domingo, 31 de enero de 2016

Niñas desgraciadas en proceso a divas

Ese momento del libro en el que una niña demasiado pobre pierde a su tía, esa que vivía poco  menos que en la indigencia y resulta que es rica, pero rica de la muerte. Ese momento en el sabías que estabas leyendo un libro lento y muy fantasioso en el sentido en que pasaban cosas que no le pasan nunca a la gente de verdad -suponiendo que tu mismo te encuentres entre dicha gente-, y ya no sabes si tirar para adelante o echarte para atrás.

Y decides que sigue siendo compatible con tus tareas en el hogar y las imposiciones diarias que tienes que cumplir, sabiendo que quizás leer ya no suponga algo que recargue pilas o alimente tu alma, si no otro deber más. Calibrando las hojas del lomo y viendo que no quedan tantas para el final y decidiendo que tal vez esas lo cambien todo. Cruzas los dedos mientras te dices que algo aprenderás, contando con mucha suerte, tal vez a no sacarte de la nada milagros tan increíbles que ni el lector más abyecto se tragará. 

jueves, 28 de enero de 2016

Esa lentitud que recupera su espacio

Llevaba tiempo buscando el tipo de libro que quería escribir, lo intuía, pero no sentía la necesidad de sentarme conmigo misma -creo que lo entendéis ;)-, de detener el ritmo de mi vida diaria y andar medio perdida en mundos que hasta que no se comienzan y se terminan no se pueden compartir: luego nadie a tu alrededor te entiende.

Pues bien, se escribe porque hay algo que conmueve al corazón, un sentimiento que no puede ser sacado al exterior de ninguna otra forma. Algo que sacude tu vida de repente y la reestructura de nuevo. Un dolor, un sinsabor, una etapa que por algún motivo se cierra y te reubica de nuevo. Al menos en mi caso siempre es así. 

Cada historia que estructuras necesita un encuadre que encaje a la perfección con lo que vas a contar. Ahora el objetivo es muy grande pero la exigencia es muy pequeña, escribir esta historia desde el principio al final. No importa tanto la forma, el hecho de que sea muy perfecta, ni las palabras, solo importa la coherencia interna, de aquello que ruge por dentro, con lo que sale al papel. No importa los años que lleve, ni las páginas que llene, ni si la historia es buena para los otros o no, aquí no hay objetivos, es un nuevo comienzo y solo el principio. Es una prueba personal de empeño y de amor. Es un intentar devolverle a la vida lo que ella te dio.

Supongamos que una historia que se te ocurre a ti vaya hecha a tu medida desde un principio. Pensemos solo en eso, en que es posible que con tus herramientas construyas algo que a ti te sirva. Quizá plasmarla precise que mientras escribes no pienses en ningún lector porque no es seguro que lo haya. Solo necesitas kilómetros de papel y bolígrafos, aprovechar cada tiempo muerto, anotar las ideas y no desanimarte mientras dura la efervescencia de esa historia que se quiere plasmar a través de ti. Es la historia nueva que reúne dentro toda tu experiencia sobre el mundo de la escritura y es a la vez esa historia que en este momento deseas escribir. 

Ánimo y a por ello.

domingo, 10 de enero de 2016

El regreso, de Rosamunde Pilcher

Hace una friolera de años comencé a leer este libro de mil y muchas páginas y terminé por abandonar la lectura en un momento en el que me decepcionó un suceso que no creí posible. Han pasado como doce años desde entonces y he retomado la lectura de nuevo, desde el principio. Con la edad que tengo ahora y con todo lo aprendido disfruto de un libro que cuenta muchas cosas, descritas con la mirada de alguien que se fija en mil detalles y reconoce muchos sentimientos que es capaz de trasladar al papel con vida. Para cada tipo de lector existe un tipo de escritor, o varios, para mí Rosamunde Pilcher es alguien capaz de recrear un mundo dentro del cual me apetece seguir.

Este libro se lo prestaba a una amiga hace algunos meses entre otros muchos y a la hora de devolvérmelo, me dijo: este es el mejor de todos, sin duda alguna. Le respondí que hace muchos años empece a leerlo y lo dejé, ella me miró sin dar crédito y me dijo: pues no esperes más; léelo. En ello llevo unos meses, sin prisa, puesto que 2016 será mi año sin programación establecida. Un año que se anuncia lleno de cambios que asumiré sin dejar de sorprenderme gratamente. Cada cierto tiempo toca renovarse y no queda otra que hacerlo enfocando todo lo positivo y así lo haré. No niego que me gustaría escribir algo nuevo, pero en boli y papel, ya tengo demasiadas cosas perdidas entre archivos que jamás terminé (la idea es escribir en papel, para una vez terminado pasarlo a ordenador, puesto que le doy demasiadas vueltas a las cosas y pierdo un tiempo valioso. En todos los lugares menos aquí -justo al revés de como debería ser).

En el libro El regreso, de Rosamunde Pilcher, hay paisajes muy variados y maravillosos descritos con la habilidad de alguien que sabe narrar y personajes de muchas edades diferentes, con historias muy distintas detrás. Hay también mucho campo y mucha mar. Caballos y perros entre los animales más fieles con quienes se pueda contar :)

Puede que tarde un tiempo en asomar por aquí, sin embargo eso no significa que este sitio me aburra, ni que lo abandone, si no que lo estoy compatibilizando con muchas cosas, entre ellas todo aquello que me hace feliz. Leer sin prisa y sin pausa, por ejemplo. Descubrir historias que con todo lo que ignoro jamás podría imaginar...



martes, 29 de diciembre de 2015

El descanso virtual

A veces uno se pregunta qué será de aquellos lugares a los que no volvió desde hace tiempo. A los que cada vez necesita menos volver. Que quizá en un momento dado solo cumplieron su misión.

Ha quedado atrás la fascinación primera de todo espacio virtual. Se han desinflado algunos sueños vencidos por la magia infinita de la realidad. Subyace la sensación de que no hay imaginación capaz de competir con todo lo que siente un corazón que se rodea a diario de lo que la vida le ofrece. Muy superior a lo que alguna vez creyó alcanzar.

Cabe preguntarse si acaso la vida es capaz de darnos aquello que nunca nos atrevimos a soñar; puede que no. Tal vez cuando uno entierra al fondo de la mente la semilla de algo ansiado, ese fruto tarde o temprano germina.

En un momento en que tengo congelados tantos brotes para que no ocupen espacio inexistente, me queda tanto margen de maniobra que los días pasan lentos, dejando que los pueda disfrutar. Los segundos que van marchando nunca regresan, he ahí el imperioso motivo por el que se deben vivir con la conciencia de que son únicos.

Nada tan exquisito como ese momento en que se apagan los ruidos y todo lo que que queda en el silencio es algo parecido a la felicidad. Algo tangible. 0% digital.     

domingo, 20 de diciembre de 2015

Votar por la posibilidad de un mañana mejor

Hoy son ellos quienes nos necesitan porque somos nosotros quienes decidimos. Durante una legislatura entera vimos cosas que quisimos cambiar. Y hoy -en la medida que nos es posible- vamos a ir decididos a cambiarlas.
Vamos a ir a votar por aquello que decidimos que traerá hasta nosotros un futuro mejor comenzando desde abajo. Nunca creímos posible comenzar las casas desde los tejados.

Hay que intentar sostener a los débiles hasta que logren afianzarse sobre sus propios pies y valiéndose de ellos comiencen a caminar más lejos cada vez al compás de su determinación.

Con esa sola idea fija en la cabeza voy. Quiero que al intentarlo sea posible.

martes, 15 de diciembre de 2015

El infinito cansancio

Cuando se necesitan las explicaciones no aparecen por ningún lado.
Cuando todo está bien claro asoman para confundir.


martes, 1 de diciembre de 2015

La vida es un vals, un paso adelante y otro paso atrás

Al teclado del ordenador se le estropearon los acentos. Tal vez sea casualidad, o un grito mudo. Poco a poco me voy envolviendo en el silencio. No me gusta nada la realidad global, no me gusta la brecha que crece entre los poderosos y los carentes de poder. Voy enmudeciendo en un recoger las fuerzas que me quedan para los trajines diarios. Los sueños subyacen aparcados a la espera de que vuelvan a tener sentido alguna vez o a que se acomoden para dejar paso a la cotidianidad. Es cierto que antes escribía para rellenar algunos huecos y que ahora las palabras escritas se han quedado al margen para dejar paso a las palabras dichas. Y que lo dicho con delicadeza extrema ha surtido efecto. Dicho efecto ha movido montañas de nubarrones negros que no dejaban apenas asomar la luz. Y ahora la luz es tan diáfana que escribir es casi innecesario. También es cierto que en el fondo nunca deje de luchar contra esta necesidad de escribir en la que lo escrito necesitaba de otra corrección y luego otra, y otra mas. Había mucho desgaste en ello que acabo matando la ilusión.

El presente necesita tanto esfuerzo que siempre me pareció que iba perdiendo fuerzas que necesitaría después para algo importante de verdad. ¿Que es importante se dirá? La casa y su mantenimiento, la familia, los amigos, los animales que tenemos, el confort. Ver atardecer desde la terraza sabiendo que cada día nace y muere, que cada instante es irrepetible y que es sano no desear nada mas que ser y estar sin que nos falten aquellos que tenemos y consideramos nuestros. Es prodigioso rodearnos de ellos y saberlos nuestros, mientras ellos viven su vida intentando dejarnos atrás.

Estoy -estamos- en ese momento en que nuestros hijos miran hacia otros horizontes y quiero acaparar cada momento. No quiero perderme ese momento en el que me miren a los ojos y me noten ausente mientras pienso en un comienzo de relato o un final. Ya hubo mucho de eso. Quiero estar en el presente de sus vidas, de mi vida, sabiendo que no preciso nada mas que verlos felices con sus sueños mientras velo que les lleven a buen puerto. A días felices donde salgan fortalecidos de cada dificultad.

Son días sin sobresaltos, sin prisas, sin pausas, días de planes por proyectar. De noches con sus estrellas, de grandes heladas que preceden mañanas bien soleadas. Días que se viven sin presenciar las horas del minutero. Sabiendo que el pasado ya no retorna y que este presente privilegiado, sin que nos demos cuenta se queda atrás.

Eso, que como canta Diego Torres, La vida es un vals

Una canción llena de alegría y mucha verdad. Que nos recuerda que llegan las votaciones y hay que salir a votar, para intentar cambiar todo aquello que nos gusta de esta sociedad. Por ejemplo que unos tengan tantos privilegios y otros tan pocos. Nos hace falta un poquito de equidad. Y dejar atrás pasados turbios de personas que usaron su poder para enriquecerse a costa de la pobreza de los demás. Unos pocos que dañaron a tantos y con tan poco escrúpulo.
Con ellos tolerancia 0