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lunes, 7 de enero de 2013

Una llamada de atención

A todos los que nos gusta leer, desde que el mundo es mundo, hemos sentido que los universos creados por otros nos han aportado diversas formas de mirar la realidad, de conjugarla, vencerla y de aprender desde otra perspectiva que antes no estuvo; ni estaría en otro lugar lejos de esa relación entre la lectura y la letra escrita.

Creo que leer es una de las mejores magias dentro del mundo porque hace que uno encuentre ese lugar exacto que quiere habitar, a su justa medida, entre leer y meditar sobre lo leído. Leer nunca quita, siempre da.

Me asomé para dejaros unas palabras que nunca deberíamos olvidar. Si queremos seguir leyendo a ese escritor que admiramos hay unas reglas que debemos respetar.

Siempre

Otros posibles mundos

Cuando alguien se muere todos se aferran al dolor de ese final imprevisible, a mí me atrapa el dolor, es inevitable, pero también el deseo de que algo que se nos escapa pueda suceder mientras todos se hunden ante lo que creen un fin.

Yo tengo una teoría alocada que repito a las personas que quiero. No voy a exponerla aquí porque algún día crearé algo bonito con ella, algo que tenga validez no solo ante mí, aunque sea en el mundo de la ficción. 

domingo, 6 de enero de 2013

Día de Reyes

Son jóvenes, a falta de trabajo en su país miran con esperanza al extranjero, a donde comienzan a enviar sus curriculos, y quienes conviven con ellos, e incluso quienes les vieron nacer, esperan un último milagro que logre verlos prosperar en su país.

No creen en la suerte.





sábado, 5 de enero de 2013

Un boceto, o un microrrelato

En este momento me encuentro en un bloqueo bastante bobo si lo pienso, releo algunas obras con ánimo de corregir y resulta que no son como las recuerdo. Les encuentro pocos detalles, o demasiados, poco acentuado esto o demasiado aquello, lo leo y siento desde muy adentro que no es eso lo que creí haber dejado ahí; eso seguramente es porque lleva descansando ya tanto tiempo que lo fui rellenando con detalles imaginados que aún no pasaron a escrito. O por haber dilatado demasiado el tiempo entre sus diferentes etapas.

Antes cada vez que me sucedía algo de esto creía ser la única, ahora creo que no, que es algo común a todos los que alguna vez quisieron escribir un relato, corto o largo, y que solo siguiendo el escrito se arregla, dedicándole el tiempo necesario y el suficiente rigor. De modo que ahora cuando no me veo con fuerza suficiente, en vez de bloquearme, escribo un microrrelato. Sé que así no lo arreglo, pero es un modo de sentir que no me estanco, que sigo en producción.


Os dejo un microrrelato de Pilar Alberdi

viernes, 4 de enero de 2013

La bibliotecaria de Auschwitz

Al leer la reseña de este libro, me vino a la cabeza la película La vida es bella, de Roberto Benigni, que narra la historia de un hombre judío, que de buenas a primeras es trasladado a un campo de concentración, junto a su padre y su hijo. Su mujer, que no es judía, no está en esa lista maldita, por eso no se le permite subir en el tren que se ha llevado a su suegro, a su marido y su hijo. Después de pelear un rato con esos oficiales logra que se abra la puerta y se le permita acceder, en ese momento recibe la mirada de burla por parte de los agentes, la casi alegría, de sumar un pasajero más a ese tren. De esa forma tan imprevista llegan al campo de concentración, dejando atrás lo que hasta entonces fueron sus vidas. Para Guido, a partir de entonces, lo más importante es salvaguardar la vida de su hijo, protegerlo de todo aquello, para ello se inventa que aquello es un juego y que quien resulte vencedor se ganará un tanque. El niño abre los ojos entusiasmado, no se lo puede creer, y a partir de entonces Guido usará su entusiasmo infantil por ganarse un tanque, para estimular su deseo de seguir jugando a ese juego deprimente que encuentra ante sí.

Ya dije alguna vez en este blog que La vida es bella, de Roberto Benigni es mi película favorita. Del mismo modo en que Pinocho es mi cuento preferido. En ambos se encuentra un hilo común: un padre que por amor a su hijo logra un hermoso milagro.

Pues bien, al leer la reseña de este libro, La bibliotecaria de Auschwitz, me dije que este libro lo quiero leer.


jueves, 3 de enero de 2013

Hay gente que todo lo vuelve especial

Hay personas que poseen una gratitud tan grande en su interior que consiguen que toda la gente que está a su lado se sienta especial. No conozco muchas personas de éstas, pero sé que son así porque a alguna me la he encontrado por casualidad haciendo la compra y de pronto se ha vuelto, me ha mirado y me ha dado tal recibimiento que básicamente me quedé a escuchar todo lo que me contaba. Quizá ese mismo día me encontré a otra gente conocida que me miró de arriba a abajo, arrugando la expresión por la forma en que iba peinada, o vestida, y al saludarme, o evitar hacerlo, según el caso, me dejó muy claro lo poco que me valoró. Yo nunca miro a la gente por afuera, puedo reconocer un buen peinado o un buen vestido, pero es algo a lo que no le doy valor, para mí lo importante es lo que se dice, lo que se cuenta, la forma de mirar y todo eso que no esconden los abalorios.

Decía, que hay personas que son capaces de iluminar un día gris con una sonrisa. De apartar de tu mente un nubarrón con su amabilidad innata. De hacerte saber que eres muy importante por la forma en que te dedican su tiempo, o el valor que le dan a tus palabras; incluso por el modo en que al verte por casualidad, sonríen al caminar hacia ti, para decirte algo, aunque en la estación esté arrancando el autobús. Me gusta la gente así, porque cuando la encuentro sé que soy la misma de siempre, pero de pronto me veo envuelta en una burbuja de especialidad que quizá perdure a través del tiempo o la fatalidad.

miércoles, 2 de enero de 2013

Os lo explica Enrique Páez

Hay un enlace que debo aprenderme de memoria, acabo de verlo y resume todo aquello que yo llevo repitiendo a los míos desde que me dio por escribir. Yo no escribo porque quiera hacerlo sino porque necesito escribir, no elijo mis historias, las historias me eligen a mí, en verdad creo que ni escribo, creo que pongo en letra las obsesiones que dan vuelta dentro de mi cabeza y exigen imprimirse en letra de molde. Quizá más que escribir deba decirlo de otra manera, me suicido de mí. No me soporto y me voy a otra parte donde librarme pueda por un momento de habitarme.

Hace tanto que dejé de preguntarme que ya ni quiero responderme, no me importa qué es, sé que está y quizá ello deba bastarme. Yo no elegí llegar al mundo y de igual forma, no elegí escribir.

Os lo explica Enrique Páez


Querida familia, aceptarlo de una vez, esto funciona así.