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jueves, 12 de julio de 2012

Verbo recortar

Ayer escuchaba el discurso de Rajoy. Y mientras escuchaba y veía las imágenes que lo encuadraban, no podía evitar pensar en que es por ese lugar por donde se debería comenzar a recortar. Está claro que estamos en una situación desesperada, tan claro como que desde ese lugar, como tantas veces, no resolveremos la crisis del español en paro, como tampoco del que vive al margen de la pobreza, ni tan siquiera del que ocupa la clase media española. Es por eso que desde el lugar en que yo les miro, podrían comenzar a recortar desde ahí, desde el mismo parlamento y sin necesidad de ir más lejos. Pero claro, eso ni se les pasa por la imaginación.

Que sean otros, quienes se quedan tirados en la calle de un día para otro -a cambio de cuatro duros- hace que siempre se vean las cosas bajo otro prisma. Desde mi visión, nos gobernarán quienes nos han rescatado con su dinero, es por eso que opino que todos los recortes deberían comenzar desde ahí. Desde esos cargos que aparentan ser lo que eran, pero que ya no lo son.

¿Qué tal si cambiamos las cosas, y recortamos de veras?...Ya puestos a recortar...

Desvarío, ustedes me perdonen, cuando me estresan me ponen a desvariar, y ya desvarío todo el tiempo. Pero puedo leer la cordura allá donde la encuentro, e incluso la puedo pasar:

http://migueldeesponera.blogspot.com.es/2012/07/el-monstruo-sigue-devorando.html

miércoles, 11 de julio de 2012

Me encontré una nota con tu letra

Sobre el escritorio desde el que escribo ahora mismo. Tuve que reírme al encontrarla, porque no puedo estar de acuerdo. Es cierto que tu necesidad de orden en la casa, es solo proporcional a mi necesidad de escribir, de decir en voz alta lo que pienso, de buscar la información que me falta, de comunicar lo que me cruje por dentro, de salir de mí para retornarme con la paz que anhelo. La nota rezaba así:

Perseverancia, constancia, dedicación y esfuerzo; cosas que tú no conoces. (Te corrijo, ese tú lleva acento).

Vamos a llevarnos bien, ahora que estás al paro. Ahora que has llegado hasta aquí. Ahora que quizá has descubierto que aún soy más patética de todo cuanto imaginaste. Sé cuánto te hastía este sueño; quizá en la misma medida en que me apasiona a mí. Déjame un espacio de libertad, ese espacio de libertad en el que yo soy solo yo. Ni esposa, ni madre, ni ama de casa, ni todo lo que se quiere de mí; solo yo, lo que quiera que eso sea puesto que lo desconozco. Es eso lo que he salido a descubrir, y no me alcanzará la vida entera para descubrirlo. Tampoco me importa, si el camino se compone de palabras estoy incluso dispuesta solamente a caminar. Necesito la palabra escrita para apuntalar todo aquello que me mantiene erguida, lo que me ayuda a caminar. Sé cuanto odias que escriba, lo lejos que te queda; pero sé también que solo tú has querido comprenderme, me has dado pautas y consejos, has ido leyendo mis relatos y novelones y me has aportado luz. Esa luz, que en el fondo alumbra tu camino y no el mío, porque yo necesito de otra luz, esa que de momento tan solo puedo intuir, equivocada o no. No es la misma materia la que nos compone, aunque a través de mí hayas llegado a la vida. Aunque te hayas hecho tan igual a mí, no sé si por influencia o genética. Eres un chico inteligente, algo que yo no soy, por eso velas por mí desde el silencio, cuando todo lo que debería importante es tu vida, y sobre todo a tu edad. Eres perfecto, y no sé si la vida admite tanta perfección: arriesga, busca, intenta, juega, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, y ve en busca de tu camino sin detenerte. No vivas a la sombra de los demás, deja que tus pies hagan su camino. No intentes contentar a todos, porque ese es el camino que lleva hacia el fracaso personal.

Sé que no necesitas mis consejos, porque tú eres más lúcido que yo, pero ya que estoy aquí, lo digo. A veces siento que intento atrapar un pedacito de cielo, para demostraros que puede traerse un trocito de universo a casa; y quizá lo siento porque mientras os contemplo a ti y a tu hermana, sé que en efecto es así, que sois un pedazo de soles que iluminan mi existir. Pero no es mi vida la que importa ahora, es la vuestra; que apenas comienza y debe subsistir. Vamos a llevarnos bien, respeta mi espacio, no cortes el vuelo de mis alas, y si eres paciente verás que termino despegando al fin. Tengo todo el combustible que necesito, eso es seguro, no llevo brújula ni mapas, sigo esa luz, esa que desde alguna parte alumbra para mí. Jamás lo dudes.

martes, 10 de julio de 2012

Retazos...

Escribir es mantener una llama encendida en el corazón. Una llama que jamás se consume, puesto que arde con algo parecido al amor.

lunes, 9 de julio de 2012

Quiero una bandera

Para estas palabras que encontré aquí

Nunca aceptes la humillación en nombre del amor


La frase pertenece al libro El laberinto del amor, de Óscar pujol. Y me parece un consejo de nota.

Aceptar la humillación en nombre del amor a veces no tiene vuelta atrás. Lee esto.




viernes, 6 de julio de 2012

Algo a tener en cuenta

 Es un peligro leer, pero leer de verdad. Leer de verdad lo tiene todo de riesgo, el riesgo entero, el riesgo de la valentía.


Blumm


Este texto, lo extraje de esta entrada de blog:

jueves, 5 de julio de 2012

Algunas veces

Necesito añadir pocas palabras a las entradas que encuentro y quiero compartir con vosotros. Los que de una forma intuitiva -desde este lado- estáis ahí. Aquellos que solo estando hacéis posible que siga aquí.

No añado palabras a esta entrada que os dejo. No es necesario. Todo lo importante está aquí:

http://silencioeslodemas.blogspot.com.es/2012/07/escribir-por-que-para-que-sobre-que.html

A tres metros sobre el cielo (película).

No leí el libro de Federico Moccia, ninguno de los suyos por ahora. Desde las páginas de escritores se refieren a él como un escritor de los que no hay que leer. La razón, como siempre se me escapa, aunque si algo hay, es que es uno de los escritores que más venden actualmente. Yo creo que su éxito se basa en que guste o no guste, retrata la realidad de los adolescentes de hoy. No maquilla, no exagera y no se miente. Pasea mucho por las calles y capta aquello que muchos escritores prefieren omitir. Como digo no he leído nada suyo, pero tengo amigas que me han contado más o menos sus tramas. Y de ellas me he forjado esta opinión.

Pues bien, ayer, no tenía pensado ver esta película. Porque siendo sincera no esperaba gran cosa, como a veces no espero nada, del cine español. Se ha basado durante muchos años en argumentos idiotas, con dos carretas en primer plano como único tirón. Vi alguna película pasable, e incluso buena, y por supuesto no vi todas. Pero solo Te doy mis ojos, de verdad de la buena me gustó, tenía una historia de fondo y supo encararla y retratarla a la perfección, e incluso dejó su lección. Sus protagonistas estuvieron a la altura, supieron contarla y darle vida, dejando su mensaje claro, y dando cuenta de que en una película todo suma o resta; tanto el escenario, como el guión.

En A tres metros sobre el cielo, todos los personajes hicieron creíble su papel. Le dotaron de vida, de consistencia, y todos juntos fueron contando una historia, que después de terminar, me advirtieron, no es la de papel. La película cambia cosas a su antojo, por otra parte como suele suceder, puesto que escritor y director a veces, no tienen la misma visión. Y el director puede ir más lejos, sobre esa superficie que otro ya le pulió.

Creo que cuenta con el mismo acierto la intranquilidad de los padres y los sueños de sus hijos. Los temores de unos y los amores de otros. El deseo de los mayores a que sus eternos niños sigan dormidos, y las ansias de ellos por despertar. El encontronazo a todas las esferas que les supone salir al mundo y seguir sus instintos. Allá donde unos triunfarán y otros no.

Me gustó sobre todo que deja muy claro, algo que hasta hace poco desconocía: que puede el amor romperse aunque sobre amor.Que a veces pesan las circunstancias más que las personas. O el entorno. O el modo de vida. E incluso la reacción inamovible que se tiene en el día a día, tan reacia a cambiar. Como también pesa, y mucho, el modo en que uno ha sido educado, aquello sobre lo que no pasa, sino que retrocede, para desde ahí volver a empezar.