Powered By Blogger

lunes, 15 de agosto de 2011

La honestidad

Siempre y en cualquier caso empieza con uno mismo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Citar la fuente

Cuando se copia un texto en Internet tal cual fue escrito por su autor real me parece cuando menos de justicia poner su nombre al final. No se puede copiar y pegar un texto de otro autor y hacerlo pasar por un texto que es de uno. Al final de esta entrada de la cual dejo el enlace debería aparecer un nombre en grande y en mayúsculas: Madre Teresa de Calcuta, el hecho de que ese nombre sea ocultado da una idea de quien lo ha editado con la etiqueta: mis textos personales.

Este texto completo quien lo haya leído lo sabe, es de Madre Teresa de Calcuta, al César lo que es del César.


http://makeyourlifeadreaam.blogspot.com/2011/08/no-ser-correspondidos.html

jueves, 11 de agosto de 2011

Frase


Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida.

Friedrich Wilhelm Nietzsche

martes, 9 de agosto de 2011

Yo no se olvidar

Los coches de choque daban vueltas sin parar cuando María escuchó de fondo la canción que una vez les perteneció a los dos. Al acercarse lo vio girar su cara hacia ella, como si apenas hubiese llegado a un lugar ya pudiese detectarla, su mejor amigo llevaba el coche, él solo intentó conducir sus sentimientos como un mal actor. Según el horóscopo chino era un caballo de fuego, que en ese instante relinchaba, entre el silencio absoluto de su soledad acompañada y los mil remordimientos de haberla perdido por un motivo tan nimio.

María pudo leer en sus ojos mil veces aprendidos, y lo supo al instante, por eso sonrió; supo que aún no había podido olvidarla, a ella que siendo tan solo una niña solo al verla lo eclipsó. Se sintió feliz de que siguiese cumpliendo su promesa de no olvidarla nunca, fue lo último que le dijo, la última frase que le oyó a través del teléfono que trajo su voz entrecortada entre sollozos. Unos ojos ya maduros observaron la escena de lejos y se cerraron por no ver, convencidos de lo mismo de siempre: el amor verdadero puede verse donde esté. Las circunstancias ya son otra cosa, pudiera ser o no ser; en todo caso siempre es más complicado retomar el vuelo que volar sin saber.


domingo, 7 de agosto de 2011

Imaginar la vejez, por imaginar que no quede

Imagino mi vejez como un tiempo en el que podré disponer de todo el tiempo que preciso. Ilusión nada lógica cuando miro a mi alrededor y veo a los abuelos que cuidan de sus nietos porque sus hijos no tienen con quien dejarlos y se los dejan a ellos. Los más o menos afortunados, según se mire, se pagan una niñera o la guardería, pero seamos realistas, si todo sigue como está, las gestiones económicas de los mandatarios de turno lograrán atar de nuevo los lazos tanto tiempo estancados entre abuelos y nietos

Me imagino mi vejez como toda mi vida, no creo que sumar achaques y arrugas me haga una persona distinta, no creo que la gente cambie un ápice, cambian solo las circunstancias. Y en mi vejez me imagino inventándoles muchos cuentos a mis nietos, tal como antes y ahora, salvando todas las distancias de la edad, hice y hago con mis hijos. Cambia sólo la temática que en ese instante me ocupa, el cuento que ya saben de memoria e incluso a veces intentan evadir, siempre es el mismo.

Pues bien, mi yo abuela - que espero que sea- ya tiene algunos escenarios para los cuentos de mis futuros nietos, llegué a ellos desde la caja de un puzle de mil piezas que compré, y que después de armado mano a mano con mis hijos mientras conversamos y debatimos sobre esto y lo otro hasta el infinito como nos gusta hacer, pondré en uno de esos marcos que son todo cristal; a la espera de un marco que le haga justicia, alguna vez, cuando las cosas mejoren y le toque el turno de lucirse tal cual es. Sobre el paisaje de la caja se lee un nombre discreto Thomas Kinkade, y un consuelo enorme, pese a todos los desajustes y desavenencias que nos van haciendo cada vez más complicada la existencia en cuanto a moneda se refiere, está lo gratuito, el arte. Es el arte quien nos equilibra la balanza diaria, porque si hay algo que jamás podremos pagar a su debido precio es el arte.

Esa cualidad irrenunciable que forja su tiempo y su espacio. Que brota a quien lo tiene a raudales, que insiste, permanece y crece porque no puede dejar de hacerlo, como si de una planta de incógnitas procedencias se tratase. Nada hay en este mundo más bello que el arte, porque es capaz de retener todos los tiempos entre sus mimbres, de responder a su sola voz, de expandirse y de contagiarse. Ahora en google es tan sencillo como ir a imágenes, y poner Thomas Kinkade para asombrarse de algunos de los paisajes que siendo abuela recorreré una y otra vez, para contarles a mis futuros nietos -que espero que sean- unos cuentos inventados que en cuanto cuente ya olvidaré, para dejar espacio abierto por si me repito una y otra vez, en la conciencia dormida de que todos mis cuentos son siempre el mismo: Vive, no dejes de ilusionarte, de creer que puedes, de luchar por tus sueños, de ser mejor cada día y de sembrar alegría a tu paso, por fuertes que sean los contratiempos. Porque la vida está hecha solamente para ser feliz, con lo que viene y con lo que va; con lo que se presenta sin anunciarse, pero tú serás siempre el mismo y tu único objetivo es avanzar una y otra vez para demostrarte a ti mismo que la vida será siempre el lugar que tu hayas hecho de ella.

viernes, 5 de agosto de 2011

Marc Levy

Estoy leyendo Las cosas que no nos dijimos de Marc Levy. Me encanta este escritor porque aborda temas poco usuales en sus novelas, siempre va más allá de lo aparente y explora paraísos que a buen seguro en otro autor no funcionarían. Me gusta su sencillez de planteamientos, su ingenuidad palpable, su afán de aventurarse entre fronteras inauditas sin perder el piso. Me gusta que me hagan creer lo inverosímil. Que me otorgen respuestas que aún sabiendo que nunca serán, por el hecho de haber sido escritas ya son plausibles. Me gusta leer saltando de letra en letra, de línea en línea y de párrafo a párrafo sin perderme en laberintos poco probables porque no soy capaz de sentirme partícipe de la historia que estoy leyendo.

Él consigue que lea mientras hay un gran ruido de fondo, mientras me reclaman y vuelvo a mi lectura en el punto en que estaba, mientras los trajines diarios me llevan y me traen y consigo tener unos minutos imprecisos para leer. Consigue lo que pocos consiguen, que al retomar la lectura sepa en el punto exacto en que lo dejé aunque no recuerde la página. Y lo hace posible porque no se pierde en descripciones odiosas, no se repite, no paraliza la acción y en sus diálogos hace que los personajes se aproximen aún más a ti, que se parezcan a personas reales que exponen sus preocupaciones de motu propio.

Las cosas que no nos dijimos va de una chica que nunca tuvo una buena relación con su padre, y que después de enterrarlo recibe en su casa una caja de dos metros de alta con un androide dentro, ese androide es su padre, con quien tiene que decidir si quiere pasar seis días. Difícil elección que a la chica le plantea no pocos inconvenientes, pero una cosa está clara, después de esos seis días el androide morirá también, y la posibilidad de recuperar las cosas que no se dijeron también.

Aquí los críticos literarios supongo que tendrían mucho que decir en cuanto a qué cosa es literatura o no, lo de los betseller y su conveniencia o no etc etc. Yo como lectora me lo estoy pasando genial, y sinceramente no quiero que este libro se acabe, que tratándose de mí ya es bastante decir.


jueves, 4 de agosto de 2011

Retazos...

Esta noche es la primera de todas las noches que quedan de camino a la felicidad. El trayecto es el mismo para reír que para llorar.
La vida aguarda llena de sorpresas, solo hay que abrirlas.



Retazos son palabras que alguna vez he dejado como comentario en una entrada de blog. Palabras que una vez escritas me han sorprendido tanto como la entrada que las motivó.

Hay días torcidos

Hay días torcidos
como curvas del camino
como sueños no soñados
contratiempos no vencidos

Hay días torcidos
como infinitos precipicios
como alientos no alentados
reveses no resarcidos

Hay días torcidos
como espirales de espinos
como impulsos no impulsados
retraídos de sí mismos.


lunes, 1 de agosto de 2011

Sorpresas te da la vida

Queta tenía un ídolo de juventud, el sueco Mats Wilander que era un deportista acérrimo como ella, solo que más afortunado en eso de recoger la pelota con la raqueta y lanzarla al otro extremo de la pista, claro está, sin salirse de los márgenes. Esto le resultaba verdaderamente difícil siendo ella, de modo que se pasaba más tiempo buscando la pelota entre la alta hierba de un prado cercano que jugando con sus amigas sobre la pista. Siempre le podía la impaciencia.
Razón de más para pasarse las aburridas tardes de los fines de semana de toda su adolescencia viendo los partidos de tenis en los que participaba Mats Wilander, tan comedido si ganaba como si perdía, tan caballeroso, tan atinado, tan sufriente e insistente, dijesen lo que dijesen sus amigas que preferían a esos melenudos que daban saltos a lo largo y ancho de cualquier escenario entre baños de sudor y rostros contrariados.
A Queta le gustaba el poder de superación del que hizo alarde el sueco para ganar el Roland Garros con tan solo dieciséis años, y desde entonces lo siguió, malamente porque en aquellos tiempos no había demasiada información acerca de casi nada. Pero años después su curiosidad la llevó a encontrar un vídeo donde su eterno ídolo de juventud también cantaba, y al verlo sonrió, pues aún así estaba a un año luz de esos melenudos sudorosos.



domingo, 31 de julio de 2011

Una impresión

Prefiero la gente que es capaz de decirlo todo, a la que calla. La que calla cuando sabes que tiene aún algo por decir juega con trampa.

jueves, 28 de julio de 2011

Clásicos y modernos

Estoy leyendo a Frank Kafka, sus cuentos completos (textos originales), esto quiere decir que han sido traducidos de forma literal, no buscando la frase más bella sino la exacta que él quiso pronunciar. Y ya veo la cara del bibliotecario de turno frunciendo el ceño ante la de veces que lo voy a renovar. Me gusta la escritura de Kafka, tan lejos de las descripciones tortuosas del exterior y tan pródigas en las del alma. Me gusta su modo sutil de exponer aquello que nos quiere contar. Al leerlo el mundo se detiene y se pronuncia con su propia voz.

En esta edición de Valdemar hay relatos cortísimos, que podrían equivaler a lo que hoy en día es una entrada de blog, por ejemplo, El pasajero. Me reí al leerlo, me sonrío al leer ante la siempre suspicaz mirada de quienes están conmigo llenando de ruidos la casa mientras intento no perder el hilo, o me voy de ese lugar a otro en el que más tarde hacen su aparición. Creo que mi fascinación por este libro en concreto les puede del modo en que me puede a mí también. Y concluyo con una convicción, Frank Kafka ha dejado sus obras completas en el mundo, está claro que le encantaba escribir y supongo que no podía dejar de hacerlo. Cualquiera que decida abrir un blog puede hacer lo mismo aunque a veces ni tenga demasiado tiempo para hacerlo, si es lo suficientemente bueno todas las puertas quedan abiertas porque el arte según dijo Carlota o se tiene o no se tiene, no se puede aprender, la técnica ya es otra cosa, pero sin arte no sirve. Y si es malo quizá no le leerán, si es malo lo sabe, por eso no le importa que le lean poco, le importa sacar al exterior lo que crece de un modo interior, del modo en que el jardinero arranca la hierba mala; para que no moleste la extensión de las otras plantas, las que todo lo llenan de aroma y colorido, las que sirven, las que adornan, las que le llenan de paz.

miércoles, 27 de julio de 2011

Seguir cumpliendo años

Aunque ya no estés solo es posible si alguien te sigue teniendo en cuenta cada día, cada hora, cada minuto, y todos los segundos de su vida. Es trágico y precioso que alguien siga echando la cuenta de los años que sigues cumpliendo. De todos los años que aún no estando, te amará.

domingo, 24 de julio de 2011

Una vez más

La vida nos demuestra que lo importante no es el dinero. Que la fama no da la felicidad. Que el dinero no da la felicidad. Que la felicidad es cuidar adecuadamente de uno y saber cuidar de los demás. Es no buscar en nada externo lo que pueda sostenerte en pie; y quizá nada más.




Descanse en paz esa voz que alguna vez con sus canciones nos hizo cantar.

viernes, 22 de julio de 2011

Cuarenta años de anticipo

Azucena era una joven hermosa que apenas asomaba a la vida cuando conoció a Pipo. Hasta entonces había seguido todos los mandatos de sus padres, pero él era de lo menos convencional. Siempre iba con un grupo de gente que andaba de fiesta en fiesta, y tiraba de ella, que comenzaba a tener los primeros problemas en su casa. Pero Azucena tenía los ojos más azules y más profundos del mundo, la sonrisa más tierna y las palabras más adecuadas al fondo de su garganta, por eso siempre los convencía y terminaban cediendo a todo lo que ella pedía; que iba pidiendo cada vez más.

Sus amigas comenzaron a apartarse de ella, y a hacerle advertencias, pero ella sonreía antes de responder que no entendían nada, de llamarlas sosas y aburridas, y de hacerles ver que había más mundos que el que les contaban. Ellas sabían que el problema era él, y que mientras estuviese tan ciega no tendrían nada que hacer, y le advirtieron por activa y por pasiva que ese chico andaba siempre con mala gente y que acabaría mal. Azucena se tomaba sus palabras a la tremenda y se tapaba los oídos para no escuchar, estaba enamorada hasta la médula y no era tan sencillo volver atrás, sus amigas le insistían de nuevo y terminaban discutiendo, así hasta que se terminaron enfadando de veras y ya no la vieron más. Sólo supieron de ella lo que les iba contando la gente conocida, y las noticias se fueron agravando cada vez más.

Hasta que un día entre las chicas que hacían la calle se vio a una rubia descomunal. Una chica tan glamurosa que no encajaba en la plaza vieja ni por asomo, dispuesta a subirse en cualquier coche que la quisiera llevar, a cambio de sacarse un dinero para su dosis. Entre que apareció Pipo en su vida y aquella secuencia pasaron diez años, pero para sus padres Azucena seguía siendo la hija ideal, más delgada, más ojerosa y pálida, más temblorosa, más callada y esquiva, pero una niña de la que nunca tuvieron queja, porque el único daño se lo hacía a ella, que apenas paraba en casa ni a descansar, y menos para escuchar consejos, escuchar consejos ajenos siempre se le dio mal. Ni el día en que Pipo la dejó tirada quiso admitir que ya se lo advirtieron, aumentó la dosis en sus venas y lo fue llevando como pudo, siempre muy mal. Así hasta la sobredosis que sacó a sus padres del limbo, y llevó a sus amigas junto a su cama de hospital. Lloró al saber que aún la querían, no contaba con ello, se sentía tan mal consigo misma que estaba sin fuerzas.

Le dieron aquel alta y después muchas otras. De los cielos bajó a los infiernos y de vuelta a subir y bajar. Se pasó saliendo y entrando otros diez crudos años, en que el mismo demonio rehuyó su presencia, estuvo al borde de la muerte veces incontables hasta desengañarse. Ahora ronda los cuarenta y al fondo de sus ojos azules como el mismo cielo se advierten mil sombras, queda un halo de su belleza despierta y también el cansancio de los ochenta años que jamás cumplió y que en sí representa; los cuarenta años de anticipo que ya se gastó.



jueves, 21 de julio de 2011

Los informes dudosos

Benigno tiene una cafetería moderna frente a una discoteca juvenil, el lugar es de lo más variopinto porque es de los pocos lugares que conozco donde los chicos se toman un refresco y juegan juntos al parchís, esto cualquier día por semana. Los fines de semana son los padres vigilantes quienes se reúnen para echar una partida y ver como está el ambiente. Verdaderamente no soporto a Benigno, y es una pena porque es el camarero más chismoso que pueda encontrarse, una fuente de información exquisita para cualquier escritor. No me gusta la forma en que me mira, ni las bromas que me gasta, son ese tipo de bromas que insultan a cualquier mujer con un mínimo de amor propio, esas bromas que tienen la peculiaridad de acuchillar también a mi marido, que hace como que no se molesta, lo mismo que yo, hace tiempo que aprendimos que los tipos como Benigno no valen la pena, porque son tan cobardes que esconden hábilmente su intención detrás de unos modales refinados y falsos. Pero si algo sucede en el lugar en que nos movemos y en que se mueven nuestros hijos es él quien nos lo hará saber con pelos y señales, él o en todo caso su socia, Estrella, que es otra chismosa de cuidado pero una persona íntegra, cuya integridad permanece a salvo de toda duda, aunque Estrella suele estar por las mañanas, y a esas horas raras veces paseamos por ese lugar.

Desconozco si la situación actual es tan desesperante como cuentan Benigno y Estrella, que están en el epicentro en que se junta la juventud, pero si lo fuese todos esos datos que nos da cada vez que entramos darían para un relato -que muero por no escribir- que no deja de darme vueltas en el centro de la cabeza en la que en verdad ya está escrito. Sólo tendría que sacarlo a la luz y dejarlo reposar entre los montones de papeles que guardo en algún lugar, a salvo de todos los ojos que los quieran explorar. La mía supongo que es otra forma de cobardía distinta a la de Benigno, es por eso que hay relatos que no quiero escribir, y que después de escritos me liberan de dar vueltas infinitas al fondo de mi pensamiento distrayendo el ahora en que quiero vivir.

Pues bien, hay muchas informaciones que parten de la Cafetería Estrella, pero una que me deja pensando cada fin de semana es esa en que la autoridad competente está obligada a rastrear ese perímetro de reunión juvenil cada periodo concreto, y en vez de personarse el sábado a las ocho de la tarde en que la cosa está que arde, lo hace los viernes a las cinco, en que se ha corrido la voz y todo está tan inmaculado que cuando llega todo está en orden para efectuar el informe. Ese que arroja unos datos impolutos porque convienen a todos; a todos los que están en el ajo quiero decir. Este dichoso Benigno sólo sabe darme disgustos, a mí que en esta etapa de mi vida me niego a escribir.

lunes, 18 de julio de 2011

La cosa está pero que muy mal

Elena tiene un bar en una zona turística desde hace treinta años, y digan lo que digan las estadísticas, según ella son quienes tienen negocios quienes mejor se enteran de cómo marcha la economía. Lo saben porque cuando las cosas andan bien la gente llega a los comercios y no tiene reparos en comprar de todo y para todos, comer de todo junto a todos, e invitar a diestro y siniestro; en reír hasta desgañitarse y formar tanto barullo como sus oídos acostumbrados a jarana puedan aguantar; según ella este año se diferencia de todos los anteriores en que hay mucho silencio. Da risa escuchar la forma en que lo deja caer, con una mezcla de resentimiento de calma, y por si acaso no se la cree vuelve a asegurar metódica que este año, aún más que los anteriores, la gente está muy callada. Vienen de vacaciones con aire cansino y no sólo eso, parecen haber dejado en casa todos sus caprichos. Vienen desnudos de exigencias, miran y remiran la carta de menús antes de pedir, comen muy poco, como contando las calorías, pero curiosamente tal pareciese que contasen el dinero que de antemano se quisieran gastar. Formula esta queja casi entre dientes porque el negocio se resiente, la cosa no va, y es durante el verano cuando ella tiene que hacer caja, cuando llega gente de afuera, porque a la de aquí ya no se le puede sacar, este es un pueblo muy pobre, asegura sin que se le mueva una pestaña, quitando a cuatro contados que van a sitios más lujosos no hay con quien contar.

Entonces piensas en todos los titulares de prensa que te has leído, en todos los datos que desde los telediarios quisieron arrojar, en la cara de póker de ese presidente durante la última comparecencia y te dices lo de siempre, que una cosa es lo que se cuenta y otra cosa es la verdad. Y la verdad de Elena, propietaria de un bar a pie de playa es que la gente está sin un duro. La misma gente que años atrás venía y no tenía pensión ninguna por comprar y gastar. Esa gente que hoy abre su cartera y se guarda el dinero, porque aquello que no se tiene -cuenta en confidencia- es lo más fácil de guardar.

Retazos...

Cuando algo no funciona se suelen buscar culpables. Pero hay demasiados factores implicados en que todo marche bien, a veces son muchas las circunstancias que convergen y dan al traste con todo. En cualquier caso la experiencia acumulada siempre servirá. Lo peor de que un amor se acabe es que por lo general también se acaba la amistad, dos pérdidas en una.

viernes, 15 de julio de 2011

¿Qué es publicar un libro?

Creo que publicar un libro es un logro al alcance de muy pocos. Un objetivo largamente perseguido, soñado, anhelado, idealizado por demás. Algo cuyo empeño cuesta la vida, ya que mientras se está en ello, queda en relativo segundo plano todo lo demás. Después, al cabo del tiempo quien ha publicado cae en la cuenta de que el mundo sigue siendo el mismo que era. Es un duro golpe. Para un escritor no hay nada más frustrante que ver que sus obras no han variado el mundo.

Para un aspirante a escritor -aunque cada vez sea menos escritor y menos aspirante- el hecho de publicar siete libros y dos misceláneas en una editorial es toda una hazaña. No obstante el escritor publicado se ha quedado muy lejos del escritor aspirante y no por ello deja de ser un nuevo aspirante hacia otras metas que otros han alcanzado, y que ansía alcanzar. Este nuevo empeño centra su vida, un objetivo sin duda más costoso a realizar.


Mientras trabaja y trabaja sin descanso se va encontrando con cosas que no quiso encontrar. Esto le sucede ya no tanto porque sea un escritor varias veces publicado, sino porque está vivo. Y porque escribiendo no consiguió cambiar el mundo, el sueño subrepticio de todo escritor. Cualquier escritor que se precie de serlo lee mucho, incluso lo que no le conviene, y un pequeño desliz puede llevarle de pronto al ojo del huracán, y arrasarlo de pleno. Incluso incitarle a escribir páginas que debió lanzar al instante a la papelera de reciclaje, porque si se detuviese a pensarlo con frialdad, lejos de saciar el hambre de las fieras este solo gesto aumentará su voracidad.


miércoles, 13 de julio de 2011

Consejos para el escritor

Sigo recopilando consejos de escritores allá donde los encuentro y me asombra que cada quien tiene una manera de hacer las cosas, como en casi todo. No obstante quizá sean los mejores consejos que haya leído hasta entonces o los que más simplificarían un trabajo en el que casi siempre me trabo. En las historias largas casi siempre llego a la mitad y corrijo el principio, me atasco, me pierdo, me desilusiono y dejo de verle el sentido. Lo siguiente es aparcarlo y lamentar no haberlo conseguido.

Consejos por Jhon Steinbeck:


Lecciones que aprender

La vida es un cúmulo de lecciones que hay que aprender para llegar a ser la persona que se quiere ser. No es un camino sencillo, se requieren muchas horas de tropezarse y caer, y de volver a levantarse como si nada hubiese pasado. La vida es una gran incógnita cuya ecuación se resolverá al final de nuestras vidas, solo entonces sabremos si cada paso dado mereció la pena para llegar a ese final o si hubiera sido mejor haber tomado otra decisión a tiempo. La vida es un espacio que hay que llenar, quizá solo sea eso.

Entrar en algún blog es encontrarse con retazos del pasado en que a veces convergen los presagios de un gran futuro. Una sensación esperanzadora para una mañana gris de cielos encapotados.


martes, 12 de julio de 2011

Cartas desde el infierno

En este libro Ramón Sampedro relata lo que ha ido sucediendo desde el día en que se quedó tetrapléjico. Algo que Alejandro Amenabar hizo a su vez en el rodaje de la película Mar Adentro. Aquí tengo que decir que leí el libro hace bastantes años y vi la película, ambos me impactaron, y creo que la película recoge fidedignamente todo cuanto Sampedro intentó decir.

Que más o menos venía a ser que cada quien ha de ser libre de elegir el momento en el que decide morir. Aquí hubo quienes tacharon la película de mediocre y empalagosa, a mí no me lo pareció, en cambio me pareció respetuosa. Y hubo tetrapléjicos que expresaron su disconformidad tanto con esta película como con la actitud vital de Sampedro. En esto creo que a veces uno no puede elegir aunque quiera. Y si quieres formar parte del mundo en el que vivías, y ese es tu único objetivo y se te niega, y no encuentras el modo de seguir adelante, y has perdido el sentido de tu vida por más que te digan desde afuera, y te estancas y te sumes en la desesperación y sólo esperas el final que tu religión te niega, a fin de cuentas tampoco puedes elegir.

Del libro poco más puedo contar porque buscando entre mis notas no he anotado. Eso me pasa con las historias que quiero releer, de modo que sólo puedo recomendarlo. Creo que es un libro que vale la pena leer. Y la historia de Sampedro una historia que vale la pena conocer, la recoge de un modo - para mí- magistral Alejando Amenabar en su película Mar Adentro filmada en 2004 y ganadora de un Oscar.


Buscando en la red encontré una página donde se puede leer el primer capítulo del libro:

lunes, 11 de julio de 2011

¿Qué somos?

A ver quien es el listo que nunca se hizo esta pregunta ¿qué somos?, a penas un puntito en el universo dirían algunos. Otros dirían que el eslabón de una infinita cadena, otros que una rosa con sus espinas, otros dirían que somos muy poca cosa, los más optimistas que somos lo más importante. Aquí nuestra imaginación daría para mucho, pero ¿de verdad a alguien se le ocurriría que somos nudos?

domingo, 10 de julio de 2011

Amor verdadero

Leo muchos blog de gente joven que sufren por amores frustrados y que se preguntan si acaso el verdadero amor existe. Yo les respondería que no solo existe, sino que además tiene unas características específicas que lo hacen fácilmente reconocible. Lo cual no quiere decir que llegue a buen puerto. A veces hay personas capaces de quererse con toda el alma, e incapaces de comprenderse. A veces querer demasiado es la traba mayor. Y también pueden darse ecuaciones irresolubles en el amor...las hay a millares...

En todo caso en esta canción titulada Tanto amar están todas las claves del verdadero amor. Ese que comparten todas las combinaciones de amores indisolubles, léase abuelos-padres-hijos-hermanos-amigos-etc, etc

(Jamás voy a disculparme por ser adicta a esta voz:

sábado, 9 de julio de 2011

Tan solo una palabra

Él, cansado de pelear contra los mares en contra se irritó, la miró un momento y le dijo una simple y sencilla palabra que pareció dispararse de un cañón y que le dio de pleno:

-¡Cállate!

Ella pensó si acaso por ser tan joven debía callarse. Incluso pensó... ¿puede tener que callarse alguien en nombre del amor? Ahondando en esta pregunta siguió pensando, ¿acaso esto es amor? y semanas más tarde concluyó casi sin que viniese a cuento.

- No quiero hablar más contigo.
- ¿Qué quieres decir con eso?

No respondió a su pregunta, en vez de hacerlo hizo lo que tantas veces le había pedido, se calló. Pero a partir de ese día comenzó a parlotear más que nunca con todo el mundo, como si estuviese feliz de incumplir su orden con todos menos con él. Que desde entonces sigue esperando en balde escuchar su voz, esa que sólo escucha en sus sueños que reviven lo fue.

miércoles, 6 de julio de 2011

Publicar en el blog

Es rápido, apasionante, da sentido a los textos que dejamos escondidos en un rincón, porque al ser leídos dejan de estar dormidos para pasar a ser vivos, dentro de otras cabezas son. Conviven, dan vueltas, estremecen, irritan, provocan algo, y en ese provocar algo pasan a estar, y quizá estar llegue a ser quedarse. Algo que ni era ni estaba de pronto es y está. Así lo siento mientras leo blogs, que cada uno de los que leo a su manera me aportan algo que será aplicado, como cualquier texto proveniente de donde sea, me da igual que provenga de un premio Nóbel que de un indigente que se conecta desde la biblioteca del lugar donde por azar se encuentra. Todo lo que sea escritura aporta, en eso no tengo duda, y leer es un vicio que incita a pensar. Escribir es otra cosa, es explorar un territorio hasta ese instante desconocido, es iluminar con un gran faro la oscuridad.


Ahora bien, en este punto soy consciente de que si todo lo que he venido publicando estuviese confinado en un archivo de Word de mi ordenador, a estas horas habría sido devastado por una visión muy crítica, y de todo ello, quizá sólo una tercera parte se habría salvado. Escribo para verter todo aquello que la vida diaria pone ante mí, todas mis preguntas, todos los sentimientos arrojados a mí desde cualquier lugar, un telediario, o comentario casual, un suceso inesperado; todo aquello que se acumula en mi cabeza y estorba el sitio pasa a ser escrito, sólo al escribirlo de la forma en que sea va creciendo con los días y hallando su solución. A veces no la halla y puede pasarse años dando mil vueltas, pero ya no es lo que era, es un resumen del resumen, una porción pequeña, y no el lastre que al arrastrarlo me iba dejando sin fuerzas porque todo lo que me cruje me afecta. Escribir es un compendio de muchas cosas quizá sin sentido, pero quien escribe no puede no escribir del modo en que quien respira no puede dejar de hacerlo sin morir. Este morir tildado de mil matices.

Ahora bien, publicar en Internet algo que pertenece a la vida privada real es algo que yo no haría. (No conscientemente). Está claro que en Internet hay gente sin escrúpulos que roba textos, y no sólo eso, que además los envía a concursos literarios con su nombre puesto. Y aquí si no los tienes registrados en el registro de la propiedad intelectual a saber si te las verás intentando defender algo que es tuyo, ¿qué habría más tuyo que tu propia vida, aunque sea escrita?,esa que alguien sin escrúpulo alguno pueda plagiar. Cualquier posibilidad posible aunque por no ser ni sea posible halla hueco en mi cabeza, es cierto, pero esto solo de imaginarlo me da mucho miedo. Y no tiene límites mi imaginación tal y como se está leyendo. Por eso después de estar pensando durante horas sobre lo que en este enlace se plantea yo daría un consejo: Escribirlo en soledad, registrarlo en el registro de la propiedad intelectual a nombre de su autora y después publicarlo en entradas diarias. Cuando tenga la absoluta seguridad de que podrá defenderlo como suyo en este mundo incierto, al menos esa garantía vital. Desde aquí esa sería mi respuesta.

http://misangrederramada.blogspot.com/2011/07/encuesta.html

martes, 5 de julio de 2011

Cuando un blog se muere

Alguien que creía ha dejado de creer. Alguien que compartía ha dejado de compartir. Alguien que soñaba ha dejado de soñar. Alguien que estaba ha dejado de estar. Cuando un blog se muere y permanece abierto sigue viviendo en cierta manera, y en cierta manera reposa en un camposanto. Cuando un blog se muere, hay mucho que se muere en él. No importan tanto los motivos que frenan, importa que hay algo muy grande en que se deja de creer. Esa sería mi respuesta y cuando dejas de creer todo se oscurece de golpe.

domingo, 3 de julio de 2011

Palabras al sol

Sol, sol lleno de vida
que estiras tus rayos y llegas al suelo
que en tu regazo amarillo me vistes de tú
y me inundas entera en tu enérgico fuego

Sol, sol lleno de vida
que ahuyentas la tristeza de mis desesperos
cuando sueño la codicia de ser como tú
e inundar de abrazos cálidos un beatífico cielo

Sol, sol lleno de vida
que llenas los días de reverberantes ecos
que se expanden generosos cual tú
llenando vacíos que antes fueron yermos

Sol, sol lleno de vida
que te estiras de continuo en cálidos flecos
que inspiras e instas a ser como tú
e irradiarse en el mundo cual astro perpetuo.

sábado, 2 de julio de 2011

Un convencimiento propio

Quien lo quiere todo pierde lo mejor.

viernes, 1 de julio de 2011

Un acuerdo no acordado

Olaya está en la peluquería, es morena, lleva el pelo cortado a lo Cleopatra, y tiene cuatro años y medio. Lee una revista en voz alta, a tal velocidad y con una dicción tan perfecta que las chicas del telediario se sonrojarían al verla. Su abuela ronda los sesenta y lleva cuidando de Olaya desde que nació, está claro que sabe como hacerlo porque esa mañana de viernes se ha dejado sus gafas de leer en casa e insta a la niña a que lea en voz alta para ella una revista.

Marga detesta ir a la peluquería, sobre todo porque siempre se pide un corte de pelo y le hacen otro, por el ruido y el calor de los secadores, por el largo tiempo de espera... por esto y por aquello siempre hace acto de presencia cuando no queda remedio. Pero esa mañana se alegra de todo ese tiempo empleado en observar a la niña rechoncha mientras lee. Y es que puede con palabras extranjeras impronunciables, tratamientos de belleza innombrables; a sus cuatro años y medio es capaz de leer perfectamente lo que le pongan delante y quedarse tan ancha.
Marga no puede evitar maravillarse por todas las lecturas que podrá hacer cuando tenga diez. Y de todo cuanto disfrutará entre los libros si su abuela - todo apunta a que sí- la introduce en la lectura de una forma conveniente. No habrá libro publicado que se resista a su inteligencia despierta o su innato deseo de perfección.

Olaya lee en voz alta y casi en trance la crónica interminable de una boda real. Lee nombres y apellidos con un deje casi cómico por lo esforzado de leer entre tamaña dificultad. Y lo hace de un modo tan sublime que Marga no puede evitar decirle que lee maravillosamente, en verdad se ha quedado impresionada por su gran capacidad. La niña la mira un momento con sus ojos redondos y muestra su fastidio por ser interrumpida. No deja de moverse en su silla mientras lee, es hiperactiva y queda claro que hacerla leer es para su abuela la única manera de mantenerla quieta en su silla mientras esperan su turno de cortar.
De pronto una retahíla de nombres impronunciables para cualquiera menos para Olaya en un pie de foto, desata la risa de Marga. Es la risa feliz de quien vislumbra de cerca una proeza.

-Te ríes como el pájaro loco_ le dice la niña con acidez y pretendiendo insultarla, pero su reacción sincera la lleva a reírse aún más.
-Tienes razón_ responde cuando recupera la voz_, me río como el pájaro loco, pero tú lees con una perfección que parece imposible en una niña de tu edad. Lees a tal velocidad que me tienes impresionada_ de nuevo esa mirada gélida ya más acentuada por interrumpir de nuevo su lectura.

- Esta niña va a cuidarme a mí cuando esté viejina ¿a que sí Olaya?_ pregunta su abuela.

A su lado la nieta la mira como si esa pregunta no viniese a cuento, apoya la revista en sus rodillas con cierta violencia, y enfoca a su abuela arrugando el entrecejo.

- ¿Hasta cuántos años cuentas vivir?_ su mirada es de lo más desconfiada. Su aguda perspicacia le da a entender que la abuela no piensa conformarse con poco.
- Hombre, digo yo que hasta los cien por lo menos.
- ¡Hasta los cien! ¿abu... esos no serán demasiados?_ intenta esconder su desconcierto y casi enfado sin conseguirlo.
- Hija, creo que muchos, lo que se dice muchos no son_ responde su abuela un tanto sorprendida.
- Pues sí, abu, esos son muchos...¡y yo tantos no te cuido!

Acto seguido sigue leyendo en voz alta, más alta aún para que nadie se permita un comentario. La abuela de Olaya, y Marga no lo pueden remediar, se ríen como locas por la forma en que la niña de cuatro años y medio ha defendido su futuro, ese que ni es ni está pero que va a pillarla en medio de una vorágine ineludible. Arquea una ceja para observar a Marga y recriminarle que no deje de reírse. Algo nada sencillo, entre la abuela que protesta porque la nieta no le deja llegar a los cien, y la nieta que intenta zafarse de un acuerdo no acordado; que intenta espantar en voz alta leyendo la crónica de una boda real. Tan real como ella misma.

jueves, 30 de junio de 2011

Donde vos comienzas

Sufro porque soy humana
pienso porque tengo humanidad
avanzo y retrocedo porque soy yo
me enfado y me desenfado porque lo decido

Sueño y despierto porque soy humana
me duele y me curo porque tengo humanidad
espero y confío porque soy yo
estoy tras esta pantalla porque lo decido

Lucho y resisto porque soy humana
espero mejorías porque tengo humanidad
temo y sigo adelante porque soy yo
te tomo de la mano y camino porque lo decido.
Porque no sé donde yo termino o comienza vos.


martes, 28 de junio de 2011

Nuevas posibilidades

Se dice que las editoriales temían el futuro del libro por la irrupción de las nuevas tecnologías, y que no quedaría otra que adaptarse a los nuevos tiempos. Aquí había bastante división de opiniones, los derrotistas anunciaban su fin y los optimistas su multiplicación de formas aún no inventadas. Es innegable que internet es un mundo de lectura al alcance de todas las temáticas imaginadas. Y que cada usuario elegirá la manera de adaptarlo a sus necesidades específicas, pero en definitiva el libro no morirá, se transformará y sobrevivirá. Y los lectores elegirán, seguirán eligiendo la forma en la que prefieren leer o los autores que quieren leer; luego seguirán entrando en juego todas las casualidades que hacen que mientras buscas un libro te sumerjas en otro, mientras buscas a un autor te encuentres otro que a una ojeada quieras leer; o que un libro que en principio sea un sueño se convierta en una pesadilla y lo termines dejando, o vicebersa. En definitiva: todas las posibilidades de posibles siguen ahí porque el mundo sigue inmerso en su continua trasformación.

lunes, 27 de junio de 2011

Basado en un hecho real

Un día de hace muchos años mi hermano me contó una historia que me resquebrajó por dentro. Una historia que me mantuvo obsesionada hasta que logré parirla -podría quizá exagerando mucho contarlo así-, tuve que gestarla hasta rehacerla de un modo que me dejase de doler, que me dejase convivir con ella sin olvidarla, pero sin recordarla tal cual fue.

De la historia solo sé lo básico, un niño de cinco años que llega a un hospital después de cruzar la cuidad de punta a punta en plena noche. Llega lleno de cardenales en la espalda después de recibir la paliza de su abuela alcohólica, y le hace una petición a la enfermera: quedarse a vivir en el hospital porque sabe que allí cuidan de la gente. A la mañana siguiente en el hospital sólo se habla de ello. Todo el personal está conmocionado, y una de las enfermeras se lo cuenta a mi hermano, mi hermano me lo cuenta a mí, y yo escribo esta historia para enviarla a un concurso literario. Desde dicho concurso se me dice que quien querría publicar una historia como ésta. Yo no lo sé, quizá alguien que quiera hacer algo por todos los niños como Darío. Aunque sea tan poquíta cosa como intentar reconstruir su historia, vivir su día a día en primera persona y buscar la luz que les lleve hacia el final del túnel.

domingo, 26 de junio de 2011

Carrera de fondo

En las carreras de fondo hace falta ir muy despacio, casi paseando para no agotarse en las primeras vueltas. Ir como si en verdad no se fuera a ningún sitio, ignorando a quienes corren junto a nosotros, no sea que pensemos ni por un momento que nos vayan a ganar. Es importante seguir adelante pese a todos los calambres, el cansancio infinito, el sudor a chorros o el deseo de abandonar, lo importante de veras son la línea de meta y las ganas de llegar. Pero tan importante como eso es saber que mientras dure la carrera se va a estar solo, y que verdaderamente no está claro que vayamos a llegar. Por eso es imprescindible disfrutar compitiendo, aquel a quien no le guste vaya pensando en abandonar, porque en esta carrera de fondo el premio está en la distancia recorrida nada más. En todo lo que mientras avanzas dejas atrás, un sinsentido de letras que al leer entenderás.

sábado, 25 de junio de 2011

Sobre el papel


No me gusta esto que te dije
y lo borro
no me gusta esto que ha pasado
y lo quito
no me gusta esto que pienso
y lo tacho
no me gusta esto que hago
y lo elimino
no me gusta esto que hay
y lo arrugo
para encestarlo en el centro
de la papelera.
No me gusta este final
lo reescribo
no me gusta tu respuesta
la cambio
no me gusta este enredo
lo deslío
de esta forma todo es muy sencillo.

En la vida no es tan fácil conseguirlo. A veces imposible. Por eso escribo.

viernes, 24 de junio de 2011

Girando en la rueda de las preguntas

Pregunta de Remedios a su hijo de veintitantos años:

-¿Qué debería preocuparme más, que tu hermana salga con un chico de veinte años o con uno de su edad?

Su hijo, que la conoce demasiado bien arquea una ceja, y sigue leyendo el periódico dominical. En ese simple gesto le da a entender que ninguna respuesta le servirá jamás, de modo que intenta ser gráfico y responde como si tal cosa.

-Mamá, ¿Qué te parece más peligroso? ¿Caerte al mar y que te coma un tiburón, o caerte a un río y que te coma un cocodrilo?

Remedios no está dispuesta a obtener una respuesta semejante para una pregunta tan importante. Confía demasiado en él y su buen juicio para conformarse tan fácilmente.

- ¿En serio, qué opción de ambas te parecería menos problemática?

- ¿Y a ti, qué te gustaría más? ¿Caerte al mar y que un tiburón te parta por la mitad, o caerte a un río y que un cocodrilo te parta por la mitad? En serio, ¿qué te gustaría más?

Remedios se ríe por la forma tan válida en que su hijo es capaz de responder a sus preguntas de matriuska rusa. Sigue parada sobre la misma baldosa en que estaba cuando llegó de un modo urgente para resolver esa duda que pululaba por su cabeza desde hacía unos días.

- En serio- repite mientras dirige a ella sus ojos de color avellana redondos como botones- ¿No ves que tanto da que da lo mismo? Ale, déjame leer el periódico tranquilo y no te comas la cabeza. Acostúmbrate a no tener siempre la respuesta adecuada para todo. No la hay...en serio... no la busques porque no la hay. Así de simple.

Remedios entró en la habitación del fondo y puso en marcha la aspiradora. En las horas siguientes trató de imaginarse a sí misma cayéndose al mar y siendo engullida por un tiburón, o cayendo a un río y siendo engullida por un cocodrilo. Y lo dejó estar. Definitivamente tanto daba que daba lo mismo, el mundo llevaba girando durante miles de años sin su ayuda, y estaba claro que lo seguiría haciendo.

jueves, 23 de junio de 2011

Que alguien me lo explique

Muchas veces digo que no aspiro a tener respuestas. Sin embargo no dejo de formularme preguntas. Mi cabeza es una noria que gira y gira en redondo generando preguntas, y posibles respuestas definitivas que raras veces son eso, definitivas. Pero esto ya es el colmo. Tengo una enorme dificultad para ponerme al día de las nuevas entradas de blog que sigo, y es que sin saber cómo me hice seguidora de un blog escrito en inglés. Juraría que no tuve nada que ver en esto, sobre todo porque de inglés entiendo apenas cuatro palabras contadas, con lo cual leerlo me resultaría agotador, a parte de que no tengo el más mínimo interés. ¡Y lo que no me interesa no me interesa y punto! Esa es la lógica que sigo.

Me gustaría que alguien me lo explique. Ya no la forma en que supuestamente - vamos que sé que no, y en esto tengo absoluta seguridad- me hice seguidora de este blog. Si no el modo de borrarme para que dejen de marearme con sus continuas actualizaciones que no me interesan lo más mínimo, máxime cuando impide que pueda ver las nuevas entradas de los blog que he decidido seguir de motu propio... Ya, ya lo sé, es lo de siempre, lo que no me pase a mí...

miércoles, 22 de junio de 2011

Cómo han pasado los años

Esta canción de Rocío Dúrcal en su voz particular, aterciopelada y serena irrumpe en cualquier verbena de verano, y mientras escucho tengo la sensación de que no he cambiado un ápice. Que sigo siendo esa mezcla de ingenuidad y escepticismo a partes iguales y que el devenir de los días ha venido sucediendo con tal parsimonia que en el fondo sigo estando donde estaba. Sé que en el fondo no es más que una sensación, un espejismo insensato, pero sé que es tal que así. Apenas me he movido del lugar en el que estaba, y sin embargo nada que ver, apenas he variado mis convicciones, y sin embargo aquellas que ni recuerdo se han quedado en el camino, aparcadas para no cargar bultos ya innecesarios. El equipaje de vida se hace y se rehace una y otra vez sin que nos percatemos de ello. Es necesario, porque aún sin darnos cuenta vamos aprendiendo de los palos recibidos y de las incontables alegrías. La vida es un enorme pastel confeccionado con muchos ingredientes desconocidos, un pastel que nos va devorando un día tras otro.


martes, 21 de junio de 2011

Tiempos de modernidad

Llevo tiempo queriendo escribir una novela juvenil y sucede que todo lo que escribo es de suicidio. La idea era enviarla a un concurso literario en concreto, y lo malo de la idea es que no recuerdo absolutamente nada -que yo sepa- de qué tipo de cosas pueden preocupar a la juventud. Aunque incluso puede que sea demasiado juvenil sin saberlo. Vaya, que no haya madurado de forma conveniente y aún no me haya caído del guindo... a veces se me ocurre que sucede.

Pero por casualidad. Y conste que no creo en casualidades di con un fotolog que es un primor. Es lo que sucede en los tiempos modernos, que aquí en estos pueblos perdidos del mundo donde nadie conocía ya a nadie irrumpen las nuevas tecnologías y de pronto todos saben qué canción prefiere este chico con nombres y apellidos, o qué notas sacó esta chica que llevaba las evaluaciones de mal en peor. De pronto todos se conocen a todos, espían sus vidas y comentan lo que hacen y dejan de hacer. Incluso opinan sobre sus vidas sentimentales o amorosas. Si menganita debería dejar menganito por salir tan sobón en esa foto en la que está con otra, o viceversa. Y luego se forman culebrones que dejan en pañales esos que ponen en ciertas cadenas de televisión donde sobran los venados.

Pues bien, por esas casualidades a veces no tan casuales di con un fotolog que relata mejor que cualquier novela la historia de una chica que se ennovió y fue escribiendo su historia de amor con fotos incluidas. No voy a apuntar su edad, pero hablo de cuatro años de noviazgo que se relatan en conceptos hermosos, y con horrorosas faltas de ortografía no exentas de ternura. Y sucede que de buenas a primeras la historia puso el punto final, pero ha pasado casi un año de la ruptura y el fotolog sigue ahí, como un barco varado en la arena- sin actualizarse- pero dando buena cuenta de que quien tuvo retuvo. Terminaron como excelentes amigos que se van juntos a la playa en compañía de los antiguos amigos en común, y los nuevos amigos que cada uno ha ido encontrando en su camino. Saben que en definitiva amar es compartir.

Retazos...

Se nos hace muy difícil decirles a los demás lo mucho que nos importan, siendo lo único a lo que deberíamos dedicar cada día. Lo importante de la vida son siempre aquellos que nos importan, y nos vamos poniendo metas que nos distraen de ellos. Sin darnos cuenta de que los minutos se suman y se nos va el tiempo.

lunes, 20 de junio de 2011

Donde crujen los olvidos

Al mirar la fecha en el calendario ese día en concreto quiso decirle algo a Ella. Se acerca el verano, eso fue lo que pensó, y volvió a pensarlo muchas veces durante todo el día. Su mente quiso recordar, pero la vorágine del fin de semana la distrajo de tan hondo fin, y no pudo concentrarse, tan solo rellenó las horas de vigilia lo mejor que pudo, ya que un buen envoltorio para las horas que han de pasarse en familia es algo esencial. Los días pasados en familia son esos pequeños momentos que siempre conserva en su memoria, tan frescos como el primer día y son su motor. Ella sabe que lo que rescata del fondo de su mente en las épocas malas son esos recuerdos, que terminan sacudiendo su desánimo y la llevan a intentarlo una vez más. Intentar de nuevo algo que se ha dado por perdido es volver a respirar, por eso mientras disfrutaba de la compañía de la suegra y los cuñados, de las sobrinas y sobrinos, no intentó esclarecer lo que la fecha en el calendario quiso gritarle. Se centró en ese ahora que no quiso dejar escapar, exprimiéndolo sin más.

Días más tarde en medio de una charla casual, su madre lo trajo a colación. Entonces un suspiro de incredulidad se dejó escapar, y trajo consigo una fecha labrada en el mármol del sombrío panteón. Fue así que pudo verlo claro y se preguntó cómo era posible haberse olvidado de la fecha en que siempre envolvía un regalo para su cumpleaños, que él siempre desenvolvía un poco regañón, y agradecía después con una sonrisa de niño ilusionado. Ese regalo que más tarde sustituyó por alguna flor dejada en el mármol frío y que ahora señala su vacío.

domingo, 19 de junio de 2011

Para reflexionar

No hay solución para todo, hay una solución puntual para un hecho, y surgirán, sin duda, con esa solución nuevos problemas. Lo que hay que tener es la capacidad de ver ésto, y actuar en consecuencia. Pero, sobre todo, hay que enseñárselo a los niños.

Pilar Alberdi



viernes, 17 de junio de 2011

Enseñanzas de una vida

Lleva una vida aprender lo necesario
para no decaer,
para perseverar donde otros abandonaron
para ver donde otros no ven,
para seguir aunque el camino sea largo
para forjar lo que se cree,
para no renunciar a lo soñado
para soñar lo que puede ser.
Lleva una vida acumular lo trabajado
y con el cuerpo cansado ver
que los frutos de todo lo esperado
dan nuevos frutos al florecer.
Lleva una vida poner en palabras
las enseñanzas que dejaré
cuando abandone este mundo
para en otro mundo renacer.

jueves, 16 de junio de 2011

Con el alma en pie

Aprender a mirar el pasado
sin rencores ocultos
sin perder todo lo bueno
que alguna vez hubo

Aprender a mirar a otro lado
cuando surgen los bultos
de dolores ajenos
que incrustaron sus nudos

Aprender a saber que se ha amado
y se ha juzgado muy mucho
con la mente callada, los oídos abiertos
en que otras insidias han deshecho el futuro

Aprender a saber lo ganado
sin perderse los frutos
que han de recolectar de nuevo
en las vides de otros campos ya maduros.



miércoles, 15 de junio de 2011

Cuando un escritor se muere

Sus palabras permanecen encerradas en los libros que escribió. Sus pensamientos siguen su curso libre y hace que broten los pensamientos de quien lee, que pueden ser distintos pero que han nacido justo ahí, al leerle. Donde una nueva conciencia hasta entonces dormida se ha despertado y le ha sacudido, y después le ha puesto a pensar, y a labrar sus conclusiones. Y algunas de ellas las llevará de por vida sin saber de donde surgieron exactamente, pero fue en el exacto lugar en que una conciencia le habla a otra y de pronto la despierta de un largo sueño.

Cuando un escritor se muere sigue latiendo entre sus convicciones, entre sus anhelos, entre todas las dificultades diarias que ha ido sorteando, entre sus ilusiones y decepciones, entre su quiero y no puedo. Escribir es retar al pasado y al presente, sacudiendo al futuro, sembrar y trasplantar, recoger los frutos verdes y maduros, saboreando indistintamente su acidez y dulzura en un mismo tiempo. Escribir es dejar de ser tú para ser nosotros, olvidarse de la propia piel y probarlas todas, zambullirse de lleno en la página en blanco y llenarla de mundos nuevos que no existían momentos antes y que ahora están y pueden recorrerse de esquina a esquina. Escribir es viajar por el mundo sin necesitar equipaje, y proyectar en el lector las mil y una historias de un loco viaje, es hacerle sentir el calor abrasador de un sol de papel, o empaparle con un aguacero de gotas de tinta, hacer que lata con un corazón que siendo prestado no es menos suyo, o pensar con un cerebro que partiendo de otro le remite a sí mismo. Hay muchos mundos posibles entre el que un escritor recrea y un lector traduce. Muchos ecos que resuenan, que giran y se expanden creando nuevos sonidos a su paso, como el viento que al rozar los elementos los llena de vida.

Cuando un escritor se muere no se muere del todo. Los mundos que ha creado permanecen. Mundos vivos que volverán a latir en cuanto alguien entre, y que aun siendo pasado remoto, se vuelven presente. Un presente por descubrir vivo y valiente.


martes, 14 de junio de 2011

Me surgen las preguntas

¿La hija de este padre escritor le leerá a él?, y si lo hace ¿qué opina de lo que su padre escribe? Estando en esa edad no es raro que una hija lectora se encuentre avergonzada de lo que puede escribir un padre escritor. ¿O a caso la temática que este padre toca no molesta a su hija?
Hay muchos tipos de escritos, muchas clases de escritores y muchas clases de hijos, quizá los más de los más puedan compartir espacios sin interponerse barreras.

_ No escribas nunca sobre mí.

Esa puede ser la exigencia de un hijo cualquiera cuando le cuentas que has leído un libro en el que tal madre escritora cuenta lo que le ha pasado a su hija: Léase Paula, o La agenda de los amigos muertos, sin ir muy lejos.

_ ¿Me escuchas bien? No escribas nunca sobre mí. Si me entero que escribes algo sobre mí y te lo publican date por muerta.
_ ¿ Y si me pagasen mucho dinero tú que dirías?
_ Hombre, si es mucho sí.
_ Pues fíjate si fuese para ganar mucho dinero jamás escribiría sobre ti. ¡Ni se me pasaría por la cabeza!
_ Ya, pues si va a ser gratis ni se te ocurra.

Me surgen las preguntas, y a veces ni ansío las respuestas. Las respuestas me vienen a dar lo mismo, pues a cada minuto me llega una y nunca se queda, siempre hay otra agazapada esperando para ocupar su lugar, hasta que llega otra que hace lo mismo y también se queda. Así hasta la eternidad de todos los segundos que pasan de largo y nunca se esperan.

He aquí la crónica de un padre escritor que al menos ha encontrado valiosas respuestas:



Háblame, no me dejes ir

Natalia salía del supermercado hablando como una cotorra, estaba radiante, últimamente había ganado algunos kilos y se le formaban hoyuelos en las mejillas al sonreír, que junto a su piel ya tostada por el sol enmarcaban unos dientes blanquísimos. Su madre iba pensando en mil cosas mientras la escuchaba hablar, echaba de menos sin poder remediarlo otros días en los que la sonrisa de Natalia reflejaba la inmensa alegría de saberse acompañada. Eran días en los que su teléfono móvil sonaba a cualquier hora con el único pretexto de escuchar su voz, algo que muchas veces la enfadaba, y después de cortar la comunicación con cierta prisa preguntaba a su madre:

_ Al final lo de siempre, ¿te das cuenta?, me llama para nada.
_ Llama para escuchar tu voz. ¿Acaso hay que explicártelo?, necesitaba escucharte.

Natalia se quedaba en un ay, seguía enfadada de que sólo la llamase para escucharle decir que su día había sido igual al anterior, ¿que otra cosa se esperaba? Su madre movía la cabeza hacia los lados y le decía que algún día lo entendería, no dejando de extrañarse de que aún no lo comprendiese. ¿Acaso a ella no le pasaba? Pues no. Y se lo decía tan ancha. ¿En verdad no te ha pasado? Pues no, respondía Natalia, no soy tan rara, o no me aburro tanto, no sé.

_ No me estás escuchando.

Natalia se quejó de pronto. Y al escucharla hablar supo que se encontraban en el ahora que tantas veces le costaba respetar. Su madre regresó desde tan lejos y ella recuperó el principio de su charla haciendo un esfuerzo, y casi desde el principio su madre se volvió a perder.

Estaba inmersa en otros días que se le antojaban mejores, días en que solo hablando pudo arreglarse todo, y sin embargo así quedó. Caminaba y miraba a Natalia y seguía preguntándose cómo se podía ser tan feliz después de tener tanto y quedarse sin nada. Volvió a repetirse por millonésima vez que esa fue su elección y que lo tuvo siempre más claro que el agua, algo que también le costaba entender, ¿cómo se deshace uno de los recuerdos? ¿cómo se deja de atesorar el ayer? Natalia seguía sonriendo y hablando, y ella intentaba salir a la superficie de tantos momentos vividos en aquellas calles expuestas al sol abrasador de la tarde, cuando de pronto la joven se calló, mudó su expresión y siguió hablando, intentando mantener una serenidad que no sentía. Un añejo rencor que llevaba tatuado un nombre propio se fijó en sus ojos, y su madre siguió la exacta trayectoria que evitaban, y solo entonces lo vio. Caminaba hacia ellas observando a Natalia y su imagen mil veces anhelada, su mirada acariciaba esa piel que siempre había protegido como si fuese a desintegrarse de un minuto a otro. Natalia seguía hablando, y su madre mirando hacia cualquier parte que no fuese él, no quería saber que seguía adorando a su hija como la primera vez, no quería sentir su amargura al pensar que posiblemente ella no le volviese hablar, después de ser su ángel custodio durante tanto tiempo.

Sólo cuando lo tuvo enfrente, se enfrentó a su mirada y lo saludó. Él respondió a su saludo con un amago de sonrisa amarga, en el último segundo no pudo evitar posar sus ojos en los de Natalia, y se dio de frente con todo el hielo de su mirada. Entonces la miró a ella para encontrar algo de apoyo que le acompañara, y por un instante compartieron momentáneamente el mismo dolor ante el que no cabía hacer nada. Dejar pasar los días tal vez, y después los meses y los años, hasta que todo se disolviese y la brisa trajera otras mezclas a la memoria del tiempo. Después que se hubo alejado con los brazos alicaídos y los pies sin firme, Natalia dejó escapar una palabra odiosa que su madre le recriminó, y entonces sin ánimo de herirla volvió a insinuarle que la seguía queriendo. Y que bastante tenía ya sin echarle más carga encima.

_ ¡Ya!...está muy claro, clarísimo...
_ ¿Y que quieres que haga? ¿Acaso alguna vez le has dado alguna solución?
_ No. Y no pienso dársela.
_ Pues tendrá que buscar a alguien con quien ser feliz, ¿qué quieres que haga?
_ No parece que le vaya muy bien que digamos.
_ Pues no. La verdad.

Después de unos pasos Natalia volvió de nuevo a su antigua charla, su madre se quedó buceando de nuevo en otros días. Y el chico volvió caminando a su casa sobre las huellas de días pasados.



lunes, 13 de junio de 2011

La niña del arrozal

Este libro de José Luis Olaizola me reclamó desde la estantería de novedades por la fuerza de su portada. No me gusta encontrarme leyendo un libro y comenzar otro, pero es algo que suelo hacer cuando un libro me reclama con esa insistencia inconfundible de un libro que me reclama ser leído. En ese momento es como si algo muy poderoso me gritara que está ahí para mí, y que sencillamente me esperaba. Es casi una intuición que sé que no debo desoír, y que aunque quisiera desoírla no puedo; las cosas más importantes de mi vida me suceden así y conozco demasiado bien la sensación para intentar oponerme. Es por eso que incluso antes de tenerlo entre las manos y hojearlo sabía que lo traería a casa y lo leería con el máximo interés, sin perderme una sola palabra, que es lo que sucede cuando un libro es para mí: que simplemente me llama y no puedo no responder a su llamada. En el enlace que dejo podrás ver su portada y saber algo más de él y de su autor. Lo que yo puedo contarte es que es otro de esos libros que siempre recordaré, es imposible leerlo y olvidarlo alguna vez.

Está basado en hechos reales. Y es la historia de una niña feliz hasta que todo empieza a complicarse. Wichi tiene una abuela avariciosa cuya misión en la vida es acumular dinero a cualquier precio. En el momento en que la niña se queda huérfana y depende de ella para subsistir intenta venderla para la prostitución de lujo. Es ahí donde la que hasta entonces ha sido la criada de su abuela traza un plan para salvar a la niña de ese futuro. Siri hará todo cuanto esté en sus manos para mantenerla a salvo, y para ello la secuestra y se la lleva a trabajar con ella a un arrozal, donde la apodan cariñosamente La niña del arrozal por su destreza para cualquier clase de labor que se le encomienda. Pese a que la vida de Wichi está siendo una vida feliz y provechosa junto a personas que la quieren, la abuela irrumpe en ella para llevar a cabo su plan, venderla para la prostitución de lujo aunque es tan solo una niña... Su vida de un momento para otro ya no puede ser peor...

José Luis Olaizola es fundador y presidente de la ONG Somos uno, que lucha contra el drama de la prostitución infantil en Tailandia. Lleva publicados más de setenta libros. Y desde hace treinta años se dedica profesionalmente a escribir libros y artículos y a pronunciar conferencias.

Internet es un mundo donde todo es posible. Hace incluso posible que desde tu casa, aunque sea la más humilde de la tierra puedas acceder a información precisa y preciosa con sólo tener la posibilidad de conexión. Tú decides aquello que quieres aprender, y si de verdad quieres hacerlo, puedes. Yo he decidido saber mucho más de este hombre, José Luis Olaizola y de su valiosa labor en Somos uno. Porque alguien así me parece digno de admiración. Son las personas como él las que vale la pena conocer, y libros como La niña del arrozal los que vale la pena leer, porque crean la conciencia de que hay mucho por hacer, entre tú y yo, entre todos nosotros, que a veces tan sólo nos cruzamos de brazos y nos quejamos mientras otros actúan y consiguen un mundo más justo para todos. Desgraciadamente hay en el mundo muchas niñas como Wichi y muchos hombres dispuestos a explotarlas sexualmente. A veces que el recuento de sus vidas sea pura felicidad o pura desgracia es sólo cuestión de actuar. Y eso no podemos olvidarlo. No podemos pasar página sin más.






sábado, 11 de junio de 2011

Palabra de Albert Espinosa

Pocas veces en la vida uno se encuentra la lucidez, la inteligencia y la humildad dentro de un mismo cuerpo, pero muchas veces se encuentra con que todo eso ha sido fruto del sufrimiento bien llevado y bien entendido. De una actitud de quien lejos de amilanarse se estira, de quien lejos de dejarse caer se levanta y sigue, de quien lejos de sumirse en penurias se aferra a su propia e irrenunciable posibilidad de ser feliz, esa que no están dispuestos a negarse pase lo que pase.
Encontrarse con estas personas a quienes les sobra la fe en los demás tanto como en sí mismos, es una de las mayores lecciones que pueden extraerse de la vida. Son inolvidables desde el primer momento, y lo sabemos. En el enlace que dejo a continuación se encuentra una entrevista que le hicieron a Albert Espinosa, una de esas entrevistas que uno debe releer muchas veces. Porque en ella se encuentran muchas respuestas a la vida.
Copio una:

¿Cree usted en Dios?
A.E. Más que en Dios, yo creo en la sensación de la gente buena. Creo que hay gente buena que te marca caminos. Y yo he podido conocer a mucha gente buena. Cuando conozco a alguien bueno y sabio, pienso que he encontrado a un pequeño dios.



viernes, 10 de junio de 2011

Paula

Recuerdo la primera vez que me topé con este libro de Isabel Allende. Al leer la contraportada lo dejé en el mismo lugar en el que estaba con una indignación que a lo largo de los años me sigue transmitiendo la clase de persona que soy, una persona dispuesta a juzgar en segundos; desde entonces intento corregirme, imagino que sin terminar de conseguirlo. Recuerdo que en ese momento me molestó que una escritora usara su fama para hablarnos de su hija, o para colarla en nuestras vidas como si fuese una joven tan distinta a cualquier joven de su edad. En ese momento me invadió una sensación que no puedo olvidar por diferentes razones. Y en este punto dejo varias preguntas: ¿Quién era yo para juzgar? ¿Quién soy yo para juzgar los motivos de otros? ¿Qué puedo saber yo de los motivos que impulsan a los demás? Desde entonces intento no juzgar a nadie, porque las razones de uno sólo uno las sabe, y a veces ni con demasiada claridad.

Esa fue la primera vez que me topé el Libro de Isabel Allende titulado Paula. Muchos años más tarde me encontré otra edición en la biblioteca y la leí mejor. Entonces supe que Paula era la hija que se le había muerto a la escritora tras varios meses en coma, aquejada de una enfermedad que su otro hijo, Nicolás, también podría desarrollar por esas cosas que vienen con los genes. De esa enfermedad jamás oyera hablar hasta entonces: Porfiria. Este libro el resultado de un texto que Isabel comenzó a escribir en el hospital para regalárselo a su hija una vez se hubiese repuesto de su enfermedad. Poco antes de enfermar Paula había hecho una aseveración contundente: "Ando buscando a Dios y no lo encuentro". Y también había tenido un extraño sueño en el que quedaba atrapada dentro de su cuerpo. En el momento de su muerte estaba felizmente casada con su marido Ernesto.

En este libro Isabel Allende hace un repaso de su vida. Me gustan los repasos de su vida que hace esta mujer, en su libro La suma de los días yo diría que hace una continuación en el tiempo de este repaso. Mientras leía Paula yo tenía un gran sueño en la cabeza: publicar. Pensaba que sólo publicando lograría toda la felicidad que ansiaba. A veces uno piensa cosas sin saber por qué. Después de leer este libro sólo quiero una cosa, ser madre de hijos sanos y disfrutarlos sobre todas las cosas. El inmenso dolor y la lucidez de Isabel Allende fue esto lo que me regaló. Es un libro que cuesta leer, no diré que no, un libro que hubiese querido no ser jamás escrito, esto sobra decirlo, pero es uno de esos libros que si lo lees una vez no lo olvidarás jamás. Un libro que merece ser leído por todo lo que aporta.

jueves, 9 de junio de 2011

¿Que mundo les dejamos?

Que mundo les dejamos
lleno de botellas vacías por la mañana
en los alrededores de la playa
donde estuvieron de botellón

Que mundo les dejamos
sin posibilidad de trabajo
pese a sus excelsas notas
y su ánimo batallante de emoción

Que mundo les dejamos
con los precios tan al alza
que comprarse una vivienda
es un sueño sin razón

Que mundo les dejamos
si no apostamos por ellos
si todo lo hacemos nosotros
alargando su niñez sin ton ni son

Que mundo les dejamos
si no les dejamos hueco
si les hacemos a un lado
sin darles un empujón

Que mundo les dejamos
aumentando sus estudios
negando su trabajo
y restando su afición

Que mundo les dejamos
si estando más preparados
les llevamos a la eterna
lista de parados sin solución.