentarme escucho sus gritos, no sé lo que me está diciendo, de modo que le busco con la mirada y vuelvo a ver su gran, pero gran sonrisa.


                                        -¡Hola¡ Mucha grasia por tu ayudarmi a comé.


En ese momento caigo en la cuenta de que solo le he dado 30 céntimos de euro a un hombre que no rebasa los treinta años. Y que pese a la miseria que le he ofrecido se ha parado dos veces para ofrecerme lo único que posee, su enorme sonrisa sincera y las pocas palabras que sabe intercambiar en mi idioma. A cambio vuelvo a sonreír de forma involuntaria, porque la vida me ha enseñado a distinguir lo que es importante de lo que no. Arranco con mi música preferida de fondo, la que ya traía en cd y vengo todo el camino llorando a lágrima viva a mi casa.


La visita a primera hora al mismo supermercado se repite de vez en cuando, el joven ha ido añadiendo gorro y bufanda a su vestuario. También yo he ido dejando caer alguna moneda más de mi mano.


                                   -Grasia mucha grasia por tu ayudarme siempre.


Hola, mucho hola que sigue sirviendo como bienvenida y adiós. Puede que este mismo joven haya saltado sobre esa alambrada que corta con sus cuchillas, a mí no me importa. Sé que si hubiese estado en su situación también lo hubiese intentado con todas mis fuerzas. Nadie evitará de ninguna forma que cada uno de nosotros se pase toda la vida buscando un modo de vida mejor. Eso deberían saberlo en todas las altas esferas que nos miran sin vernos, así como algunas veces tampoco veo yo.











miércoles, 19 de noviembre de 2014

Por todos los sonidos que siembran paz

Es inevitable que al pensar en todos los autores que han escrito sobre la misma temática, podamos darlo todo ya por contado. Seguramente bastaría un solo autor importante para resumir la trayectoria de lo que después se ha ido contando a través de los tiempos. Sin embargo tengo claro que no todos preferimos la misma voz, lo mismo sucedería con los diferentes cantantes que a lo largo de los años han ido versionando la misma canción. Nos encontraríamos con el hecho de que cada persona tiene su estilo y su esencia, que es la que va a aplicando a todo lo que hace. Algo como escapado a sí mismo.


Por ejemplo, eso explicaría a la perfección por qué motivo llevo visionando desde hace días el vídeo Te amaré, de Alejandro Fernández, que no es algo nuevo porque es una canción que hace años Miguel Bosé llevó hasta lo más alto, y me encuentro con el hecho de que a unos les gusta más una versión que la otra.


El caso es que después de haberme gustado esta canción a través de los años y del tiempo, este vídeo me impresiona más cuanto más lo veo, porque me embelesa todo el conjunto de músicos tratando de ejecutar con primor sus sonidos más perfectos. Y también porque se me antoja un himno musical apto para toda la humanidad. Y un lema que de ser compartido por todos haría de esta tierra nuestra el sitio ideal. Que lo es aunque algunos se empeñen en destruirlo. Es el sitio perfecto donde ser y estar.


Estoy harta de desayunar tragedias desde los telediarios. Harta de que las guerras sigan brotando como las setas, sembrando muertes innecesarias. Tantas muertes que resultan imposibles de contar. Unos intentan levantarse cada mañana haciendo más bello el mundo, otros se levantan para destruirlo.


Tal vez algún día el sonido de la música haya vencido al de los bombardeos, de momento nos sirven para soñar con un mundo en paz.

martes, 18 de noviembre de 2014

Sobre la sinceridad

Creo que cuando se lee un libro se encuentra una parte de su autor, a veces escapada a sí mismo. Podría poner algún ejemplo, pero no lo haré, como lectores todos tendríamos el nuestro.


Hace unos días una mujer dijo algo que resonó en mi cabeza "hoy en día lo mismo que antes, quien no tiene privacidad es porque no quiere; yo no tengo por qué ir ventilando mi vida en cualquier lugar". De forma automática pensé en este lugar virtual y me pregunté por qué de un tiempo a esta parte se le da tan poco valor a la sinceridad. Uno no puede decir en voz alta según que cosas, si se para a pensar en la gente mal tomada que después irá pregonando lo mismo de otra manera y lo vaciará de todo significado para ridiculizarlo. Si nos ponemos así de tiquismiquis, algún día la sinceridad habrá desaparecido de nuestro mapa cotidiano y habremos perdido, en mi opinión, lo más valioso de un ser humano. Quien se expone a la sinceridad de otro está desnudo ante el valor que quieran darle. Nada más verídico pues, ir por la vida asumiendo el propio cargo que se acepta al interactuar con los demás.


Por eso me gustó su entrada, lo vemos igual.

lunes, 17 de noviembre de 2014

A tiempo total y a tiempo real

Hay canciones que nos gustan a través del tiempo, ya sea por el ritmo o por la letra. Canciones que pese a los años nos siguen sonando a nuevas.


XXVII Aniversario




Te amaré

martes, 11 de noviembre de 2014

Estudio de las personas que me rodean

Es muy interesante lo de analizar a la gente que te rodea en cualquier momento, tanto que a veces te inventas toda una historia a partir de un gesto escapado a tu personaje observado. Te dices "esto lo tengo que escribir" y como vas falto de tiempo esbozas un resumen en un papel rosado de diez centímetros por diez. Después lo dejas reposar en la caja dispuesta para tus historias pendientes y en esta mañana lo rescatas, lo vuelves a leer y lo tiras de frente a la papelera. Te dices que sería una bonita historia, pero tendrías que dedicarle muchos meses a confeccionarlo y pulirlo, y la vida no se detiene mientras lo haces. Las montañas diarias de ropa para lavar y planchar te esperan, el ordenado y lustrado de la casa te espera, las comidas y las cenas lo mismo, el tiempo de charla y visitas a los tuyos ídem de lienzo; pones todo en una pesa de lo que más pesa en el momento...y sigues prefiriendo este breve lugar que nada o poco te exige. Te aferras a la frase brillante de Alejandro Dumas: "Todo cabe en lo breve, pequeño es el niño y encierra al hombre". Te dices que cualquier buena historia cabe en un resumen apurado, que a fin de cuentas es lo tuyo, contar con la urgencia de todo lo que espera a tu alrededor; que es muy importante y es mucho.


Te preguntas en qué momento volviste a casa y dejaste el sueño de escribir. O en qué momento hiciste ambas cosas compatibles y dejaron de pesar tanto sobre tu cabeza. Sientes que algo se transformó sin necesidad de nombrarlo.


 Algo que ya no divide, complementa.