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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Sobre el lector electrónico

Hasta hace unos días no eché de menos ese aparatejo del que poco sé. Y sinceramente no le veía la necesidad, pero he ahí que según avanzamos en la vida -y justo por eso es bueno cumplir días y años- le entendí la utilidad. Fue después de lo tortuoso que me está resultando leer cierto libro que me descargué de la red, y que quiero leer como se merece, con calma y todos los sentidos puestos en él. De momento lo tengo en el ordenador que aquí nos disputamos todos cada cinco minutos, y todos con igual urgencia. Es por eso que no consigo tener la tranquilidad de leerlo con calma. Podría imprimirlo y llevarlo y traerlo sin mucho caos, pero tengo cajas de escritos impresos que reclaman su atención en cuanto me oyen pensar en imprimir otros textos. Son como fantasmas arrinconados que esperan una palmada en la espalda para vestirse la ilusión que antaño tuvieron ante mis ojos, y que ante lo complicado que veo sacarlos a la luz con cierto nivel, van perdiendo inmediatez y se desangran en tinta.

Es aquí donde logré encontrar la pieza que faltaba: un lector electrónico, pensé. Para leer debidamente los libros de otros, y dar un último vistazo seguido de muchos más a todo aquello que me sigue esperando en una caja de cartón de tamaño cuerpo entero. Casi como un ataúd de muertos de aburrimiento que esperan un juicio final falto por completo de juicio. Leer y repasar donde quiera que sea, en cualquier lugar. En tiempos muertos de espera, en letargos de aburrimiento, en los lugares que sea.

7 comentarios:

  1. Un placer visitarte. espero que salgas adelante, tanto leyendo libros como en el concurso. Una cosa, no te fíes al completo de los correctores, a veces dejan palabras sin corregir.
    UN abrazo.

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  2. Yo tengo uno de esos aparatejos, del cual tenía cierta aprensión al principio, pero he de reconocer que mi sentimiento hacia él ha cambiado por completo. Pequeño y, evidentemente poco pesado, pero donde le saqué el mejor rendimiento es cuando estaba leyendo El mundo sin fin de Ken Follett, he aquí que ese año me regalaron uno; con la novela (peazo ladrillo) no sabía cómo ponerme para que no me diera una contractura en el omóplato, la terminé de leer en el Ebook y se acabaron mis pesares.
    Un abrazo, Begoña,
    MIán Ros

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  3. No acabo de decidirme.
    Estoy tan acostumbrado al libro de siempre que no acabo de verlo claro.

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  4. moderato, no tengo claro si enviaré algo a concurso, siento que me queda mucho camino por recorrer antes de crear algo digno de presentar. Aquí puedo resumir al máximo las historias que intento contar, con mayor o menor acierto, y siento que les doy utilidad.
    Saludos

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  5. MiánRos, es precisamente tu novela Ángeles de cartón, la que me está llevando a entender que un buen libro es un buen libro, tanto en papel como en digital. Y la que me hace cuestionarme las mías -siempre inconclusas-, dormidas en una caja de cartón.

    Lo que cuentas de El mundo sin fin, me sucedió con la ladrona de libros, al final lo aplacé para otro momento. Hay libros cuyo margen de renovación en las bibliotecas se debería ampliar, me penalizaron dos veces :S
    Saludos

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  6. Toro, eso me pasaba a mí, ahora lo veo muy claro, lo que ya no tengo tan claro es cuando lo compraré por eso que cuentan en el telediario de que ahora los españoles sólo compramos lo estrictamente necesario...Y aún se siguen preguntando porqué lo hacemos...

    Creo que no es precisamente porque no nos guste comprar :S
    Saludos

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  7. MiánRos, acabo de leer en tu blog que también puede comprarse la novela Ángeles de cartón en papel. ¡Qué tentación!

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