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jueves, 21 de mayo de 2015

Sin duda nos merecemos lo mejor

Hace unos días me encontraba con una chica cercana a los treinta que trabaja en una empresa de limpieza. Es la persona más inteligente que conozco, si por conocer he de referirme a quienes conozco en carne y hueso, sus notas rozaron siempre en la excelencia; pero la suerte parece que no ha ido nunca a la par. Es por eso que su trabajo terminó siendo limpiar lo que otros ensucian. Alguien que teniendo las cualidades necesarias para ocupar el cargo de mayor poder en cualquier oficina, pasa a malvivir dándole a la bayeta, la escoba y la fregona, como mínimo ocho horas al día.
Al preguntarle qué tal le iba, me contó que apenas gana para gastos, que estaba molida y apenas estaba comenzando la semana. Me dolió y no sé si supe o quise disimular. Algo en mi interior no acepta que habiendo cumplido las expectativas de padres y profesores de forma impecable haya obtenido a cambio este tipo de realidad.

-En unos días ganarán las elecciones otros distintos a quienes gobiernan - le dije convencida de que será así- y tal vez quienes ganen esta vez se ocupen mejor de nosotros; aquellos que apenas ganamos para vivir.
-Da lo mismo quienes ganen - me dijo como hace tantas veces, como queriendo arrancarme de una vez por todas mi estupidez-. Somos muchos para arreglarnos a todos.

Ella no soporta que yo siempre espere del porvenir algo mucho mejor. Y yo no soporto que sea siempre tan derrotista. Que no conserve ni un mínimo de ilusión por algo que escape a su firme racionalización de todo. Tengo la dudosa creencia de que solo alguien que es capaz de imaginar un futuro mejor para sí mismo, es capaz de conseguirlo por mucho que se tuerza su vida. De que hay una base necesaria para salir de aquellos hoyos que nos precipitan a su fondo: la sola conciencia de que nos conviene trepar a la superficie para caminar desde allí. Intuyo, que en el fondo es alguien muy conformista; alguien que vive la vida que otros planearon para sí. La peor derrota de todas.


No me importa quien de las dos tenga razón, yo admiro su inteligencia porque ya la querría para mí...o tal vez no. Quizá prefiera ser la eterna tonta que tanto abuchearon en clase sus peores profesores. Porque a fin de cuentas, si a ninguna de las dos han de servirnos las notas del colegio, al menos a mí jamás me faltará ilusión para creer que algún día en algún tipo de mundo todo será posible.

(Aunque sea en mi imaginación).

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