miércoles, 31 de agosto de 2011

La importancia de llegar a tiempo

En la vida hay un tiempo para cada cosa. Pero en ese tiempo en que ha de llegarse a cada cosa no se debe estar parado, hay que estar en el camino trabajando seriamente, y si no, no se podrá llegar. En este punto olvido cajas y cajas de escritos inconclusos que me reclaman y no me encuentran, el reconcomio y justificaciones que me hago; no quiero pensar. Es el cuento de la cigarra y la hormiga en versión breve, sin duda alguna.

Esta claro que ella ha hecho su trabajo. Y después de un bache grande en su vida, en que muy bien podría estar lamiéndose las heridas se ha puesto en acción. Y ha buscado fórmulas para sacar sus obras adelante, y lo está consiguiendo. Y se está maravillando, sorprendiendo, aprendiendo día a día de todo este mundo nuevo de redes que crece y crece. Me parece interesante, por eso lo dejo aquí, aunque debería estar reconcomida de envidia. Lo siento, no tengo de eso, aquí el que lo quiere se lo curra, y el que no se lo curre que no se lo pida. Aquí como en todo.

Sentimiento impreso


En los versos de mis poemas
no han de rimar las palabras
sino los sentimientos.

lunes, 29 de agosto de 2011

Palabras de Eugenia Rico

Siempre que me encuentro una entrevista de Eugenia Rico disfruto encontrando a alguien a quien entiendo a la perfección. Con quien comparto - salvando las distancias- muchos puntos de vista sobre qué es escribir. Me encuentro con una sencillez arrolladora y una complejidad de conceptos en la misma vuelta de tuerca. Me gustan sus conclusiones, su modo de llevar la literatura como algo que estuvo en ella desde el principio de los tiempos, e intuyo que la literatura forma parte de sí misma como una piel que quedó adherida a su propia piel. Creo que tiene un talento innato para escoger las palabras y engarzarlas en frases, para vestirlas de contenido y dotarlas de profundidad. Para impregnarles vida y echarlas a andar, dejando que exploren caminos nuevos a los que jamás han llegado. Para que alguien recoja sus palabras y se maraville de que alguien las haya alineado de tal forma que hasta ese instante parecía imposible. En Eugenia Rico lo sencillo se hace complicado y lo complicado sencillo; y en todo caso un mundo apasionante que explorar. La pena es que ofrece muy pocas entrevistas. Y lo bueno que escribe mucho.

Ayer, por fortuna dentro de la Nueva España me encontré una hoja que quiero guardar, y reconozco que soy un desastre para los papeles que guardo. Además me sucede algo muy curioso, estos papeles que guardo son algo que en casa no puedo compartir. En casa a nadie le gustan las entrevistas sobre literatura, ni hablar sobre literatura, ni a nadie a quien yo tenga alrededor. Mi mundo es un espacio que no puedo compartir, porque quienes me padecen están hartos de todas las historias que invento de las historias, las que llevo en la cabeza o las que suceden alrededor. Y de todas las cosas que me planteo ante cualquier hecho común que ellos aceptan con la vestimenta que lleva puesta, y ante el cual yo diseño a medida un fondo de armario completo y le voy probando pieza por pieza para estudiar cual traje de todos le iría mejor. Quienes conviven conmigo odian esta manía mía de desentrañar historias, de verterlas pieza por pieza sobre el mantel y recolocarlas de distinta forma, así hasta llegar al punto en que no generarían ya más posibles historias, y escoger de entre todas la mejor. Es un juego que de tan conocido les aburre, a veces les molesta, a veces les confunde, a veces les preocupa, a veces les gustaría que dejase de jugar a él porque creen que terminaré loca. Yo les recuerdo que de esto a lo que llaman locura otros han hecho su oficio, y que de todos los oficios del mundo a mí me parece el mejor. El que yo elegiría de por vida, sin saber si me eligió.


sábado, 27 de agosto de 2011

Remedios contra el paro

Los escucho con interés
intento entenderlos
les doy vueltas
los veo inviables
harto imposibles
y se me antojan
palabras huecas
intentos vanos
ruidos de fondo,
la verdad es otra
la verdad
es que a quien
le toque estar en paro
puede darse por muerto
porque las soluciones
tardarán en llegar
los títeres y marionetas
andan distraídos
en sus eternos bailes y palabrerías,
y quienes están inmersos
en el hondo hoyo
de las estadísticas
hoy están peor que ayer
y si nadie eficiente lo remedia
mañana estarán mejor
que pasado mañana;
y así hasta el fin de sus días.

Hoy se me ocurrió levantarme
y poner el televisor
después lo apagué
porque al menos algo tengo claro,
sé desde donde no llegará la solución
...al menos por ahora.
Y vuelvo a preguntarme lo de siempre,
¿por qué diantres siguen estando ahí?


jueves, 25 de agosto de 2011

Retazos...

Cuando algo ha sido importante deja huellas, si las huellas sobreviven al tiempo encontrarán huellas de vuelta. Aunque sea a los pensamientos. En cualquier caso todo lo importante deja huellas.

martes, 23 de agosto de 2011

Una pregunta capciosa

Alfredo es agnóstico, de modo que lleva días sumido en una elocuencia magnánima, afila su lápiz de continuo y anota en la página gris de la cotidianidad mientras mira la pantalla del televisor. Su sonrisa es sarcástica, sus comentarios darían para una novela incalificable quizá, y sin embargo muy fácil de calificar. De continuo hace aseveraciones que pueden hacerte reír o mover la cabeza hacia los lados, porque definitivamente hay cosas bastante complicadas de explicar.

Mientras la tormenta hace dibujos serpenteantes por el cielo abrupto de la tarde, y las nubes acumulan electricidad suficiente para surtirnos de luz durante todo un año, él sigue su monólogo depurado, un monólogo que parece haberle llevado años de honda reflexión: los caminos del señor son inescrutables, se reza desde el púlpito. Pues bien, a pie de calle, mientras su interlocutor escucha los razonamientos imposibles de Alfredo, se le antojan así mismo.

Nada en él está dejado al azar, por eso es imposible convencerle de algo de lo que no está convencido. No es amoldable ni adaptable, es regio como la misma piedra. Después de desternillarse de risa una y otra vez, sin esperar que le respondan tampoco esta vez hace otra pregunta:

- Digo yo, si este hombre es el representante de Dios en la tierra ¿por qué viaja en papamóvil? ¿Por qué tiene tanto miedo a morir si ello fuese la voluntad del Señor? No lo entiendo, es algo que nunca podré entender_ mira de nuevo a su interlocutor como si no fuese necesaria su respuesta, o sabiendo que no le va a responder_. No. No quiero que me respondas_ replica en ese instante como si le hubiese leído el pensamiento_. Es que es muy gracioso, de veras que me parece muy gracioso. Te aseguro que si yo tuviese algo de fe, ese cacharro blindado me la quitaría de golpe.

viernes, 19 de agosto de 2011

La nívea pureza de Neil

Neil es un gatito blanco, de orejas estiradas y redondez prominente, en cuanto intentas dejarlo atrás avanza a saltos tan eficaces como un canguro. Tiene dos meses de edad, nació con una hernia de ombligo y un complejo de narciso bastante fuerte, se queda parado en cualquier lugar para hacer amigos; nadie sabe por qué desde hace tiempo su lugar predilecto es el centro mismo de la carretera. Quizá le gusta ver pasar los coches de cerca porque es un gato curioso, y que se detengan para quitarlo de enmedio y seguir su rumbo. Esto sucede desde que un enorme camionero detuvo a su enorme camión y lo tomó del centro mismo de la carretera para mirarlo de cerca, reprenderlo y devolverlo al prado más cercano, de donde tuvo claro que se escapó. Esa escena marcó un antes y un después en la cabeza pensante de su dueña, que desde ese día lo ofreció a todo el mundo, para salvarlo de su propia intrepidez, para no permitir que nadie lo atropellara y no tener que verlo perecer; nada más injusto.

Neil es el gato perfecto para tener en un piso, con su cestita ahuecada, sus juguetes de gato, su comida servida, su sofá mullido y su admirador bien cerca para acariciarlo, porque Neil es un gato que se hace querer. Con su cabecita redonda, sus ojos azules como el claro cielo, su pelaje tupido, sus patitas cortas y sus bigotes quietos, Neil es el gato más amoroso del mundo, y el más inocente a su vez. Apenas anteayer se lo ofrecí a una chica que lo quitó de nuevo del centro mismo de la carretera, le dije que tengo diez gatos más y que todos saben cuidarse menos él, y que temo que le ocurra lo peor si alguien no se lo lleva pronto a un lugar seguro. La chica dijo que no se lo podía llevar y me lo devolvió, Neil estaba feliz de que alguien se hubiese parado y le hubiese brindado una mirada tan amorosa y unas tiernas caricias, unas palabras amables y una sonrisa de triunfo. Era adicto a ese tipo de cuidados, y apenas unas horas después fue una niña de diez años quien se bajó de su coche para salvarle la vida y dejarlo en el prado. Al verla por casualidad salí para decirle que si quería quedárselo se lo regalaba. La madre de la niña sonrió, pareció encantada con la idea y quiso verlo de cerca. Su primera impresión fue sensacional y seguramente se la ganó al momento con esos ojitos azul pálido de mirada penetrante, pero justo entonces le dio vuelta y al mirarle la tripita le vio el bulto prominente de su hernia y debió pensar que era algo grave; antes de que pudiese abrir la boca la niña lo dejó en el prado sin protestar, el coche arrancó deprisa y se alejó, sin que la niña dejara de mirarlo como algo suyo, pero en el rostro de su madre se leía un no, un no de esos que no cambian; no y no. Horas más tarde fue una chica embarazada quien lo quitó de la carretera y quien rehusó a llevarlo porque ya tenía tres. Desde ese momento volví a hacer lo que tantas veces hacía en un mismo día, lo encerré en el sótano y no le dejé ver la luz. Daba lo mismo, en cuanto alguien abría la puerta se colaba con una agilidad veloz para lo peque que era y se iba donde siempre, a ver a la gente pasar, a conocer gente nueva, a prendar a todos con su candor; y otra vez vuelta a lo mismo, cuando menos lo esperabas alguien se detenía a un palmo de él y lo recogía para salvarle la vida. Era imposible contemplarle y dejarle allí, expuesto a todos los peligros que su mirada inocente ignoraba aún.

Esta mañana Neil no tuvo tanta suerte, alguien no se detuvo a apartarlo, o simplemente no lo vio. Yo tampoco pude verlo porque en ese instante gestionaba unos asuntos. Y al regresar ni tan siquiera vi ese charco de sangre en medio de la carretera, ignoro cómo lo dejaron porque no fui yo quien tuvo que recoger su cuerpecito menudo, sólo recuerdo haberle dado su jarabe en cuanto me levanté y su mirada de gratitud por mimarle tanto. Los otros gatos no dejan de olisquear esa mancha roja y de cuando en cuando les escucho maullar. Ellos tampoco lo han visto y seguramente nadie se lo ha contado pero saben por su instinto animal lo que ha pasado, y andan deambulando de acá para allá con las orejas gachas y el ánimo vencido -porque Neil se hacía querer, y proteger con idéntica urgencia-, eso para que digan que los animales no tienen sentido; lo sienten, y lo sienten mucho, tanto como todos los que lo hemos sentido nuestro lo sentimos.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Respetar la autoría

María, Ismael, Isabel y Javier tienen el mismo problema, falta de imaginativa, y un blog que atender. Nadie les ha pedido que tengan blog, pero quieren tenerlo y mantenerlo a toda costa, de modo que a falta de creatividad deciden salir en busca de bellas palabras allá donde estén. María ha entrado por casualidad en el blog de Jacinto, y ha copiado la mejor de sus entradas tal cual, dando por hecho que sólo estaba copiando el texto de un usuario cualquiera de la blogsfera; cuando estaba copiando sin saberlo frases dejadas al mundo por la Madre Teresa de Calcuta, puestas en forma de texto.

Jacinto copió el texto del blog de Elena, que a su vez lo copió del de Manuel, que a su vez lo copió del de Rosa, que a su vez lo copió de Martín, que a su vez lo copió de Alba, que a su vez lo copió de Sergio…Sin que ninguno de ellos aportara un mínimo de cultura a nadie, puesto que ni sabían en realidad de donde provenían tan sabias palabras, y tan sentidas. Un texto cuya autoría real era de Madre Teresa de Calcuta.

Sin embargo los seguidores de Ezequiel, que lo siguen desde hace años porque les gusta su modo simple de escribir, porque no hay en él vanidad alguna y sí muchas preocupaciones mundanas, conocían al dedillo todas esas frases de Madre Teresa de Calcuta, porque Ezequiel nunca tuvo intención alguna de atribuirse un texto que no le pertenece. Sólo quiso compartir la belleza de la palabra con aquella gente que le sigue, su único lema de siempre es dar lo mejor de sí y lo mejor que se encuentra. Aquello que le apuntala por dentro, aquello que le hace reír, que le causa fastidio o pena, que le obsesiona, que le persigue a veces, que no le deja dormir. Ezequiel encuentra en la escritura todos los remedios, y no encuentra mejor solución a sus problemas reales o ficticios, mejor aventura, mejor acicate, juego y propuesta diaria que eso de escribir. Escribir para él es un reto, el mismo reto que ha sido compartir, indisolubles ambas.

A lo largo y ancho de su blog Ezequiel es el mismo que en la vida diaria, sin artificios, inquieto, analítico e investigador, un lector acérrimo, un eterno investigador de todo aquello que se le pasa un instante por la cabeza, un retratista de interiores, un admirador de exteriores, un ser vivo que respira y deja respirar. Alguien honesto consigo mismo, y por lo tanto honesto con los demás. Nunca copia textos de otros, le sobra creatividad, y quizá de las entradas que lee surjan opiniones propias, ideas propias y sin saberlo esté creando algo nuevo con algo que no lo es; pero en todo caso al pasar por su filtro estanco son ya otra cosa. Y en todas las frases que admira, que le susurran bajito, que le suponen un enigma o una pronta solución, esas que ya son suyas siendo de otros, añade siempre que las copia: porque estas sabe que las copia, el nombre de su autor. Porque siendo serios, que a su modo las haga suyas, no significa que hayan perdido su autoría, que no, la autoría es algo que queda para siempre, y que pertenece solo a su autor. Respetarla es respetarnos a todos. Sin excepción.

martes, 16 de agosto de 2011

Fiessssssssssssssssta

Son las cuatro de la madrugada, se celebra un carnaval de verano que ya es típico en la zona desde hace años. Las calles se llenan de personajes de lo mas variopinto, Mozart mismo anda con un gintonic dando tumbos de acá para allá, colocándose la peluca cada tres pasos, seguido de Cenicienta, Cruella de Vil y un Papa de Roma. Abres los ojos como platos al saber que no estás en la onda, quizá sea por eso que te sientes todo el tiempo fuera de sitio. Es imposible pasar por algunas calles de tan atestadas de gente como están. Sobre la caja de un camión un grupo de mariachis que son desplazados de un lugar a otro vestidos de charro entonan su canción, dejando claro quien es el rey. Justo en ese instante una chica del público tras mucho insistir es alzada por los brazos para tomar el micro y cantar, pero lleva tanto alcohol en el cuerpo que no vocaliza, y se le trastabillan los pies, pese a ello se lleva una gran ovación porque en esa marea de gente no se libra nadie; todo el mundo anda igual. O casi todo el mundo. Siempre queda aquel a quien nadie convencerá de que para pillar ese puntito de fiesta es necesario beber, aunque quizá lo sea, dado que hay un ambiente tan fuerte que así de pronto a cualquier cuerdo entremedias le intranquiliza un tantito.

Varios grupos de turistas maduros casi no se tienen en pie, sin embargo bailan la música ochentera que suena como un trueno desde un atril, chicos de apenas unos trece hacen lo mismo, bailan dando tumbos de la gran cogorza que llevan encima. Ríos y ríos de gente va y viene de todas partes, logrando mezcolanzas imposibles de disfraces: vacas, diablos y diablesas en grupo, vampiros, tigres y tigresas, personajes de todo tipo y condición se han escapado de sus límites reales e imaginarios y pululan por todas partes pasados de alcohol. De pronto en toda la masa existente se abre un creciente hueco; hay una pelea, un grupo de chicos y chicas discuten violentamente hasta llegar a las manos. Un intercambio de palabras por un walkie talkie trae agentes del orden, un pequeño revuelo momentáneo, un barrido selecto y todos a sus puestos, no queda ya espacio ni para una colilla.

Después de varias horas de paseo de un lugar a otro me rindo, centenares y centenares de personas que no he visto en mi vida -y que han desembarcado desde la estación de autobús para regresar de nuevo a ella y recorrer cientos de kilómetros tal vez para volver a sus casas- se quedan en mi retina, soy bastante escéptica con este tipo de fiestas donde sobre todo se viene a beber, basta ver todo el desmadre que queda a mi paso para saberlo. Mañana alguien me hablará de todo lo que ha logrado vender en su bar, de lo buena que ha sido esta fiesta para hacer caja, de lo necesario que es mantenerla vigente año tras años en esta localidad, y yo arrugaré el entrecejo y preguntaré si acaso en voz alta... ¿a cambio de qué? Mi mente catastrófica si se quiere, me traerá al instante todas esas escenas que se quedarán de por vida esperando el preciso instante en que emerger en pequeños relatos, pensamientos dispares, escritos inconexos, reflexiones de loca, pesadillas de turno, consecuencias de nunca entrar en ambiente que dirían algunos. A veces aunque no se quiera el más loco de todos es quien permanece cuerdo, porque cuando se organizan fiesssssssstas así nadie contaba con cuerdos. Triste realidad disfrazada o no.

lunes, 15 de agosto de 2011

La honestidad

Siempre y en cualquier caso empieza con uno mismo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Citar la fuente

Cuando se copia un texto en Internet tal cual fue escrito por su autor real me parece cuando menos de justicia poner su nombre al final. No se puede copiar y pegar un texto de otro autor y hacerlo pasar por un texto que es de uno. Al final de esta entrada de la cual dejo el enlace debería aparecer un nombre en grande y en mayúsculas: Madre Teresa de Calcuta, el hecho de que ese nombre sea ocultado da una idea de quien lo ha editado con la etiqueta: mis textos personales.

Este texto completo quien lo haya leído lo sabe, es de Madre Teresa de Calcuta, al César lo que es del César.


http://makeyourlifeadreaam.blogspot.com/2011/08/no-ser-correspondidos.html

jueves, 11 de agosto de 2011

Frase


Olvida uno su falta después de haberla confesado a otro, pero normalmente el otro no la olvida.

Friedrich Wilhelm Nietzsche

martes, 9 de agosto de 2011

Yo no se olvidar

Los coches de choque daban vueltas sin parar cuando María escuchó de fondo la canción que una vez les perteneció a los dos. Al acercarse lo vio girar su cara hacia ella, como si apenas hubiese llegado a un lugar ya pudiese detectarla, su mejor amigo llevaba el coche, él solo intentó conducir sus sentimientos como un mal actor. Según el horóscopo chino era un caballo de fuego, que en ese instante relinchaba, entre el silencio absoluto de su soledad acompañada y los mil remordimientos de haberla perdido por un motivo tan nimio.

María pudo leer en sus ojos mil veces aprendidos, y lo supo al instante, por eso sonrió; supo que aún no había podido olvidarla, a ella que siendo tan solo una niña solo al verla lo eclipsó. Se sintió feliz de que siguiese cumpliendo su promesa de no olvidarla nunca, fue lo último que le dijo, la última frase que le oyó a través del teléfono que trajo su voz entrecortada entre sollozos. Unos ojos ya maduros observaron la escena de lejos y se cerraron por no ver, convencidos de lo mismo de siempre: el amor verdadero puede verse donde esté. Las circunstancias ya son otra cosa, pudiera ser o no ser; en todo caso siempre es más complicado retomar el vuelo que volar sin saber.


domingo, 7 de agosto de 2011

Imaginar la vejez, por imaginar que no quede

Imagino mi vejez como un tiempo en el que podré disponer de todo el tiempo que preciso. Ilusión nada lógica cuando miro a mi alrededor y veo a los abuelos que cuidan de sus nietos porque sus hijos no tienen con quien dejarlos y se los dejan a ellos. Los más o menos afortunados, según se mire, se pagan una niñera o la guardería, pero seamos realistas, si todo sigue como está, las gestiones económicas de los mandatarios de turno lograrán atar de nuevo los lazos tanto tiempo estancados entre abuelos y nietos

Me imagino mi vejez como toda mi vida, no creo que sumar achaques y arrugas me haga una persona distinta, no creo que la gente cambie un ápice, cambian solo las circunstancias. Y en mi vejez me imagino inventándoles muchos cuentos a mis nietos, tal como antes y ahora, salvando todas las distancias de la edad, hice y hago con mis hijos. Cambia sólo la temática que en ese instante me ocupa, el cuento que ya saben de memoria e incluso a veces intentan evadir, siempre es el mismo.

Pues bien, mi yo abuela - que espero que sea- ya tiene algunos escenarios para los cuentos de mis futuros nietos, llegué a ellos desde la caja de un puzle de mil piezas que compré, y que después de armado mano a mano con mis hijos mientras conversamos y debatimos sobre esto y lo otro hasta el infinito como nos gusta hacer, pondré en uno de esos marcos que son todo cristal; a la espera de un marco que le haga justicia, alguna vez, cuando las cosas mejoren y le toque el turno de lucirse tal cual es. Sobre el paisaje de la caja se lee un nombre discreto Thomas Kinkade, y un consuelo enorme, pese a todos los desajustes y desavenencias que nos van haciendo cada vez más complicada la existencia en cuanto a moneda se refiere, está lo gratuito, el arte. Es el arte quien nos equilibra la balanza diaria, porque si hay algo que jamás podremos pagar a su debido precio es el arte.

Esa cualidad irrenunciable que forja su tiempo y su espacio. Que brota a quien lo tiene a raudales, que insiste, permanece y crece porque no puede dejar de hacerlo, como si de una planta de incógnitas procedencias se tratase. Nada hay en este mundo más bello que el arte, porque es capaz de retener todos los tiempos entre sus mimbres, de responder a su sola voz, de expandirse y de contagiarse. Ahora en google es tan sencillo como ir a imágenes, y poner Thomas Kinkade para asombrarse de algunos de los paisajes que siendo abuela recorreré una y otra vez, para contarles a mis futuros nietos -que espero que sean- unos cuentos inventados que en cuanto cuente ya olvidaré, para dejar espacio abierto por si me repito una y otra vez, en la conciencia dormida de que todos mis cuentos son siempre el mismo: Vive, no dejes de ilusionarte, de creer que puedes, de luchar por tus sueños, de ser mejor cada día y de sembrar alegría a tu paso, por fuertes que sean los contratiempos. Porque la vida está hecha solamente para ser feliz, con lo que viene y con lo que va; con lo que se presenta sin anunciarse, pero tú serás siempre el mismo y tu único objetivo es avanzar una y otra vez para demostrarte a ti mismo que la vida será siempre el lugar que tu hayas hecho de ella.

viernes, 5 de agosto de 2011

Marc Levy

Estoy leyendo Las cosas que no nos dijimos de Marc Levy. Me encanta este escritor porque aborda temas poco usuales en sus novelas, siempre va más allá de lo aparente y explora paraísos que a buen seguro en otro autor no funcionarían. Me gusta su sencillez de planteamientos, su ingenuidad palpable, su afán de aventurarse entre fronteras inauditas sin perder el piso. Me gusta que me hagan creer lo inverosímil. Que me otorgen respuestas que aún sabiendo que nunca serán, por el hecho de haber sido escritas ya son plausibles. Me gusta leer saltando de letra en letra, de línea en línea y de párrafo a párrafo sin perderme en laberintos poco probables porque no soy capaz de sentirme partícipe de la historia que estoy leyendo.

Él consigue que lea mientras hay un gran ruido de fondo, mientras me reclaman y vuelvo a mi lectura en el punto en que estaba, mientras los trajines diarios me llevan y me traen y consigo tener unos minutos imprecisos para leer. Consigue lo que pocos consiguen, que al retomar la lectura sepa en el punto exacto en que lo dejé aunque no recuerde la página. Y lo hace posible porque no se pierde en descripciones odiosas, no se repite, no paraliza la acción y en sus diálogos hace que los personajes se aproximen aún más a ti, que se parezcan a personas reales que exponen sus preocupaciones de motu propio.

Las cosas que no nos dijimos va de una chica que nunca tuvo una buena relación con su padre, y que después de enterrarlo recibe en su casa una caja de dos metros de alta con un androide dentro, ese androide es su padre, con quien tiene que decidir si quiere pasar seis días. Difícil elección que a la chica le plantea no pocos inconvenientes, pero una cosa está clara, después de esos seis días el androide morirá también, y la posibilidad de recuperar las cosas que no se dijeron también.

Aquí los críticos literarios supongo que tendrían mucho que decir en cuanto a qué cosa es literatura o no, lo de los betseller y su conveniencia o no etc etc. Yo como lectora me lo estoy pasando genial, y sinceramente no quiero que este libro se acabe, que tratándose de mí ya es bastante decir.


jueves, 4 de agosto de 2011

Retazos...

Esta noche es la primera de todas las noches que quedan de camino a la felicidad. El trayecto es el mismo para reír que para llorar.
La vida aguarda llena de sorpresas, solo hay que abrirlas.



Retazos son palabras que alguna vez he dejado como comentario en una entrada de blog. Palabras que una vez escritas me han sorprendido tanto como la entrada que las motivó.

Hay días torcidos

Hay días torcidos
como curvas del camino
como sueños no soñados
contratiempos no vencidos

Hay días torcidos
como infinitos precipicios
como alientos no alentados
reveses no resarcidos

Hay días torcidos
como espirales de espinos
como impulsos no impulsados
retraídos de sí mismos.


lunes, 1 de agosto de 2011

Sorpresas te da la vida

Queta tenía un ídolo de juventud, el sueco Mats Wilander que era un deportista acérrimo como ella, solo que más afortunado en eso de recoger la pelota con la raqueta y lanzarla al otro extremo de la pista, claro está, sin salirse de los márgenes. Esto le resultaba verdaderamente difícil siendo ella, de modo que se pasaba más tiempo buscando la pelota entre la alta hierba de un prado cercano que jugando con sus amigas sobre la pista. Siempre le podía la impaciencia.
Razón de más para pasarse las aburridas tardes de los fines de semana de toda su adolescencia viendo los partidos de tenis en los que participaba Mats Wilander, tan comedido si ganaba como si perdía, tan caballeroso, tan atinado, tan sufriente e insistente, dijesen lo que dijesen sus amigas que preferían a esos melenudos que daban saltos a lo largo y ancho de cualquier escenario entre baños de sudor y rostros contrariados.
A Queta le gustaba el poder de superación del que hizo alarde el sueco para ganar el Roland Garros con tan solo dieciséis años, y desde entonces lo siguió, malamente porque en aquellos tiempos no había demasiada información acerca de casi nada. Pero años después su curiosidad la llevó a encontrar un vídeo donde su eterno ídolo de juventud también cantaba, y al verlo sonrió, pues aún así estaba a un año luz de esos melenudos sudorosos.