jueves, 30 de junio de 2011

Donde vos comienzas

Sufro porque soy humana
pienso porque tengo humanidad
avanzo y retrocedo porque soy yo
me enfado y me desenfado porque lo decido

Sueño y despierto porque soy humana
me duele y me curo porque tengo humanidad
espero y confío porque soy yo
estoy tras esta pantalla porque lo decido

Lucho y resisto porque soy humana
espero mejorías porque tengo humanidad
temo y sigo adelante porque soy yo
te tomo de la mano y camino porque lo decido.
Porque no sé donde yo termino o comienza vos.


martes, 28 de junio de 2011

Nuevas posibilidades

Se dice que las editoriales temían el futuro del libro por la irrupción de las nuevas tecnologías, y que no quedaría otra que adaptarse a los nuevos tiempos. Aquí había bastante división de opiniones, los derrotistas anunciaban su fin y los optimistas su multiplicación de formas aún no inventadas. Es innegable que internet es un mundo de lectura al alcance de todas las temáticas imaginadas. Y que cada usuario elegirá la manera de adaptarlo a sus necesidades específicas, pero en definitiva el libro no morirá, se transformará y sobrevivirá. Y los lectores elegirán, seguirán eligiendo la forma en la que prefieren leer o los autores que quieren leer; luego seguirán entrando en juego todas las casualidades que hacen que mientras buscas un libro te sumerjas en otro, mientras buscas a un autor te encuentres otro que a una ojeada quieras leer; o que un libro que en principio sea un sueño se convierta en una pesadilla y lo termines dejando, o vicebersa. En definitiva: todas las posibilidades de posibles siguen ahí porque el mundo sigue inmerso en su continua trasformación.

lunes, 27 de junio de 2011

Basado en un hecho real

Un día de hace muchos años mi hermano me contó una historia que me resquebrajó por dentro. Una historia que me mantuvo obsesionada hasta que logré parirla -podría quizá exagerando mucho contarlo así-, tuve que gestarla hasta rehacerla de un modo que me dejase de doler, que me dejase convivir con ella sin olvidarla, pero sin recordarla tal cual fue.

De la historia solo sé lo básico, un niño de cinco años que llega a un hospital después de cruzar la cuidad de punta a punta en plena noche. Llega lleno de cardenales en la espalda después de recibir la paliza de su abuela alcohólica, y le hace una petición a la enfermera: quedarse a vivir en el hospital porque sabe que allí cuidan de la gente. A la mañana siguiente en el hospital sólo se habla de ello. Todo el personal está conmocionado, y una de las enfermeras se lo cuenta a mi hermano, mi hermano me lo cuenta a mí, y yo escribo esta historia para enviarla a un concurso literario. Desde dicho concurso se me dice que quien querría publicar una historia como ésta. Yo no lo sé, quizá alguien que quiera hacer algo por todos los niños como Darío. Aunque sea tan poquíta cosa como intentar reconstruir su historia, vivir su día a día en primera persona y buscar la luz que les lleve hacia el final del túnel.

domingo, 26 de junio de 2011

Carrera de fondo

En las carreras de fondo hace falta ir muy despacio, casi paseando para no agotarse en las primeras vueltas. Ir como si en verdad no se fuera a ningún sitio, ignorando a quienes corren junto a nosotros, no sea que pensemos ni por un momento que nos vayan a ganar. Es importante seguir adelante pese a todos los calambres, el cansancio infinito, el sudor a chorros o el deseo de abandonar, lo importante de veras son la línea de meta y las ganas de llegar. Pero tan importante como eso es saber que mientras dure la carrera se va a estar solo, y que verdaderamente no está claro que vayamos a llegar. Por eso es imprescindible disfrutar compitiendo, aquel a quien no le guste vaya pensando en abandonar, porque en esta carrera de fondo el premio está en la distancia recorrida nada más. En todo lo que mientras avanzas dejas atrás, un sinsentido de letras que al leer entenderás.

sábado, 25 de junio de 2011

Sobre el papel


No me gusta esto que te dije
y lo borro
no me gusta esto que ha pasado
y lo quito
no me gusta esto que pienso
y lo tacho
no me gusta esto que hago
y lo elimino
no me gusta esto que hay
y lo arrugo
para encestarlo en el centro
de la papelera.
No me gusta este final
lo reescribo
no me gusta tu respuesta
la cambio
no me gusta este enredo
lo deslío
de esta forma todo es muy sencillo.

En la vida no es tan fácil conseguirlo. A veces imposible. Por eso escribo.

viernes, 24 de junio de 2011

Girando en la rueda de las preguntas

Pregunta de Remedios a su hijo de veintitantos años:

-¿Qué debería preocuparme más, que tu hermana salga con un chico de veinte años o con uno de su edad?

Su hijo, que la conoce demasiado bien arquea una ceja, y sigue leyendo el periódico dominical. En ese simple gesto le da a entender que ninguna respuesta le servirá jamás, de modo que intenta ser gráfico y responde como si tal cosa.

-Mamá, ¿Qué te parece más peligroso? ¿Caerte al mar y que te coma un tiburón, o caerte a un río y que te coma un cocodrilo?

Remedios no está dispuesta a obtener una respuesta semejante para una pregunta tan importante. Confía demasiado en él y su buen juicio para conformarse tan fácilmente.

- ¿En serio, qué opción de ambas te parecería menos problemática?

- ¿Y a ti, qué te gustaría más? ¿Caerte al mar y que un tiburón te parta por la mitad, o caerte a un río y que un cocodrilo te parta por la mitad? En serio, ¿qué te gustaría más?

Remedios se ríe por la forma tan válida en que su hijo es capaz de responder a sus preguntas de matriuska rusa. Sigue parada sobre la misma baldosa en que estaba cuando llegó de un modo urgente para resolver esa duda que pululaba por su cabeza desde hacía unos días.

- En serio- repite mientras dirige a ella sus ojos de color avellana redondos como botones- ¿No ves que tanto da que da lo mismo? Ale, déjame leer el periódico tranquilo y no te comas la cabeza. Acostúmbrate a no tener siempre la respuesta adecuada para todo. No la hay...en serio... no la busques porque no la hay. Así de simple.

Remedios entró en la habitación del fondo y puso en marcha la aspiradora. En las horas siguientes trató de imaginarse a sí misma cayéndose al mar y siendo engullida por un tiburón, o cayendo a un río y siendo engullida por un cocodrilo. Y lo dejó estar. Definitivamente tanto daba que daba lo mismo, el mundo llevaba girando durante miles de años sin su ayuda, y estaba claro que lo seguiría haciendo.

jueves, 23 de junio de 2011

Que alguien me lo explique

Muchas veces digo que no aspiro a tener respuestas. Sin embargo no dejo de formularme preguntas. Mi cabeza es una noria que gira y gira en redondo generando preguntas, y posibles respuestas definitivas que raras veces son eso, definitivas. Pero esto ya es el colmo. Tengo una enorme dificultad para ponerme al día de las nuevas entradas de blog que sigo, y es que sin saber cómo me hice seguidora de un blog escrito en inglés. Juraría que no tuve nada que ver en esto, sobre todo porque de inglés entiendo apenas cuatro palabras contadas, con lo cual leerlo me resultaría agotador, a parte de que no tengo el más mínimo interés. ¡Y lo que no me interesa no me interesa y punto! Esa es la lógica que sigo.

Me gustaría que alguien me lo explique. Ya no la forma en que supuestamente - vamos que sé que no, y en esto tengo absoluta seguridad- me hice seguidora de este blog. Si no el modo de borrarme para que dejen de marearme con sus continuas actualizaciones que no me interesan lo más mínimo, máxime cuando impide que pueda ver las nuevas entradas de los blog que he decidido seguir de motu propio... Ya, ya lo sé, es lo de siempre, lo que no me pase a mí...

miércoles, 22 de junio de 2011

Cómo han pasado los años

Esta canción de Rocío Dúrcal en su voz particular, aterciopelada y serena irrumpe en cualquier verbena de verano, y mientras escucho tengo la sensación de que no he cambiado un ápice. Que sigo siendo esa mezcla de ingenuidad y escepticismo a partes iguales y que el devenir de los días ha venido sucediendo con tal parsimonia que en el fondo sigo estando donde estaba. Sé que en el fondo no es más que una sensación, un espejismo insensato, pero sé que es tal que así. Apenas me he movido del lugar en el que estaba, y sin embargo nada que ver, apenas he variado mis convicciones, y sin embargo aquellas que ni recuerdo se han quedado en el camino, aparcadas para no cargar bultos ya innecesarios. El equipaje de vida se hace y se rehace una y otra vez sin que nos percatemos de ello. Es necesario, porque aún sin darnos cuenta vamos aprendiendo de los palos recibidos y de las incontables alegrías. La vida es un enorme pastel confeccionado con muchos ingredientes desconocidos, un pastel que nos va devorando un día tras otro.


martes, 21 de junio de 2011

Tiempos de modernidad

Llevo tiempo queriendo escribir una novela juvenil y sucede que todo lo que escribo es de suicidio. La idea era enviarla a un concurso literario en concreto, y lo malo de la idea es que no recuerdo absolutamente nada -que yo sepa- de qué tipo de cosas pueden preocupar a la juventud. Aunque incluso puede que sea demasiado juvenil sin saberlo. Vaya, que no haya madurado de forma conveniente y aún no me haya caído del guindo... a veces se me ocurre que sucede.

Pero por casualidad. Y conste que no creo en casualidades di con un fotolog que es un primor. Es lo que sucede en los tiempos modernos, que aquí en estos pueblos perdidos del mundo donde nadie conocía ya a nadie irrumpen las nuevas tecnologías y de pronto todos saben qué canción prefiere este chico con nombres y apellidos, o qué notas sacó esta chica que llevaba las evaluaciones de mal en peor. De pronto todos se conocen a todos, espían sus vidas y comentan lo que hacen y dejan de hacer. Incluso opinan sobre sus vidas sentimentales o amorosas. Si menganita debería dejar menganito por salir tan sobón en esa foto en la que está con otra, o viceversa. Y luego se forman culebrones que dejan en pañales esos que ponen en ciertas cadenas de televisión donde sobran los venados.

Pues bien, por esas casualidades a veces no tan casuales di con un fotolog que relata mejor que cualquier novela la historia de una chica que se ennovió y fue escribiendo su historia de amor con fotos incluidas. No voy a apuntar su edad, pero hablo de cuatro años de noviazgo que se relatan en conceptos hermosos, y con horrorosas faltas de ortografía no exentas de ternura. Y sucede que de buenas a primeras la historia puso el punto final, pero ha pasado casi un año de la ruptura y el fotolog sigue ahí, como un barco varado en la arena- sin actualizarse- pero dando buena cuenta de que quien tuvo retuvo. Terminaron como excelentes amigos que se van juntos a la playa en compañía de los antiguos amigos en común, y los nuevos amigos que cada uno ha ido encontrando en su camino. Saben que en definitiva amar es compartir.

Retazos...

Se nos hace muy difícil decirles a los demás lo mucho que nos importan, siendo lo único a lo que deberíamos dedicar cada día. Lo importante de la vida son siempre aquellos que nos importan, y nos vamos poniendo metas que nos distraen de ellos. Sin darnos cuenta de que los minutos se suman y se nos va el tiempo.

lunes, 20 de junio de 2011

Donde crujen los olvidos

Al mirar la fecha en el calendario ese día en concreto quiso decirle algo a Ella. Se acerca el verano, eso fue lo que pensó, y volvió a pensarlo muchas veces durante todo el día. Su mente quiso recordar, pero la vorágine del fin de semana la distrajo de tan hondo fin, y no pudo concentrarse, tan solo rellenó las horas de vigilia lo mejor que pudo, ya que un buen envoltorio para las horas que han de pasarse en familia es algo esencial. Los días pasados en familia son esos pequeños momentos que siempre conserva en su memoria, tan frescos como el primer día y son su motor. Ella sabe que lo que rescata del fondo de su mente en las épocas malas son esos recuerdos, que terminan sacudiendo su desánimo y la llevan a intentarlo una vez más. Intentar de nuevo algo que se ha dado por perdido es volver a respirar, por eso mientras disfrutaba de la compañía de la suegra y los cuñados, de las sobrinas y sobrinos, no intentó esclarecer lo que la fecha en el calendario quiso gritarle. Se centró en ese ahora que no quiso dejar escapar, exprimiéndolo sin más.

Días más tarde en medio de una charla casual, su madre lo trajo a colación. Entonces un suspiro de incredulidad se dejó escapar, y trajo consigo una fecha labrada en el mármol del sombrío panteón. Fue así que pudo verlo claro y se preguntó cómo era posible haberse olvidado de la fecha en que siempre envolvía un regalo para su cumpleaños, que él siempre desenvolvía un poco regañón, y agradecía después con una sonrisa de niño ilusionado. Ese regalo que más tarde sustituyó por alguna flor dejada en el mármol frío y que ahora señala su vacío.

domingo, 19 de junio de 2011

Para reflexionar

No hay solución para todo, hay una solución puntual para un hecho, y surgirán, sin duda, con esa solución nuevos problemas. Lo que hay que tener es la capacidad de ver ésto, y actuar en consecuencia. Pero, sobre todo, hay que enseñárselo a los niños.

Pilar Alberdi



viernes, 17 de junio de 2011

Enseñanzas de una vida

Lleva una vida aprender lo necesario
para no decaer,
para perseverar donde otros abandonaron
para ver donde otros no ven,
para seguir aunque el camino sea largo
para forjar lo que se cree,
para no renunciar a lo soñado
para soñar lo que puede ser.
Lleva una vida acumular lo trabajado
y con el cuerpo cansado ver
que los frutos de todo lo esperado
dan nuevos frutos al florecer.
Lleva una vida poner en palabras
las enseñanzas que dejaré
cuando abandone este mundo
para en otro mundo renacer.

jueves, 16 de junio de 2011

Con el alma en pie

Aprender a mirar el pasado
sin rencores ocultos
sin perder todo lo bueno
que alguna vez hubo

Aprender a mirar a otro lado
cuando surgen los bultos
de dolores ajenos
que incrustaron sus nudos

Aprender a saber que se ha amado
y se ha juzgado muy mucho
con la mente callada, los oídos abiertos
en que otras insidias han deshecho el futuro

Aprender a saber lo ganado
sin perderse los frutos
que han de recolectar de nuevo
en las vides de otros campos ya maduros.



miércoles, 15 de junio de 2011

Cuando un escritor se muere

Sus palabras permanecen encerradas en los libros que escribió. Sus pensamientos siguen su curso libre y hace que broten los pensamientos de quien lee, que pueden ser distintos pero que han nacido justo ahí, al leerle. Donde una nueva conciencia hasta entonces dormida se ha despertado y le ha sacudido, y después le ha puesto a pensar, y a labrar sus conclusiones. Y algunas de ellas las llevará de por vida sin saber de donde surgieron exactamente, pero fue en el exacto lugar en que una conciencia le habla a otra y de pronto la despierta de un largo sueño.

Cuando un escritor se muere sigue latiendo entre sus convicciones, entre sus anhelos, entre todas las dificultades diarias que ha ido sorteando, entre sus ilusiones y decepciones, entre su quiero y no puedo. Escribir es retar al pasado y al presente, sacudiendo al futuro, sembrar y trasplantar, recoger los frutos verdes y maduros, saboreando indistintamente su acidez y dulzura en un mismo tiempo. Escribir es dejar de ser tú para ser nosotros, olvidarse de la propia piel y probarlas todas, zambullirse de lleno en la página en blanco y llenarla de mundos nuevos que no existían momentos antes y que ahora están y pueden recorrerse de esquina a esquina. Escribir es viajar por el mundo sin necesitar equipaje, y proyectar en el lector las mil y una historias de un loco viaje, es hacerle sentir el calor abrasador de un sol de papel, o empaparle con un aguacero de gotas de tinta, hacer que lata con un corazón que siendo prestado no es menos suyo, o pensar con un cerebro que partiendo de otro le remite a sí mismo. Hay muchos mundos posibles entre el que un escritor recrea y un lector traduce. Muchos ecos que resuenan, que giran y se expanden creando nuevos sonidos a su paso, como el viento que al rozar los elementos los llena de vida.

Cuando un escritor se muere no se muere del todo. Los mundos que ha creado permanecen. Mundos vivos que volverán a latir en cuanto alguien entre, y que aun siendo pasado remoto, se vuelven presente. Un presente por descubrir vivo y valiente.


martes, 14 de junio de 2011

Me surgen las preguntas

¿La hija de este padre escritor le leerá a él?, y si lo hace ¿qué opina de lo que su padre escribe? Estando en esa edad no es raro que una hija lectora se encuentre avergonzada de lo que puede escribir un padre escritor. ¿O a caso la temática que este padre toca no molesta a su hija?
Hay muchos tipos de escritos, muchas clases de escritores y muchas clases de hijos, quizá los más de los más puedan compartir espacios sin interponerse barreras.

_ No escribas nunca sobre mí.

Esa puede ser la exigencia de un hijo cualquiera cuando le cuentas que has leído un libro en el que tal madre escritora cuenta lo que le ha pasado a su hija: Léase Paula, o La agenda de los amigos muertos, sin ir muy lejos.

_ ¿Me escuchas bien? No escribas nunca sobre mí. Si me entero que escribes algo sobre mí y te lo publican date por muerta.
_ ¿ Y si me pagasen mucho dinero tú que dirías?
_ Hombre, si es mucho sí.
_ Pues fíjate si fuese para ganar mucho dinero jamás escribiría sobre ti. ¡Ni se me pasaría por la cabeza!
_ Ya, pues si va a ser gratis ni se te ocurra.

Me surgen las preguntas, y a veces ni ansío las respuestas. Las respuestas me vienen a dar lo mismo, pues a cada minuto me llega una y nunca se queda, siempre hay otra agazapada esperando para ocupar su lugar, hasta que llega otra que hace lo mismo y también se queda. Así hasta la eternidad de todos los segundos que pasan de largo y nunca se esperan.

He aquí la crónica de un padre escritor que al menos ha encontrado valiosas respuestas:



Háblame, no me dejes ir

Natalia salía del supermercado hablando como una cotorra, estaba radiante, últimamente había ganado algunos kilos y se le formaban hoyuelos en las mejillas al sonreír, que junto a su piel ya tostada por el sol enmarcaban unos dientes blanquísimos. Su madre iba pensando en mil cosas mientras la escuchaba hablar, echaba de menos sin poder remediarlo otros días en los que la sonrisa de Natalia reflejaba la inmensa alegría de saberse acompañada. Eran días en los que su teléfono móvil sonaba a cualquier hora con el único pretexto de escuchar su voz, algo que muchas veces la enfadaba, y después de cortar la comunicación con cierta prisa preguntaba a su madre:

_ Al final lo de siempre, ¿te das cuenta?, me llama para nada.
_ Llama para escuchar tu voz. ¿Acaso hay que explicártelo?, necesitaba escucharte.

Natalia se quedaba en un ay, seguía enfadada de que sólo la llamase para escucharle decir que su día había sido igual al anterior, ¿que otra cosa se esperaba? Su madre movía la cabeza hacia los lados y le decía que algún día lo entendería, no dejando de extrañarse de que aún no lo comprendiese. ¿Acaso a ella no le pasaba? Pues no. Y se lo decía tan ancha. ¿En verdad no te ha pasado? Pues no, respondía Natalia, no soy tan rara, o no me aburro tanto, no sé.

_ No me estás escuchando.

Natalia se quejó de pronto. Y al escucharla hablar supo que se encontraban en el ahora que tantas veces le costaba respetar. Su madre regresó desde tan lejos y ella recuperó el principio de su charla haciendo un esfuerzo, y casi desde el principio su madre se volvió a perder.

Estaba inmersa en otros días que se le antojaban mejores, días en que solo hablando pudo arreglarse todo, y sin embargo así quedó. Caminaba y miraba a Natalia y seguía preguntándose cómo se podía ser tan feliz después de tener tanto y quedarse sin nada. Volvió a repetirse por millonésima vez que esa fue su elección y que lo tuvo siempre más claro que el agua, algo que también le costaba entender, ¿cómo se deshace uno de los recuerdos? ¿cómo se deja de atesorar el ayer? Natalia seguía sonriendo y hablando, y ella intentaba salir a la superficie de tantos momentos vividos en aquellas calles expuestas al sol abrasador de la tarde, cuando de pronto la joven se calló, mudó su expresión y siguió hablando, intentando mantener una serenidad que no sentía. Un añejo rencor que llevaba tatuado un nombre propio se fijó en sus ojos, y su madre siguió la exacta trayectoria que evitaban, y solo entonces lo vio. Caminaba hacia ellas observando a Natalia y su imagen mil veces anhelada, su mirada acariciaba esa piel que siempre había protegido como si fuese a desintegrarse de un minuto a otro. Natalia seguía hablando, y su madre mirando hacia cualquier parte que no fuese él, no quería saber que seguía adorando a su hija como la primera vez, no quería sentir su amargura al pensar que posiblemente ella no le volviese hablar, después de ser su ángel custodio durante tanto tiempo.

Sólo cuando lo tuvo enfrente, se enfrentó a su mirada y lo saludó. Él respondió a su saludo con un amago de sonrisa amarga, en el último segundo no pudo evitar posar sus ojos en los de Natalia, y se dio de frente con todo el hielo de su mirada. Entonces la miró a ella para encontrar algo de apoyo que le acompañara, y por un instante compartieron momentáneamente el mismo dolor ante el que no cabía hacer nada. Dejar pasar los días tal vez, y después los meses y los años, hasta que todo se disolviese y la brisa trajera otras mezclas a la memoria del tiempo. Después que se hubo alejado con los brazos alicaídos y los pies sin firme, Natalia dejó escapar una palabra odiosa que su madre le recriminó, y entonces sin ánimo de herirla volvió a insinuarle que la seguía queriendo. Y que bastante tenía ya sin echarle más carga encima.

_ ¡Ya!...está muy claro, clarísimo...
_ ¿Y que quieres que haga? ¿Acaso alguna vez le has dado alguna solución?
_ No. Y no pienso dársela.
_ Pues tendrá que buscar a alguien con quien ser feliz, ¿qué quieres que haga?
_ No parece que le vaya muy bien que digamos.
_ Pues no. La verdad.

Después de unos pasos Natalia volvió de nuevo a su antigua charla, su madre se quedó buceando de nuevo en otros días. Y el chico volvió caminando a su casa sobre las huellas de días pasados.



lunes, 13 de junio de 2011

La niña del arrozal

Este libro de José Luis Olaizola me reclamó desde la estantería de novedades por la fuerza de su portada. No me gusta encontrarme leyendo un libro y comenzar otro, pero es algo que suelo hacer cuando un libro me reclama con esa insistencia inconfundible de un libro que me reclama ser leído. En ese momento es como si algo muy poderoso me gritara que está ahí para mí, y que sencillamente me esperaba. Es casi una intuición que sé que no debo desoír, y que aunque quisiera desoírla no puedo; las cosas más importantes de mi vida me suceden así y conozco demasiado bien la sensación para intentar oponerme. Es por eso que incluso antes de tenerlo entre las manos y hojearlo sabía que lo traería a casa y lo leería con el máximo interés, sin perderme una sola palabra, que es lo que sucede cuando un libro es para mí: que simplemente me llama y no puedo no responder a su llamada. En el enlace que dejo podrás ver su portada y saber algo más de él y de su autor. Lo que yo puedo contarte es que es otro de esos libros que siempre recordaré, es imposible leerlo y olvidarlo alguna vez.

Está basado en hechos reales. Y es la historia de una niña feliz hasta que todo empieza a complicarse. Wichi tiene una abuela avariciosa cuya misión en la vida es acumular dinero a cualquier precio. En el momento en que la niña se queda huérfana y depende de ella para subsistir intenta venderla para la prostitución de lujo. Es ahí donde la que hasta entonces ha sido la criada de su abuela traza un plan para salvar a la niña de ese futuro. Siri hará todo cuanto esté en sus manos para mantenerla a salvo, y para ello la secuestra y se la lleva a trabajar con ella a un arrozal, donde la apodan cariñosamente La niña del arrozal por su destreza para cualquier clase de labor que se le encomienda. Pese a que la vida de Wichi está siendo una vida feliz y provechosa junto a personas que la quieren, la abuela irrumpe en ella para llevar a cabo su plan, venderla para la prostitución de lujo aunque es tan solo una niña... Su vida de un momento para otro ya no puede ser peor...

José Luis Olaizola es fundador y presidente de la ONG Somos uno, que lucha contra el drama de la prostitución infantil en Tailandia. Lleva publicados más de setenta libros. Y desde hace treinta años se dedica profesionalmente a escribir libros y artículos y a pronunciar conferencias.

Internet es un mundo donde todo es posible. Hace incluso posible que desde tu casa, aunque sea la más humilde de la tierra puedas acceder a información precisa y preciosa con sólo tener la posibilidad de conexión. Tú decides aquello que quieres aprender, y si de verdad quieres hacerlo, puedes. Yo he decidido saber mucho más de este hombre, José Luis Olaizola y de su valiosa labor en Somos uno. Porque alguien así me parece digno de admiración. Son las personas como él las que vale la pena conocer, y libros como La niña del arrozal los que vale la pena leer, porque crean la conciencia de que hay mucho por hacer, entre tú y yo, entre todos nosotros, que a veces tan sólo nos cruzamos de brazos y nos quejamos mientras otros actúan y consiguen un mundo más justo para todos. Desgraciadamente hay en el mundo muchas niñas como Wichi y muchos hombres dispuestos a explotarlas sexualmente. A veces que el recuento de sus vidas sea pura felicidad o pura desgracia es sólo cuestión de actuar. Y eso no podemos olvidarlo. No podemos pasar página sin más.






sábado, 11 de junio de 2011

Palabra de Albert Espinosa

Pocas veces en la vida uno se encuentra la lucidez, la inteligencia y la humildad dentro de un mismo cuerpo, pero muchas veces se encuentra con que todo eso ha sido fruto del sufrimiento bien llevado y bien entendido. De una actitud de quien lejos de amilanarse se estira, de quien lejos de dejarse caer se levanta y sigue, de quien lejos de sumirse en penurias se aferra a su propia e irrenunciable posibilidad de ser feliz, esa que no están dispuestos a negarse pase lo que pase.
Encontrarse con estas personas a quienes les sobra la fe en los demás tanto como en sí mismos, es una de las mayores lecciones que pueden extraerse de la vida. Son inolvidables desde el primer momento, y lo sabemos. En el enlace que dejo a continuación se encuentra una entrevista que le hicieron a Albert Espinosa, una de esas entrevistas que uno debe releer muchas veces. Porque en ella se encuentran muchas respuestas a la vida.
Copio una:

¿Cree usted en Dios?
A.E. Más que en Dios, yo creo en la sensación de la gente buena. Creo que hay gente buena que te marca caminos. Y yo he podido conocer a mucha gente buena. Cuando conozco a alguien bueno y sabio, pienso que he encontrado a un pequeño dios.



viernes, 10 de junio de 2011

Paula

Recuerdo la primera vez que me topé con este libro de Isabel Allende. Al leer la contraportada lo dejé en el mismo lugar en el que estaba con una indignación que a lo largo de los años me sigue transmitiendo la clase de persona que soy, una persona dispuesta a juzgar en segundos; desde entonces intento corregirme, imagino que sin terminar de conseguirlo. Recuerdo que en ese momento me molestó que una escritora usara su fama para hablarnos de su hija, o para colarla en nuestras vidas como si fuese una joven tan distinta a cualquier joven de su edad. En ese momento me invadió una sensación que no puedo olvidar por diferentes razones. Y en este punto dejo varias preguntas: ¿Quién era yo para juzgar? ¿Quién soy yo para juzgar los motivos de otros? ¿Qué puedo saber yo de los motivos que impulsan a los demás? Desde entonces intento no juzgar a nadie, porque las razones de uno sólo uno las sabe, y a veces ni con demasiada claridad.

Esa fue la primera vez que me topé el Libro de Isabel Allende titulado Paula. Muchos años más tarde me encontré otra edición en la biblioteca y la leí mejor. Entonces supe que Paula era la hija que se le había muerto a la escritora tras varios meses en coma, aquejada de una enfermedad que su otro hijo, Nicolás, también podría desarrollar por esas cosas que vienen con los genes. De esa enfermedad jamás oyera hablar hasta entonces: Porfiria. Este libro el resultado de un texto que Isabel comenzó a escribir en el hospital para regalárselo a su hija una vez se hubiese repuesto de su enfermedad. Poco antes de enfermar Paula había hecho una aseveración contundente: "Ando buscando a Dios y no lo encuentro". Y también había tenido un extraño sueño en el que quedaba atrapada dentro de su cuerpo. En el momento de su muerte estaba felizmente casada con su marido Ernesto.

En este libro Isabel Allende hace un repaso de su vida. Me gustan los repasos de su vida que hace esta mujer, en su libro La suma de los días yo diría que hace una continuación en el tiempo de este repaso. Mientras leía Paula yo tenía un gran sueño en la cabeza: publicar. Pensaba que sólo publicando lograría toda la felicidad que ansiaba. A veces uno piensa cosas sin saber por qué. Después de leer este libro sólo quiero una cosa, ser madre de hijos sanos y disfrutarlos sobre todas las cosas. El inmenso dolor y la lucidez de Isabel Allende fue esto lo que me regaló. Es un libro que cuesta leer, no diré que no, un libro que hubiese querido no ser jamás escrito, esto sobra decirlo, pero es uno de esos libros que si lo lees una vez no lo olvidarás jamás. Un libro que merece ser leído por todo lo que aporta.

jueves, 9 de junio de 2011

¿Que mundo les dejamos?

Que mundo les dejamos
lleno de botellas vacías por la mañana
en los alrededores de la playa
donde estuvieron de botellón

Que mundo les dejamos
sin posibilidad de trabajo
pese a sus excelsas notas
y su ánimo batallante de emoción

Que mundo les dejamos
con los precios tan al alza
que comprarse una vivienda
es un sueño sin razón

Que mundo les dejamos
si no apostamos por ellos
si todo lo hacemos nosotros
alargando su niñez sin ton ni son

Que mundo les dejamos
si no les dejamos hueco
si les hacemos a un lado
sin darles un empujón

Que mundo les dejamos
aumentando sus estudios
negando su trabajo
y restando su afición

Que mundo les dejamos
si estando más preparados
les llevamos a la eterna
lista de parados sin solución.

miércoles, 8 de junio de 2011

Excusas para no pensar

Su familia es de lo más rico que existe, sus caprichos son concedidos apenas despiertan, ella es una niña bien con ataques de niña mal, guarda bajo doble fondo un lado oscuro que cada vez va reclamando más espacio mientras su sonrisa se vuelve más y más dulce. Diabólicamente dulce. Esa sonrisa aunque nadie parece advertirlo sale de las revistas que lee, superpop y cuore entre otras. Si alguna vez leyó un libro, no entendió del todo lo que el libro le quiso decir. Y la clase de cine que le gusta es el cine de mucha sangre mezclada con miedo, puro miedo, ese que produce ver como alguien pierde su cabeza de un tajo. Y esa cabeza en un primer plano, que después de un ruido sordo rueda con ímpetu por el suelo hasta estrellarse contra una pared que de puro blanco se vuelve roja. Ese tipo de cine la vuelve loca, algo que no termina de encajar con su corta edad.

Es una adolescente hermosa, de grandes ojos verdes, pelo rizado y largo hasta el infinito, y tiene todas las curvas que en estos tiempos es tan raro ver en alguien de su edad; lejos de agobiarse por ello las pasea casi con voluptuosidad, sabiendo que atrae con sus mini vestidos imposibles todas las miradas de los chicos de su edad, y más mayores aún, cuanto más mayores sean, más relucen sus ojos turquesa en la oscuridad. Hasta hace poco Dana sacaba sobresalientes a destajo, y desde no hace mucho algunos suspensos que muestra a sus amigas con una sonrisa de triunfo desafiante a las leyes severas de mamá. Siempre tan exigente con todo, exigente hasta rabiar. Ella sospecha que este cambio drástico se produjo con su reciente cambio de amigos, pero no lo puede asegurar, por eso no lo asegura, lo que cree es lo que ve, y ve como su antiguo grupo de amigos se mantiene muy lejos de su hija, y no entiende por qué.

Mientras tanto sigue pagando las cuentas de su clase particular, y las de todas las aficiones que secunda, le sigue concediendo cada nuevo capricho en cuanto hace amago de asomar, y le sigue riendo las gracias, incluso las que carecen de toda gracia, como que el vecino del tercero le dijo alguna grosería al cruzarla en la escalera, el vecino del tercero que tiene 34 años y dos hijos pequeños, y que se permite el lujo de presentarse voluntario para cualquier clase de favor, cuando todos saben que sólo le habla de uno, y lo deja tan claro como el sol. Una madre es una madre, es lo que piensa Gertrudis mientras sigue riendo porque su hija a todo el mundo llama la atención, sin pensar que a veces no es bueno atraer la atención de todos, y menos a cierta edad.

En la cabeza de Dana ha entrado de hace poco una nueva afición, salir el sábado en la tarde y volver de madrugada, es eso en todo lo que piensa los restantes seis días de la semana, irse con mucha prisa de botellón. Dedicar los días a sacar ropa del armario, irse de tiendas, probar nuevas formas de maquillarse, nuevas formas de peinado y caminar sobre tacones imposibles por el parquet del salón. Gertrudis la sigue mirando y riendo sus gracias, pero es que no sabe que a las dos horas de irse de casa ya está borracha, que todos se propasan con ella, que la siguen emborrachando toda la noche a conciencia y que juguetean con ella todo cuanto pueden; y que tienen en mente volverla consumidora de las drogas que ellos trafican. Justo para eso están, para que deje de gastar en ropa y zapatos y gaste mercancía de la que ellos llevan. Sus nuevos amigos y amigas no lo son por azar, lo son porque la familia de Dana es muy rica y a ellos les conviene aumentar sus ventas. En eso están.

Se van sumando los sábados y a Dana se le empiezan a sumar las ojeras. Nadie se da cuenta. Sale de casa siempre vestida para matar y tan feliz de la vida como si nunca la conocieran. Nunca la ven llegar, pero si la viesen llegar comenzarían a preocuparse muy seriamente y empezarían a preguntarse por qué deja a remojo su ropa en la bañera antes de irse a la cama y tras varios aclarados. Si la esperasen despiertos se sumarían las preguntas y se intuirían respuestas. Pero es que a veces, se necesitan excusas para no pensar.


martes, 7 de junio de 2011

Toma nota:

Me motiva tanto escribir una página en el ordenador como, meses después, tachar la mitad de esa página en el papel y con bolígrafo rojo. Construir y destruir son las dos caras de la literatura.

Jose Ángel Barrueco


Esta frase la extraje de su blog:



lunes, 6 de junio de 2011

La agenda de los amigos muertos

Este libro de Raquel Heredia nace del dolor de haber perdido a su hija Ada dentro del oscuro mundo de las drogas. Es un repaso íntegro a la vida de esta mujer periodista que en un momento del libro dice que se siente como si se fuese desnudando en plena calle, y es que es un libro valiente donde se plasma el dolor de una madre que no ha podido ayudar a su hija mientras se estaba matando lentamente en el consumo de drogas. Y es también el dolor de una mujer que necesita encontrar un por qué, y lo busca y lo rebusca como suele suceder; sin terminar de encontrarlo. Nunca hay un por qué que pueda convencer a una madre de que existe algo llamado destino que actúa porque sí y le arrebata lo mejor que ella misma aportó al mundo. Nunca hay edad para los hijos, los hijos tienen siempre la edad perfecta para ser felices, y ver truncado este deseo-realidad es algo que nunca se supera.

No me gusta resumir los libros que leo, quizá porque si me pusiera a resumir nunca terminaría de señalar lo que para mí es importante. En este libro para mí todo es importante, porque trata de una temática que se aborda poco, se esconde mucho y se remedia malamente. No hace mucho alguien me aseguraba que la única forma de atajar el consumo de droga en nuestros jóvenes es la educación. Que no existe otra fórmula que educar a nuestros hijos y esperar que sigan a rajatabla nuestros consejos, quizá sea verdad, quizá no haya otra fórmula para evitar que la droga se lleve año tras año a nuestros jóvenes sedientos de experimentar paraísos temporales que terminan en infiernos imperecederos.

Copio al azar un párrafo de "La agenda de los amigos muertos" de Raquel Heredia tal cual:

"La droga es un molde de monopolio y posesión. El adicto aguanta mientras sus piernas drogadas le lleven directo a recaer sobre el rayo de la droga. La droga es cuantitativa y mensurable con gran precisión. Cuánta más droga consumas menos tienes y cuanta más tengas más usas. El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente. Paga a sus empleados en droga"...

Una de las razones por las que no puedo resumir este libro es porque hace más de doce años que lo leí, y porque no he podido olvidarlo. Podría resumirlo en breves párrafos sabiendo que he contado lo más importante, pero cualquier libro que recomiende desde aquí es un libro que merece ser leído letra por letra hasta el final. En este punto reitero que para mí un buen escritor no es ese que se lleva más honores, es aquel que por medio de su escritura te regala su experiencia olvidándose incluso de sí mismo, este libro es de esos. Imagino que no ha sido fácil de escribir, sé que no es fácil de leer, pero es un libro que recomiendo.

viernes, 3 de junio de 2011

La respuesta es el amor

Cualquiera que sea la pregunta, la respuesta es el amor.

Cualquiera que sea el problema, la respuesta es el amor.

Cualquiera que sea la enfermedad, la respuesta es el amor.

Cualquiera que sea el dolor, la respuesta es el amor.

Cualquiera que sea el miedo, la respuesta es el amor.

El amor siempre es la respuesta porque el amor es todo lo que existe.

Madre Teresa de Calcuta


Sigo leyendo el libro Ven, sé mi luz, resulta asombroso saber que en este escrito se resume su vida. Una vida donde el único objetivo es dar amor. Escribir amor, transmitir amor, ser amor. Llevar a todos los rincones del mundo el amor de Cristo como única misión. ¡Que hermosura!


jueves, 2 de junio de 2011

Verbo simplificar

Literatura. ¡Oh palabra sublime donde las haya!, resumen de horas y horas de charla elevada alrededor de todos los alrededores imaginados e inimaginados aún. ¿Cuantas cosas se habrán dicho sobre ella, y cuantas más se han soñado?

Pues bien, al fin y al cabo era todo mucho más simple. No voy a negar que esto ya lo habíamos intuido alguna vez, pero él ha tenido el valor de decirlo. Y se lo agradezco, porque la simplicidad de todo razonamiento me puede.


miércoles, 1 de junio de 2011

¿Qué es el amor?

Esta es una pregunta que todos nos hicimos alguna vez. Sabemos que es un todo que no se deja amarrar. Y que no siempre funciona. Sobre todo no funciona cuando el uno intenta esconder rasgos de su personalidad al otro por el motivo que sea, falta de confianza, temor a ser "utilizado", a ser vulnerable, ridiculizado, o quién sabe qué tipo de prejuicio que abocará todo al desastre. A veces es posible perder el amor por algo tan simple como no aceptar al otro tal cual es y buscarle las vueltas, criticarle lo más nimio o hacerle sentir de menos todo el tiempo. Hay algo siniestro en ese tipo de relación donde sobra el amor y sin embargo falta todo entendimiento. La libertad de ser, esa es la máxima de todo, y si acaso no se respeta por las razones que sean vete preparando para el adiós. Si se quiere mucho y se quiere mal no hay palo que aguante su vela, se acumulan rencores, se destruyen pasiones, se forma un abismo entre el tú y el yo. De repente un trozo de glaciar se despega del resto y comienza a navegar a la deriva, más lejos cada vez, y cuanto más se intenta recomponerlo más se descompone, cuanto más se intenta reconducirlo más se estrella, cuanto más se intenta retenerlo más se aleja, así hasta que no queda más remedio que dejarlo ir. Es triste perder un amor que fracasa por exceso de amor mal entendido, es triste porque el amor mal entendido se destruye a sí mismo, pero no por ello deja de ser amor. Y como todo amor frustrado deja costurones de cicatrices que cierran y vuelven a sangrar, y en esto pueden pasarse la vida.

Hay muchos tipos de amor, pero me aventuro a decir que sólo hay uno que funciona para toda la vida. Y es este que se describe a continuación. Lo encontré por casualidad, como últimamente me encuentro buenos textos, se asomó para dejarme un comentario y me dio la oportunidad de llegar hasta su blog y leer los suyos; este intercambio es siempre enriquecedor.