viernes, 18 de agosto de 2017

El odio y la sinrazón

El lenguaje universal es la paz. Todo lo que no sea paz y armonía está desubicado de su principio.

Dicho esto diré que nada duele como la injusticia de un atentado en el que se escoge al azar quien ha de sufrirlo. Cualquier forma de violencia es un retroceso. Cualquier forma de violencia. Vayan por delante mis condolencias a todos los afectados. Esto nos afecta a todos, sin duda.

Ahora bien, unos minutos después del atentado en Barcelona desde un ayuntamiento un alto cargo municipal hablaba en catalán para comentar váyase a saber qué.

Ante la pantalla me sucedió lo que tantas veces, si estamos en España somos un pueblo español con una lengua propia, la lengua que Cervantes o Antonio Machado nos enseñaron a amar a través de sus escritos. En Asturias también tenemos el bable, pero hablamos castellano, no tenemos la menor intención de hablar un idioma que solo comprendamos nosotros. Hablamos para todos los que vienen a nuestra región -y quienes defienden el bable retroceden en mi opinión, puesto que somos una región evolucionada- a mi me interesa la lengua oficial de mi país, esa que nos une a todos: el español o castellano; una sola lengua que nos hace iguales.

De modo que ante este señor que hablaba catalán no me enteré de nada, solo sentí una indignación que me dejó hablando sola ante el televisor. Puse la cadena regional de mi comunidad, la TPA para informarme y resulta que las mismas imágenes de ese catalán hablando en catalán me volvieron a abofetear. Mis condolencias a las víctimas porque somos todos. Vienen a atentarnos y ni siquiera podemos explicar en cristiano lo que nos está pasando. Dios nos aguarde y nos conserve la paz en nuestras tierras y con nuestras gentes. Amén.





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