viernes, 29 de octubre de 2010

Normas de convivencia

No te estoy gritando
no me grites
No me enfado
no te enfades
No te insulto
no me insultes
No me crispo
no te crispes
No tengo problemas
no me los busques
No te ofendo
no me ofendas.


Vivo en esta casa
como pudiera vivir en cualquier lugar.
Si enteramente pertenezco a alguien
le pertenezco a la vida.
No soy de tu propiedad
Nadie es de mi propiedad
Nadie es propiedad de nadie
Y si no lo tienes claro
no hay nada más que hablar.



Así resumiría lo que se me ocurre tras la noticia que más me ha impactado en estos días, la de una mujer que mató a su marido en plena discusión. El testimonio de sus cinco hijos durante el juicio fue estremecedor, y también el suyo, en completo silencio, mientras escuchaba el resumen de esos 39 años de matrimonio.

Veredicto final: inocente, no quiso matarlo, solo empuñó el cuchillo para defenderse. A la salida del juicio todo son palabras de agradecimiento por lo bien que la han tratado TODOS desde el mismo instante de su detención. Es curioso: todo el mundo que pasa por la cárcel sale quejándose de ella; pero alguien que ya estaba dentro, cuando entra solo encuentra libertad y un trato amable. Aún parece extasiada de haberla encontrado en un lugar que imaginó inhóspito como la propia muerte.

...A veces nada tan inhóspito como un hogar, ni peor trato que aquel que se disfraza tras el amor.

jueves, 28 de octubre de 2010

Cuando las palabras gritan

De un tiempo a esta parte me cuestiono algo en lo que llevo creyendo muchos años: que la palabra escrita sirva para algo. Antes tenía una fe ciega en que las palabras cambiarían el mundo. Ahora dudo y la duda me detiene. Ya no sé que pensar. Supongo que mi llegada a la red con tantos textos llenos de vida me paralizó en cierta medida. Ser testigo de tanto movimiento en una única dirección que no siempre es la dirección hacia donde apuntan quienes nos gobiernan me tiene en un ay. No se en qué punto dejé de creer en mis propios escritos, pero en cierta medida dejé de creer en su validez para cambiar algo y ya no los puedo retomar, me aburren, les encuentro algo en falta que no sé lo que es, tal vez fe. La fe ciega que antes tenía en que los escritos podían cambiar el mundo, hacerlo avanzar del modo en que yo quiero. Sólo quiero el camino de la paz, la armonía y los estómagos satisfechos para todos los seres del planeta, y la tierra es rica en recursos, sé que no es tanto pedir.

A veces me siento nadando a contracorriente, fuera de lugar, como si perteneciese a otra especie venida de algún lugar que no puedo concretar. No podía. Ahora sé que es en esos espacios donde se mueve un escritor. El lugar donde las palabras se convierten en una plegaria. A veces lanzar plegarias es todo cuanto puede hacer un escritor.


Las palabras sensatas deberían cambiar el mundo. Ojalá pudieran.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Los nuevos proyectos

Nos emocionan a todos, son un principio en el cual todo pudiera ser, nos llenan de energía, de entusiasmo, de ideas, de vitalidad incontenible. Cualquier nuevo proyecto es una oportunidad de ser más y mejores. Un nuevo proyecto es una flecha lanzada al infinito en espera de al fin sea esta vez.

Nada me gusta más que un nuevo proyecto, sobre todo si resulta interesante. Si resulta interesante entonces sucede que lo quiero compartir. Esta entrevista es algo que todo aspirante a escritor debe leer, la dejo aquí:

martes, 26 de octubre de 2010

Frase

Hay momentos en que todas las palabras sobran, porque faltan las de un niño.

Palma

Esta hermosa frase la he sacado de un comentario que se encuentra aquí. Decir que me uno a ese dolor.

Reuniones para celebrar la edad

El centro social, que es también centro de día está situado en un lugar privilegiado de la pequeña villa marinera. Es un edificio blanco edificado sobre las rocas de la cordillera, alto, muy alto y lleno de alegres ventanales que de un lado miran a tierra y del otro al mar. Por un lado ves a la gente que sube por el paseo junto a la torre del reloj y por el otro el mar en toda su intensidad, y las barcas que se mecen al compás marcado por el ritmo de las olas que llegan a puerto.

Es el lugar donde siempre digo que quiero pasarme la vejez, allí jugando a las cartas con mis amigas, o al parchís, al bingo o al dominó, entre estanterías de libros infinitas y plantas verdísimas, entre la quietud de las tardes aburridas en las que no se tiene a quien esperar. No quiero esperar por nadie cuando llegue a la vejez, no quiero condicionar a nadie a llegar a mi casa para divertirme en las tardes de un día cualquiera, quiero tener la agenda bien ocupada y que acuerden conmigo cuando van a llegar, para no sentirme limitada ni que ellos se sientan obligados. Me gustaría ser una anciana sin vejez, sin amargura, sin quejas, sin reproches, una anciana de tantas que llegan a ese hogar del pensionista, que es a su vez centro de día.

Da gloria verlas llegar, con sus chaquetones largos, sus medias de seda, sus zapatos de tacón cuadrado, sus blusas blancas, sus faldas negras, su pelo blanco bien peinado, sus perfumes suaves, sus pendientes de oro y sus aros de casadas, dobles ya porque son viudas. Llegan en grupos de cuatro, con la actitud de los niños pequeños que van al cole, hablando entre murmullos y riendo en susurros. Al entrar dejan sus chaquetones en el perchero, buscan un sitio y se sientan junto al ventanal que da al mar, las saludan las nubes blancas, el sol diáfano a punto de extinguirse y el cielo rosado si están de suerte. Sino las saluda el temporal que azota fuertemente en los cristales, el viento ensordecedor, o las olas rugientes que baten sobre el roquedal asentado bajo el último piso. En ambos casos la vista es espectacular.

Puede verse la pantalla de algún ordenador portátil conectado a internet, por ahí andaré yo - me digo en silencio mientras camino- leyendo vuestros blogs y sonriendo con vuestras ocurrencias; me gusta pensar en mi vejez así. Una vejez que no cuente hacia atrás, que no se regodee en el pasado, que exprima el ahora y el aquí hasta su última gota. Eso es lo que veo cuando miro hacia el cristal y están allí comiéndose las fichas y contando veinte de casilla en casilla, muertas de la risa porque van a ganar. Es una de esas estampas que te insuflan vida, que te hacen reflexionar y que te gustaría saber plasmar en un escrito para que otros la disfruten y les haga pensar que la vejez depende mucho de quien la ostente. Puedes amargarte o disfrutar, como en todas las etapas de tu vida.

En estos días saltaba una noticia a los telediarios que me hizo pensar en ese grupo de hombres (que también los hay, solo que son más uniformes, es raro que uno destaque más que los demás, la diversidad de una mujer es siempre como la de las flores) y mujeres que juegan a las cartas allí, o al bingo, o al dominó. En sus caras de felicidad radiante, puede leerse que es el momento de reunión que han esperado todo el día, todo ha valido la pena por esperar a las cinco y media y poder estar todos juntos y muy bien avenidos hasta las diez. Sin que digan nada, puede leerse que ese es ya su único lujo, estar juntos y pasar una tarde divertida, charlar y reír hasta desgañitarse, antes de volver a la soledad de un hogar donde las horas se hacen interminables con el lento tic tac del viejo reloj de pared como único fondo. Un tic tac que mientras la casa estuvo llena jamás se oyó y que ahora resuena como un eco trágico que marca el fin de todas las horas que aún esperan a venir, todas esas que en llegando se descuentan.

(Es justo al llegar aquí cuando entiendo que mi hija diga siempre que todo cuanto escribo es de suicidio y que nadie me va a publicar, me ha costado, pero al fin ya lo he entendido. Nadie me publicará jamás, pero es tal que así como escribo váyase a saber porqué, seguramente porque no sé, y sinceramente me da lo mismo)

En los telediarios de los últimos días apareció esta noticia que me dejó un infinito sabor a hiel, y un desánimo sin límite por los absurdos días que vivimos. Yo no supe contarla, por eso no lo hice, pero alguien la contó por mí. Aquí os la dejo.


lunes, 25 de octubre de 2010

Frase

Ningún gran escritor es feliz

Vargas Llosa



Este titular encabeza la entrevista, aunque en el texto se lee con distinto matiz.
www.magazinedigital.com
Me cuenten lo que quieran, pero los escritos en papel son otra cosa. Traerte el periódico a casa y leerlo con absoluta tranquilidad, y pasar las hojas llenas de colorido del magazine y dejarlo bien a la vista en el revistero...

Correo no deseado

¿A quien no le llegó alguna vez el correo no deseado a la entrada de correos deseados o viceversa?, pues bien, eso me sucedió hace unos días. En el correo no deseado me entró un aviso de cambios con respecto al blog, unos cambios para pasarlo a wordpress si quiero que siga vivo a partir de Enero. Intenté leerlo pero la cosa era bastante complicada para el tiempo disponible que es como viene siendo, ando a todo a la vez, de modo que después de leerlo por alto lo pasé a borradores. La idea era no perderlo para dedicarle tiempo y hacer los cambios oportunos por no quedarme sin blog, porque este espacio me ilusiona lo ni cabe imaginar. Y a veces también me hace preguntarme qué cosa de mundo es este mundo virtual, es como volar sin alas y sin moverse del sitio pero llegar tan lejos como jamás llegarás, me apasiona, eso lo reconozco.

Y sucedió que al intentar pasarlo a borradores se esfumó sin dejar ni rastro, después recordé que debía haberlo marcado como correo deseado, algo que no hice. Y ahora no tengo ni idea de qué cosa era la que había que hacer, ni donde tengo que pedir que me lo expliquen porfa que es que ni me enteré. Hace tiempo que tengo claro que en este mundo virtual uno reproduce exactamente los mismos errores que suelen caracterizarle en el mundo real, vamos que al final se sigue siendo el mismo rollo de persona que se es por mucho que se evite. Ajo y agua, ahora a esperar a ver si vuelve esa información a mi correo de entrada o a investigar.

sábado, 23 de octubre de 2010

¿Cómo nace el amor?

Últimamente estoy asumiendo un riesgo enorme, que es intentar acercar a mis lectores ( parece increíble que los haya, pero los hay) a textos que considero buenos de verdad, para dar voz a quienes son capaces de crearlos, que es mi forma de agradecer que los hayan compartido conmigo dejándome ese sabor que solo deja la verdad unida a la belleza, o al arte. Es un riesgo, porque Días de lluvia puede ser el lugar al que no quieran regresar, algo que asumo porque este es un lugar de paso, nunca sé cuanto tiempo voy a permanecer aquí, permanezco porque lo necesito de un modo interior, el cuerpo me lo pide, pero si un día me pide no regresar, no regresaré, es mi forma de ser y a mi edad ya no se cambia. En todo caso jamás dejaré de escribir, es un ejercicio que me llena de vida, motivo más que suficiente para saberlo.

Pues bien, en el recorrido sorprendente que me lleva hasta un blog, que a su vez me lleva a otro, voy encontrando la única colección de joyas que quiero coleccionar: buenos escritos. Y no puedo evitar maravillarme de la casualidad de casualidades que me lleva a descubrir un nuevo lugar en el que me quiero quedar para leer, tanto lo editado como cuanto se actualice. Tengo infinidad de preguntas cuya respuesta busco desde tiempo inmemorial, y una de todas ellas era precisamente la que formulo en el título: ¿Cómo nace el amor?

Si ya era difícil explicarlo una sola vez con tal veracidad, conseguir explicarlo de tantos modos diferentes deja claro que la casualidad no existe, existe el arte. Si el arte se une a una poderosa razón nace la musicalidad de las palabras, y tal parece que estuviesen hablando por primera vez:




viernes, 22 de octubre de 2010

¿Cómo se escribe?

Se escribe asumiendo un riesgo, tomando partido, lanzándose a una aventura que nunca sabes en que terminará, estrujándote el cuerpo, sudando tinta, poniendo en ello lo mejor de ti. Se escribe despierto y soñando a un tiempo, reinventando la realidad, zambulléndose de lleno en un nuevo mundo que apenas puedes vislumbrar.

Se escribe por un oleaje interno, por una intuición, por un temporal que llega y te arrasa, te esparce y te atrapa, te eleva y te choca, para finalmente construirte de nuevo en un nuevo yo. Se escribe por muchos motivos, normalmente se escribe porque no se puede evitar, en mi caso escribo sobre todo por eso, porque aunque quisiera evitarlo no podría, es un modo de respirar...y de ahogarse a veces.

jueves, 21 de octubre de 2010

Sobre televisión

Éramos pocos y parió la abuela, eso diría alguna mujer de las de antes al ver los nuevos canales del tdt casi sin excepción, pero mientras escribo pienso en uno muy concreto que fascina a una personita de quien me siento responsable, es un programa de la MTV, que en mi humilde y desenfocada opinión - quizá- es el supercanaldelabarbysuperestar. Todo marketing para alimento del ego adolescente, el colmo del novamás, la estridencia y la opulencia del oropel.

No se como se titula el programa, lo buscaré un segundo para ser rigurosa seguro que google que se lo sabe todo me lo apunta... Cribs, muy adecuado, seguramente hacen cribas de gente para mostrar los más destacados en algo, que quizá sospechosamente no sea lo más ejemplar.
Delirante. Nos invita a enfocar el lado más facilón, porque si nuestra retina observa las imágenes de las personas que se están muriendo de puritita hambruna la visión sería muy difícil sin duda. Si nos detuviésemos a mirar la de personas que podrían alimentarse con vender a precio de ganga todo lo que nos muestran en ese programa el resultado sería bien diferente al placer que los adolescentes experimentan al ser partícipes de lo que les muestran a través del televisor.

Ya advertí que mi visión está muy desenfocada desde hace tiempo y es por ello que ni tan siquiera me sirve de momento como documentación para algo que quiera escribir. No me interesan los libros que hablan de ricos que solo piensan, actúan, y hablan como ricos. Me parecen una especie sobreactuada de por sí. Uno de esos chicos decía el otro día que estaba encantado de que fuesen a grabar a su casa porque quería demostrarles a sus amigos ricos que él lo era mucho más - era algo así lo que decía, no pude escuchar más, le dí al botón y opté por un silencio cargado de reproches adolescentes, pero silencio al fin-. Soy una carca y amargada me imagino, me da igual, éramos pocos y parió la abuela, eso es lo que digo.

Nadie se piense que me muero de envidia por no vivir así, me asfixiaría, habría llevado al límite todas mis pesadillas, me habría convertido en el ombligo del mundo sin ojos más que para mirar mi gran ego, que aunque pueda parecer imposible sería de un tamaño de un ciento de veces mi supermansión. Es normal que siendo adolescente uno le de mucha importancia a ese tipo de lujos, pero el lujo verdadero no está ahí, está en quitarte un capricho innecesario para poder ofrecerle a alguien algo que necesita de veras. Creo que el lujo verdadero es ese y ninguno más. Un lujo porque se suda sangre para llegar a hacerlo. Justo por eso, porque nos despierta y nos hace actuar, nos hace tomar partido y dejar de mirar justo ahí donde quieren que miremos para no pensar.

Vivimos en el mundo de no mires la realidad, mira para otro lado, deja que tus ojos ojos vagueen por lo que te muestro, deséalo, babea, intenta ser como yo. No pienses en quienes no tienen, en quienes sienten hambre, penuria o calamidad.

Bonitos mensajes para nuestros hijos. Hermosos ejemplos. Sigamos así. Como ovejas sumisas que dispuestas en manadas esperan la puntilla, que así nos irá.

Puestos en la balanza


Mi cordura y mi locura
pesan lo mismo
Mi sueño y mi vigilia
pesan lo mismo
Mi ánimo y mi desánimo
pesan lo mismo
Mi amor y mi odio
pesan lo mismo
Mi potencia y mi impotencia
pesan lo mismo
Mis palabras y mi silencio
pesan lo mismo
Mi fe y mi escepticismo
pesan lo mismo
Mi esperanza y desesperanza
pesan lo mismo
Mi movimiento y quietud
pesan lo mismo
Mi optimismo y pesimismo
pesan lo mismo
Mientras alimento los primeros
tan solo escribo.




miércoles, 20 de octubre de 2010

Cita

Realiza el bueno acciones generosas, lo mismo que un rosal produce rosas.
Ramón de Campoamor


Los años más felices

Ella recuerda los años más felices pasados junto a su padre. Él estaba jubilado y aprendía un nuevo oficio de la mano de su hijo, al que había buscado un trabajo con futuro cuando era apenas un adolescente lleno de espinillas empeñado en no estudiar. A base de buscar un trabajo rentable para su hijo, Ramón hizo caso a uno de sus mejores amigos, que tenía un pequeño taller de soldadura, y que propuso para el chico la cerrajería metálica, el oficio con más futuro en su concejo porque solo estaba él y la gente le venía pidiendo cosas que jamás aprendió a hacer porque no tuvo necesidad, pese a no dominar su oficio en todos los campos estaba a tope de trabajo, esto se lo dijo a modo de confesión. Le aconsejó que el chico, dado que era muy joven aún aprendiese a hacer portillas y portones, pasamanos, verjas, y todo tipo de estructuras de hierro;cuanto más aprendiera acerca del oficio mejor.

El chico, que siempre había sido un gran deportista aceptó el reto con deportividad y se dispuso a saber de ese oficio todo cuanto pudiese. Con el tiempo llegó a hacer verdaderas maravillas en forja y fue cierto, lo que fue trabajo jamás le faltó.

Antes de lo esperado a Ramón le llegó el tiempo de jubilación y no tuvo que pensar ni un segundo a qué dedicaría su tiempo, admiraba a su hijo por las cosas que era capaz de hacer con la forja, y tenía unas cuantas mejoras en mente para su propia casa, de modo que decidió tomarlo como profesor.

Durante ese aprendizaje Ella viajó mucho de su casa a casa de sus padres para ser testigo directo de las clases que su hermano le daba a su padre, daba gloria verlos, vestidos con sus monos azules y sus gorros y gafas como de aviador, mano a mano cortando y soldando. Cuando su hermano se marchaba, su padre le explicaba a Ella lo que era aquel esqueleto de hierros, una portilla nueva para la entrada con mando y todo, pero no una portilla cualquiera, por arriba sería redonda. Ella le observaba montar piezas y soldarlas con la misma ilusión con que un niño monta su castillo medieval recién sacado de la caja en su día de cumple. Asistía incrédula a sus quejas por lo mal que había soldado y admiraba la paciencia con que desoldaba y soldaba de nuevo. Era un perfeccionista nato y parecía capaz de intuir un trabajo bien hecho. Era incansable, tan incansable como un niño que comienza a caminar y quiere recorrerse el mundo de orilla a orilla.

Que era un artista Ella ya lo sabía, pero hasta ese instante no tuvo el material adecuado para rubricarlo. Creó sus propios diseños y con ellos adornó la casa, la entrada y el jardín. Hace seis años que Ramón falleció de pronto, sobre su mesa de trabajo estaban dos hórreos de hierro que le estaba haciendo a Ella para la entrada de su casa. Son dos hórreos casi terminados que Ella nunca tuvo valor para ir a recoger, solo de pensar en ellos se llena de lágrimas porque sabe que el tiempo se detuvo en el momento en que volvió a mirarlos sabiendo que el cuerpo de su padre ya estaba sin vida. Nada desde entonces volvió a ser igual. La vida era un puzzle completo al que de nuevo le falta una pieza. Ella se desespera en cuanto pisa la entrada de la casa de sus padres y ve a su madre tan sola, tan silenciosa, tan menguada desde entonces, tan insegura, con los ojos tan cansados de noches silenciosas. Pero tan a resguardo de la vida entre la forja diseñada por su padre que aparece por doquier. Sabe pocas cosas porque Ella nunca fue una persona de luces, pero sabe que los años más felices de su padre quedaron impresos allí, en el tiempo de jubilación que le llegó para aprender el oficio verdadero de su vida: soldador.

martes, 19 de octubre de 2010

El mundo al revés

No me gusta quejarme, vaya por delante, prefiero actuar, pero no siempre nos dejan decidir nuestros caminos, a veces nos vienen impuestos desde afuera. Pero no soporto dos cosas: que se bajen las pensiones (o los sueldos menos favorecidos, me da lo mismo) y que se hable de jubilación a los 67. Me parece incoherente, injusto y terriblemente deprimente si me da por pensar, porque mi imaginación de tan espoleada se ha quedado sin límites.

Mientras parte de la juventud que no sirve para estudiar o no se molesta en ello lo termina dejando en cuanto puede y se dedica a hacer cursos especializados, normalmente aconsejados por un profesor que le asegura el trabajo seguro en cuanto lo termine. Algo que no siempre sucede tal como lo cuentan, y los aboca de nuevo a comenzar más cursillos que les puedan lanzar. Hacen cursos de calderería, fontanería, electricidad, mecánica, electrónica, informática y un largo etc. hasta encontrar un trabajo de lo que sea, les da lo mismo, ellos lo que quieren es trabajar. Y comienzan trabajando gratis para las empresas y sirviendo de blanco a todos los marrones, algo que les termina de desmoralizar. Entre lo uno y lo otro llegan a los veintitantos y no tienen ningún tipo de experiencia laboral. Los años que han ido pasando han sido perdidos, si les preguntas a ellos, eso te dirán.

Antiguamente no había tantos requisitos, terminabas los estudios y en cualquier taller de cualquier cosa se podía trabajar, lo mismo de carpintero, que de mecánico, de electricista, de soldador… se estipulaba un sueldo y en el momento en que se llegaba a un acuerdo ya había trabajo. Lo mismo podías hacerte modista, que peluquera, que dependienta, que ayudante de cocina. Y sin mayores esfuerzos si la cosa no convencía, ibas cambiando de profesión. La no limitación, y supongo que la mucha oferta de entonces mantenía el ánimo siempre ocupado y daba una especie de ánimo deportivo que lo que es ahora cuesta mucho encontrar. Y si resulta que apenas hay trabajo yo no lo entiendo, ¿qué necesidad existe de seguir trabajando a los sesenta y siete años cuando la juventud no es capaz de encontrar un empleo que dure más tiempo que una vendimia?

No me gusta quejarme, pero cada vez que escucho lo de jubilación a los 67 me viene a la mente la imagen del padre que madruga para partirse las costillas, y la de su hijo de veinte que duerme plácidamente su sueño trasnochado hasta bien cansarse. La del padre que llega rendido de su trabajo justo cuando su hijo – a veces para no escucharle- sale de marcha porque como no madruga… esta imagen unida a la del padre que sale para el tajo antes que su hijo se haya dignado a llegar… y la del hijo que llega hecho una pena y duerme hasta la tarde para en todo caso tumbarse en el sofá con el mando de la tele…

Así un día tras otro, mientras quienes merecen descanso después de toda una vida laboral no lo tienen, y quienes deberían labrarse un oficio con que mantenerse y crear una familia haraganean y gorronean, y asientan sus bases de vida sobre estos cimientos prestos a caer.

lunes, 18 de octubre de 2010

Nada tan humano como desear

En su libro El alma está en el cerebro, Eduard Punset afirma:

El deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo. El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad.

Unos planifican su vida, mientras que otros la viven al ritmo que les marca el deseo. El deseo de vivir y de hacerlo a su manera. Por eso sus autobiografías son más descriptivas que explicativas, pues sus vidas no tanto se deben a los resultados u objetivos cumplidos, sino al sentido inherente al mismo proceso de vivir. Y este proceso, de uno u otro modo, lo establece siempre el deseo.

Si bien el deseo rebosa incertidumbre acerca del itinerario, a muchas personas les garantiza la seguridad en cuanto a los pasos dados. Bien entendido el deseo no es una voz oscura, confusa y estúpida, sino que - en una persona madura - es luminosa, clara e inteligente. Las emociones están en la base de los deseos y de la inteligencia se dice que es emocional. Visto de este modo, el deseo se convierte en el portavoz de uno mismo.

Nota: lo he copiado y pegado tal y como lo he encontrado en la red. Me gusta improvisar.

domingo, 17 de octubre de 2010

Intuición maternal

Cuando a un hijo le dices no siempre tienes tus razones, la mía suele ser: "No es el momento, más adelante quizá, porque si algo te sobra es mucha vida por delante para lograr todo aquello que te propongas de verdad". Soy convincente porque creo en lo que digo cien por cien. Si algo le sobra a una persona muy joven es tiempo donde ver desde todos los ángulos los pros y los contras. Donde poder decidir qué le conviene teniendo todas las cartas sobre la mesa.

El resto del tiempo transcurre tal y como ella lo cuenta. Ella que no tiene hijos pero que sabe mimarlos como si los tuviera. Es sorprendente, pero es real, y sobradamente hermoso. Lo dejo aquí a modo de pequeño homenaje a quien ha sabido traducir tanta belleza. Espero que no le importe.

sábado, 16 de octubre de 2010

Morir para nacer

Hay relatos que independientemente de quien los escriba te calan por dentro, tocan fibras de aquellas creencias que tú también tienes, o llevan adheridas reminiscencias de momentos que alguna vez has vivido y creíste olvidar. Hay lecturas que salgan de donde salgan llevan impreso un mensaje para ti, que por sencillas que sean están llenas de profundidad y te dejan el sabor de lo bien hecho. Lecturas que te ha gustado leer y te gustaría poder compartir. Querer es poder.

Este relato se titula Morir para nacer y lo dejo al alcance de quien quiera leerlo está editado en el blog Escribir es vivir, de un joven que ha editado los relatos de su blog en un libro.

viernes, 15 de octubre de 2010

Volver a la luz

La historia de los treinta y tres mineros atrapados en una mina de Chile ya desde un principio me resultó angustiosa, por más que algunos psicólogos se apresuraran a explicar que los mineros están hechos de otra materia diferente a la gente normal. Y que en su trabajo diario son muy conscientes de que tal vez un día se queden atrapados en un agujero negro del que no puedan salir. Imagino que esto último es normal, dado que todos los días se adentraban en las tripas de la tierra y les sería imposible no pensarlo aunque fuese en un segundo escapado a su control, de todas formas, no hay duda que fue una sensación angustiosa tanto para ellos como para sus familias acampadas en el exterior, y unidas para darse fuerzas.

Después del rescate que fue un verdadero logro, y que admito que seguí a medias porque apenas enciendo la televisión, queda volver de nuevo a la realidad, e imagino que alguno de ellos tendrá que volver cuando pueda a ejercer su labor. Será entonces cuando espoleados por el mantenimiento económico de sus hogares se enfrentarán a la verdad, uno pese a todas las circunstancias siempre está solo, y en absoluta soledad debe afrontar aquello que la vida le quiera destinar, aunque aparentemente lo elija. Las elecciones al fin y al cabo son pocas.

Imagino que alguno de ellos optará por vivir más modestamente y ganar en tranquilidad -esto solo puedo imaginarlo- reajustando en lo posible salario y seguridad. Otros volverán a confiar en su suerte y volverán a bajar para seguir llevando a sus casas el sustento - del modo en otras veces pese a los desastres hicieron- y tanto unos como otros estarán solos; repletos de pensamientos y sentimientos surgidos en la boca de lobo que tal vez ni lleguen a confesar, pero que seguirán girando en el círculo interminable de los días modificando viejas creencias que partir de esa grieta en el tiempo ya nunca será igual. En toda situación límite hay un antes y un después donde todo evoluciona y crece en alguna forma.

Creo que a partir de ahora lo que verán muy distinto será cuanto tienen alrededor, y que será precisamente lo que les ayudará a quitarse del cuerpo todas las espinas. Creo que mirarán con distintos ojos las margaritas surgidas en primavera, los peces que vadean el río, los pájaros que surcan el cielo de extremo a extremo, la naturaleza en su conjunto, las personas que tienen alrededor y que surgirá un sentimiento de unidad irrompible con todo cuanto late. Justamente lo que en el fondo les podrá curar.


jueves, 14 de octubre de 2010

Haberlos hailos

Ayer se daba la noticia: un maltratador se ha muerto a costa de maltratarse a sí mismo con las drogas. No es necesario nombrar a nadie, es uno de tantos casos en que un adicto a sustancias se muere. Pero me surge la pregunta de qué existió primero, esto es si el maltratador ya lo era, o las sustancias que ingería fueron minando su cerebro hasta el punto de volverle otra cosa que no hubiera sido sin la ayuda de ese abuso. Supongo que en esto incluso los profesionales de psicología tendrían diferentes opiniones, no lo sé, en todo caso está claro que hay una decrepitud que se va agravando a medida que se incrementan los consumos de alcohol o de drogas, y que llevados al límite termina cuando menos con la propia muerte. En casos peores con la muerte de otros y el suicidio final en una algarabía de locura sinsentido.

Cada uno tiene sus propias conclusiones al respecto y la mía es que no hay peor bajeza que ser lo que una sustancia - cualquiera que sea- quiera que seamos. He visto casos lamentables de padres que han tenido la mala suerte de tener tres hijos y los tres drogadictos, y verlos morir uno a uno de diferentes maneras, después de robarles todo cuanto poseían a cambio de una dosis y enterrarles en vida sumergidos en miles de problemas de los que no veían el modo de salir. En todos los juzgados les conocían y les reclamaban por todas las fechorías que sus hijos hacían.

Conocí también a un hombre alcoholizado hasta la médula que formaba jaleos imposibles en su casa, era el hombre más absurdo del planeta, y se terminó quedando solo cuando sus hijos crecieron. Tuvo la "suerte" de heredar la casa de sus padres, lo que a su mujer le dio el valor de separarse finalmente porque consideraba que al menos tendría un techo sobre su cabeza. Su declive fue brutal, hasta que una noche terminó quemado en su cama, quemando a su vez la casa. Usaba velas porque le habían cortado la luz ya hacía tiempo.

En cualquier caso tengo claro que en la violencia machista intervienen dos factores, alguien que machaca y alguien que "se deja" machacar. Y que para que deje de existir uno de ambos tiene que poner fin a lo suyo. Cuanto antes mejor.




miércoles, 13 de octubre de 2010

Un niño que llega al mundo necesita

Llueve a mares, pese a ello recorres quince kilómetros en coche con tu música preferida llenando el aire, vas a comprar un regalo para alguien a quien quieres por su cumple, el folleto del hipermercado te dejó a un precio de ganga lo que te pidió y no te lo pensaste dos veces, vas a recogerlo con la misma satisfacción que embarga a un rey mago en la noche de reyes.

Sigue lloviendo a un ritmo imparable, los limpiaparabrisas se vuelven locos y no son capaces de quitar de tu vista un velo de agua, disminuyes la velocidad, la carretera está en muy buenas condiciones y haciendo acopio de los cinco sentidos incluso puedes disfrutar de estar a salvo del aguacero que te echan a calderos sobre el parabrisas desde un cielo grisáceo.

Te detienes en el último semáforo que hay a la ida, y te encuentras con una escena a cámara descubierta desprovista de todo el glamour holibudiense. Donde uno de esos personajes que te crujen por dentro se desenvuelven tal como pueden, y te crujen por dentro porque son tan reales como tu propia piel. Tú misma hubieras podido estar en su piel en ese ahora que sucede ante tus ojos, y solo en ello puedes pensar, en ello y mil cosas más que ya abordan tal y como pueden algunos relatos que dormitan su sueño empapelado al fondo de un cajón.

En la escena que nadie quisiera interpretar hay una joven castaña de unos veintitantos, destacan sobre el conjunto unos ojos claros que a buen seguro se abrieron a la luz en un país Báltico. Se la ve del talante mohíno que imprime el día y embarazadísima, se la intuye ignorada hasta no poder más, bueno, esto se ve en la actitud de todos los conductores que interponen barreras de invisibles alambradas entre sus circunstancias y las de ella, que muestra sus clínex sin esperanzas de llegar a intercambiarlos por una moneda.

Avanza lentamente con su falda de vuelo por debajo de la rodilla, lleva una una chaqueta de chándal que atrapa en su tejido el chorrear de su pelo, consecuencia de todos los vientos que azotaron su paraguas en el devenir de los días. Sus pies visten chanclas con calcetines asemejando navíos oxidados en busca de mar.

Después de tantas negativas como has visto con tus ojos bajas la ventanilla, rebuscas en el bolso, quitas volumen a la música, das los buenos días de un modo que parezca humano y sin lamentación y ofreces los euros que previamente has calibrado, sumando a ese regalo de cumpleaños otro que darás para ese otro cumpleaños del que desconoces la fecha. Te ofrece los clínex que considera vale tu aportación y niegas con la cabeza diciéndole que es un regalo para ese niño que asoma en su vientre. Te da las gracias en un idioma que suena gracioso y amable, a música celestial.

Sabes que un niño que llega al mundo necesita una madre abnegada, sufrida y valerosa, porque de esa materia se compone una madre. Si quieres algo positivo a lo que acogerte aférrate a eso, ese niño la tiene, otros que viven en palacios de cristal ya quisieran a una madre así, una madre capaz de enfrentarse al mundo con tan pocas armas y lucir de esa forma.

lunes, 11 de octubre de 2010

Allí donde habla la niñez

Es de noche, el mar bate con fuerza lamiendo las orillas del alto muro que bordea la iglesia, los barcos han alcanzado el asfalto en espera del tan temido temporal que no se presentó. Son las ocho de la tarde y apenas hay estrellas pero la luz de las farolas otorgan esa claridad diurna que ya no hay, una luna tímida asoma de cuando en cuando por entre las nubes, perfilando con su aura la iglesia antiquísima de noble estampa que vigila a los barcos en alta mar. Dentro de la iglesia hay un cristo crucificado al que de cuando en cuando acudo a rezar, a sabiendas de que mi fe se debate en mil olas de espuma, que viene y que va, de ahí que suela rezarle sin esperar demasiado, nunca sé lo que debo esperar a cambio de aquello que ofrezco, pero santiguarme con el agua bendita antes de irme me abriga el corazón. Esa es toda la fe que puedo destilar, y toda cuanta tengo le ofrezco, a él que me mira como si me estuviese viendo, crucificado en el centro del altar.

La iglesia está alzada en un lugar de ensueño, tiene jardines hermosos alrededor, y un banco de piedra a lo largo del muro para sentarse, y cabildos por sus cuatro costados donde los jóvenes se reúnen para refugiarse de la lluvia en grupos pequeños; algunas parejas aisladas se confiesan su amor mientras las olas baten al mismo ritmo agitado de su oleaje interno.

Estos alrededores me hablan pausadamente de mi propia fe, siempre divida entre el quiero y no puedo, pero rendida en admiración por toda la magia que se desprende de este lugar. A solo un vistazo el mar infinito, el cielo insondable, y el horizonte donde la luna se refleja en otra mitad. Paseando en sus alrededores no tengo aspiraciones, y todos mis pensamientos se encuentran en paz. Nada cambiaría por el placer saludable de recorrer la distancia de mi casa hasta aquí las veces que quiera, y bajo el haz de sombra de esta imponente iglesia ponerme a pensar, o entrar en su interior de altísimos techos; inabarcable casi a la mirada, silenciosa, impresionante en antiquísima belleza, abrigadora del alma, y quedarme callada todo el tiempo que quiera sin que nadie me venga a perturbar. Me gusta este lugar justamente por eso, y el párroco parece intuirlo, me mira un segundo mientras arregla el altar, le gusta que la gente acuda para sentarse un rato, por eso mantiene abiertas al mundo las puertas de Dios en un tiempo en que todas las iglesias se cierran a cal y canto.

Me gusta este lugar y a pesar de llevarlo viendo toda una vida, cada vez soy más consciente de todo su embrujo. Nada cambiaría por poder disfrutar de estos pequeños lujos que me brinda la vida, y tan solo esto sé. Sé que no existen lugares que puedan hablarme como estos lo hacen, porque en estos lugares se encuentra mi niñez, dicta mientras camino.

domingo, 10 de octubre de 2010

Un libro al fin

Es extraño pero después de mucho tiempo sin conseguir leer apenas, y no porque no me haya encontrado libros interesantes, si no porque no consigo meterme en la historia de lleno, como si la estuviese viviendo directamente, que es justo lo que necesito para poder disfrutar del inmenso placer de la lectura, me encuentro con que los únicos libros que me atrapan están escritos por personas que tienen mucho que ver con el mundo de la filosofía. O que de alguna manera la transmiten en sus libros.

En estos días estoy leyendo un libro que me traje a casa desde la biblioteca: Rapsodia Gourmet, de Muriel Barbery, profesora de filosofía, una voz fresca, que no está exenta de exquisitez, que además resulta amena y francamente divertida. Es una lectura que aún estando en las primeras páginas sé que no abandonaré, hasta concluir las 182 que componen este relato en que cada página es una aventura jamás leída.

No soy crítica literaria, de modo que todo esto que cuento no tiene mayor valor que la opinión de alguien que se ha encontrado un estilo dinámico y elaborado que suena a nuevo, rayando en la exquisitez y sin dejar de lado el mayor ingenio. Esta novela ha sido galardonada con el premio de Los libreros franceses y ha sido publicada en más de treinta países, esto no lo digo yo, lo dice en la contraportada y seguro que no es por casualidad.Concluyo con una reseña que hace Le monde:

“Muriel Barbery trata de encontrar nuevas formas para expresar las sutilezas de lo inefable. Y lo consigue”.

He aquí otro libro que quiero comprar. No se cuando ni cómo, pero un día habitará en mi biblioteca, esas cosas se saben.

Os dejo la pista de un blog que recién descubrí y que también leo:

http://ardilla-roja.blogspot.com/2010/09/este-jueves-un-relato-en-que-trabajas-o.html

Y curiosamente este blog me llevó a este otro:

http://mipequenioespacio.blogspot.com/2010/06/donde-cada-noche.html


sábado, 9 de octubre de 2010

Cita

El que tiene siempre ante sus ojos un fin hace que todas las cosas le ayuden a conseguirlo.

Robert Browning

viernes, 8 de octubre de 2010

Un sembrado de gaviotas

Que anuncian que la mar no está de broma se pasean a escasos metros de mi ventana, caminando mientras picotean la hierba y ensayan vuelos a ras de suelo, yendo y viniendo de forma intermitente. No es habitual verlas por aquí, y hoy las hay a centenares. Es inevitable quedarse a observarlas, posponiendo la rutina que no tiene antes ni después, el verdadero lujo de quienes viven sin lujos, aferrados a la inagotable paz de las pequeñas cosas.

El campo se tiñe de blanco que viene y va, que sube y planea a diestro y siniestro, que aterriza intrépidamente de un modo elegante. Transformando esta mañana en una tan diferente a las demás, en que los prados vecinos despiertan lampiños.

Conozco a un chico a quien le horrorizan los pájaros, es un joven tranquilo que de buenas a primeras le tiró una piedra a una gaviota desde el rompeolas. No llegó a darle pese a que estaba muy cerca, y tuve que mostrarle mi estupor ante lo que consideré un abuso. Me miró azorado y confesó que no le pensaba dar, que solo quería alejarla porque no soporta ningún pájaro cerca. En más de una ocasión me ha ganado su franqueza, la de quien no tiene nada que esconder, y que se expone como blanco certero a cualquier francotirador del calibre que sea.

Me dijo que no sabe la razón, pero cualquier clase de pájaro le causa una sensación insoportable. Verles alzar el vuelo sobre su cabeza, andar a pasitos lentos alrededor, o tenerlos cerca le causan una sensación tan extraña que ni la puede describir. Indagando en internet descubrí que a eso que no sabe calificar le llaman Ornitofobia. Fobia a los pájaros seguramente por algún picotazo inesperado en la niñez.

No se lo que alguien con su problema vería esta mañana desde aquí, yo veo una infinita paz que se anuncia trastabillante de blanco y gris, mucha vida que late y aletea, aterriza y revolotea, que viene y va. Un recordatorio de que la vida son cuatro días, y en los detalles pequeños que podrían pasarnos desapercibidos en nuestro trajín diario está lo mejor.



jueves, 7 de octubre de 2010

Bernabé Tierno

Aprendiz de sabio es desde ahora el único libro que no quiero perder de vista. El que necesito al alcance de la mano, para leer y releer, aprender y forjarme nuevos propósitos que acaban siendo el mismo: soportarme a mí misma y a los demás, creo que vivir, definitivamente consiste en eso. Trescientas treinta y dos páginas llenas de buenos consejos que podrían reunirse en una frase muy simple, haz bien y no mires a quien, o en otra frase, quien da recibe multiplicado por cuatro todo lo que da, por lo tanto asegúrate de estar dando algo que jamás te canses de recibir.

Yo diría que es un libro de filosofía de vida, de saber hacer, de optimismo vital, de apartar de uno mismo todo aquello que no sirve, y un detectador de personas que nos amargan la vida y sugerencias de lo que podemos hacer con ellas. Es un libro sabio como su propio título indica y lo encontré en la tienda de viejo donde entro para retar a mi destino; y donde él me espera a su vez para retarme poniendo ante mis ojos todo aquello que necesito para vivir mejor, ya que solo en esto último centro mi vida desde hace meses. Ya no aspiro a escribir las páginas de mi vida, espero a vivirlas, buscarlas, encontrarlas, disfrutarlas, saborearlas y exprimirlas. Así que nadie se piense que abandono los retos, ni que los hago cada vez más inalcanzables, a veces vivir resulta mucho más fácil que escribir...escribir verdaderamente bien quiero decir.

Aprendiz de sabio es un libro que recomiendo vivamente a todo el mundo, y uno de esos que comprarías de diez en diez para regalar a las personas de tu entorno. Aunque hay personas a las que no se lo regalaría porque son perfectas como son, y solamente a ellas quiero en adelante como compañía (:P)

Copio tal cual el apartado del capítulo 44: Meterse a redentor:
No cometas la torpeza de convertirte en redentor de causas perdidas o en pie que soporta todos los pisotones. Si alguien pretende pasarte la patata caliente de sus conflictos y problemas personales, no la cojas. No eres el delantero centro del equipo que ha de sortear obstáculos en la vida de nadie, recoger todos los pases y al final disparar para meter en la portería de su vida el gol del éxito. Nadie puede jugar por otro la pelota de la propia existencia.

Ah, ¡qué difícil se hace a veces entender lo más básico! Tomo nota.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Tener la edad

Para tener el pelo de color nieve
los ojos apagados por los sueños
dejados a un recodo del camino,
y pupilas para mirar sin filtros

para no esperar nada de otros
y esperarlo todo de uno mismo
para mirar al cielo consciente
que algo debe de latir en otro sitio

para pisar con pies marchitos
las huellas de los pasos que no fueron
para esperar el final en la paciencia
calmada e infinita del principio

para poner una mano sobre otra
y arroparlas a la luz de algo no dicho
para esperar un nuevo regreso
cuando ni aún te has ido

para tener la fuerza de callar,
la que tanto me asombra si te miro
y te veo tan gastada por la edad
como orgullosa de ser eso que has sido.

Tener la edad para afrontarlo todo
sin mover ni una pestaña,
impertérrita soportando el vendaval
que tenga a bien asomarse a tu ventana.

martes, 5 de octubre de 2010

Escribir como exorcismo

Quien quiera saber cómo funciona lo tiene aquí. Es una liberación asombrosa, un vuelo del alma, un aterrizaje superior. Un muscular los pies para sostenerse en adelante con todo el peso que tengan a bien ponernos encima. Un ejercicio de saber estar.


...Y este otro tampoco está nada mal. Quizá otro estilo...


Destrastear el desván

A Ella le pueden los caserones grandes, solitarios, quejumbrosos, medio derruidos quizá, porque le recuerdan otras épocas que su abuela le contó una vez, y que leyó en algunos libros, otras formas de vida para las que cree que estaría mejor preparada que estas épocas que le toca vivir, donde a veces no entiende nada. Ella tiene esta percepción que sabe errónea, pero de cuando en cuando la saborea y le gusta ese sabor, un sabor salado, casi marino.
Estaba celebrando con su familia las bodas de plata de su hermana, abstraída en melancólicos sucesos escapados por completo a su control, novedades ante las cuales solo cabe tomar aire y esperar un plazo de años para hacer balance de resultados. Eso y nomás. Ella no puede con la incertidumbre, y estaba en uno de esos momentos en que le gustaría ser bruja y mirar al fondo de su bola de cristal, para saber el futuro ya mismo, ese futuro que mientras pasa no se ve, y cuando se vuelve a mirar ya queda tan lejos. En eso estaba esa tarde plena de sol, a comienzos de verano.
Entonces su madre, desde el otro lado de la mesa le anunció que había destrasteado el desván y habían aparecido algunas cosas suyas, por si se las quería llevar. Ella, alzó las cejas un tanto enjutas y la acompañó a la bodega, miró la caja llena de libros y libretas del colegio y rescató un manual que había comprado en la feria del libro a un precio irrisorio, porque a nadie le suele interesar un libro de horóscopos del año anterior, salvo a Ella, que no se lo pensó y como siempre quiso indagar algo más acerca de sí misma y de su dichoso futuro.
Al recordarlo sonrió y se lo llevó al coche para que no se le olvidara llevarlo a casa, para leerlo con morosidad y contrastar con veintimuchos años de posteridad todo lo que esa previsión para el año xxxx preveía. Recordaba la risa que le daban esos pronósticos trasnochados que traerían un gran amor a su vida. Y muchos cambios. Cambios tan drásticos que después de leídos en los meses siguientes le hicieron enterrar todas esas páginas junto a esos trastos que ya no quería para nada. Y allí permaneció hasta ese momento en que lo retomó para contrastar ese -por entonces- futuro, que hoy a tiempo real ya es pasado.
Y casualidad o no, todo estaba allí, en ese pronóstico que anunciaba el cierre de una vida y el comienzo de otra muy fructífera. Una brecha que marcaba un antes y un después; un por siempre y para siempre lleno de compromiso.
Lo único que desde entonces no ha cambiado es que Ella sigue riendo a más no poder mientras lee ese cúmulo de páginas. Ver el futuro comprimido le sigue haciendo reír. La balanza sigue pesando lo mismo de un lado que del otro, creer y no creer siguen estando al mismo nivel de kilogramo casi para todo. Y es que pase lo que pase, siempre hay algo que no cambia.

lunes, 4 de octubre de 2010

La política actual

Se me antoja a una de esas amas de casa que se gasta el presupuesto que tiene y el que no tiene en aparentar. Lo importante es salir siempre de punta en blanco, bien perfumada, calzada, vestida, conjuntada y maquillada para aparentar que todo marcha sobre ruedas. Escoger para sentarse el amplio ventanal de la cafetería y sonreír y reír mucho, media mañana a ser posible siendo el total centro de atención. Es una escena que me admira y me repele todo al mismo tiempo. El mayor engaño a que uno mismo puede someterse en bien de no se sabe qué, en todo caso algo muy superficial que termina por hundirse al fondo de un pozo de negra amargura. Se puede engañar a todo el mundo, pero ni un segundo uno se puede engañar a sí mismo. Y ya se sabe que aunque la mona se vista de seda, mona se queda... a esto añadiría que la eficacia vive siempre reñida con el ego.

Esa imagen de ama de casa puliéndose el sueldo en bagatelas se antepone cuando desde cualquier telediario el Señor X intenta convencerme de que todo va a mejorar en lo social. Por tanto vamos a ser más mejores y tocar a más, vamos a olvidarnos del paro y la precariedad. De la ineficacia y las malas artes...

Y de nuevo en medio del silencio surge el trozo de estribillo de una canción:
A mí me suena el run run de mi corazón...doble ración de realidad común...

viernes, 1 de octubre de 2010

Yo no se olvidar

Creo que esta es una de las mejores canciones que alguien ha escrito, cantado, creado, interpretado. Yo no se olvidar, Alejandro Fernández. Si alguien no la escuchó jamás, debería hacerlo. Es la segunda que aparece en este vídeo, si bien la primera tampoco está nada pero que nada mal. Se titula Si tu supieras.

Me gustan los directos cuando son buenos, y sin duda este lo es. Pero en el disco ambas suenan mejor, más ricas en matices. Es lo que hay.



Escribir una novela

Sigo recopilando libros acerca del mundo de la escritura en un momento en que decido no escribir. Muy congruente, como todo lo mío, pero es que tal y como apunta el libro El secreto, pide al universo y él te concederá. Todo lo que he recopilado meses atrás llevo años buscándolo, casualidad o no, creo que tengo suficientes libros para apañarme, pero cuanto más leo sobre el tema más me paralizo a sabiendas que necesitaría estar a punto de cumplir los quince para comenzar y tal vez conseguir hilar una buena historia. O una historia suficientemente buena.

Escribir una novela que atrape al lector, es un libro de Silvia Adela Kohan que estuve ojeando estos días, y tiene todas las claves para conseguir escribir una historia. Aunque reconozco que yo lo veía más fácil cuando escribía al tuntún, a mi aire, con total libertad y sin pensar en un lector, un jurado, una estantería de biblioteca, librería...etc. Escribía por el placer de escribir, tal y como escribo en este blog, porque sí, sin objeto alguno, tal vez por eso hace tiempo que solo escribo aquí, con el autismo que caracterizaba antes mi escritura, y con el ánimo también, porque no decirlo de que a alguien le sirva para algo esta exposición de pensamientos hilarantes.

Este libro es una guía completa que abarca todos los vértices de la escritura de una novela. Espero que me sirva para finalizar de una vez por todas mi mejor historia, una que se desinfló por lo de siempre, lo mucho que me cuesta despedir ese espacio intemporal donde las cosas suceden. Justo cuando estoy llegando al final tomo distancia, dejo reposar, dejo que los personajes hablen, y que escojan su final, el final tarda apenas un mes en estar claro, pero no quiero finiquitarlos. Quiero que me sigan hablando, arropando, haciendo compañía...y claro, así no hay modo de acabar. Así que espero que al menos cuatro finales sucedan de una vez en la temporada 2010-2011, serán un total de 120 páginas a lo sumo, y no es tanto. Después reposo de textos y quizá un nuevo principio. Hay otras historias que no reescribiré, que mantendré tal y como están, puesto que en algún manual leí que hay que aceptar que nuestras primeras historias se queden al fondo de un cajón, como parte del aprendizaje. Al intentar retomarlas perdían su ingenuidad, su frescura desbordante, su imperfección de bebés recién nacidos. Y me gustan tal cual están, recuerdo todo lo que ocurría de fondo mientras aporreaba el teclado y sé su porqué, con ello es suficiente.

Finalizo con un párrafo sublime que viene en este libro:
"Yo veo a los personajes y los oigo desde antes de escribirlos; sin embargo, mientas los escribo veo cómo se convierten en seres vivos, con los que soy capaz de dormir y a los que recurro mucho tiempo después cuando necesito consuelo y quiero reírme o me urge alguien con quien echarme a llorar".
Ángeles Mastretta

Suscribo punto por punto este párrafo final. En un momento en que no escribo por decisión propia, mis personajes me siguen acompañando donde quiera que voy. Su fuerza vital se me contagia, y me cuentan sus vidas. Esas que ni sé si quiero contar, pero que son un pilar fundamental de mi vida.